16 diciembre, 2017

Por Nico Brutti//Macri, el resucitador de dinosaurios

Por Nico Brutti. Al presidente las cuentas no le cierran. No puede bajar la inflación ni disciplinar a los maestros. Sus ministros se debaten entre la ineficiencia y los tarifazos. Crece el endeudamiento a pasos agigantados y la conflictividad en las calles es cada vez mayor.

No hay segundo semestre, ni reactivación económica. Los pobres son cada vez más pobres. Los desempleados se cuentan de a cientos de miles y las encuestas de cara a las elecciones cada vez le dan peor.

No se necesita ser un analista de la realidad para afirmar sin temor a equivocarse que el escenario es tétrico.

Sin embargo, Macri sabe, porque él mismo es un producto de esa corriente, que un sector de la población –con sus más y sus menos- no dudará en votarlo si endurece aún más sus posiciones contra las grandes mayorías. No son necesariamente aquellos votantes que le dieron la presidencia en el ballotage de noviembre, deslumbrados por la pobreza cero, la quita del cepo y otras promesas incumplidas, hoy decepcionados y muchos de ellos, desempleados y arrepentidos.

Es un sector que tuvo en el #1A y a quién de un tiempo a este parte el primer mandatario se dirige, representado en esa plaza de mayo colmada de individuos sin otra bandera que el odio y el revanchismo, aglutinados bajo consignas vanas, desechables y con una sed de venganza por tantos años ninguneados al calor de un proyecto inclusivo, popular y nacional, que aún con sus errores, intentó devolver a los postergados y también a una clase media pauperizada desde el fatídico 2001, su dignidad.

Hablamos de un grupo no menor dispuesto a resignar salarios y derechos, que añora, entre otras cosas, la paz de los cementerios, las fuerzas de seguridad reprimiendo en pos de circular con “libertad” por las calles, sin piquetes y repitiendo a quien quiera escucharlos, diatribas y chorradas pensadas, organizadas y propaladas desde un centro de poder al cual creen amigable y sienten como propio.

Si se les pregunta, se declaran “independientes” o arguyen que la política no les da de comer. Pueden ser funcionarios, periodistas, peones de obra, jueces, verduleros, maestros, administrativos, profesionales, vendedores, empresarios o artistas. Atraviesan cualquier clase social y etaria.

Son una porción de la población que tras años de silencio, asoman nuevamente con el recuerdo de los falcon verdes y la mano dura, mascullando odio contra las organizaciones de Derechos Humanos, la visibilización de la lucha de Madres y Abuelas, las políticas de inclusión, la cárcel para los genocidas, el ascenso social de muchos que siempre miraron como a lúmpenes sin remedio, la ampliación de derechos, el empoderamiento mismo de la sociedad, la protesta sin represión, el plan Conectar Igualdad o la apertura de universidades. Todas esa conquistas les parecen oprobiosas, inútiles y un gasto innecesario, según el guión prestablecido, esparcido y asimilado por este sector que sólo ve antagónicos a sus conciudadanos que luchan por sus derechos y no comulgan con esas ideas cercanas a un Estado militarizado y con un enemigo interno al que hay que eliminar para poder vivir con “total normalidad”.

Una porción de la sociedad que intuye que por fin se legitima su ideario de extrema derecha en la figura del presidente, que satisfecho, les retribuye la gracia con palos y gases a un comedor de niños, a un piquete de jubilados o el apaleamiento y la gaseada a los maestros hace diez días por intentar armar una carpa frente al Congreso.

Son personas individualistas, odiadoras de cualquier cosa que huela a organización ya sea gremial o social, sin una mínima formación política, carente de conciencia de clase y orgullosa de su profunda ignorancia.

No debaten, insultan. No ponen en juego argumentos, sino detalles sin importancia. Al igual que al presidente, les falta vocabulario, porque nunca discutieron ideas. Se dicen apolíticos, gritan en lugar de dialogar y sus slogans varían según lo que les indica el monopolio mediático y el call center de Marquitos Peña.

Macri los conoce de sobra. Se pasó casi diez años gobernándolos en la Capital Federal. Pero están repartidos en todo el país. Ejércitos de dinosaurios dispuestos a contradecir la canción de Charly García.

Son la derecha. Ahora tienen partido. Se llama Cambiemos.

Be the first to comment

Leave a Reply

Your email address will not be published.


*