26 mayo, 2017

Sospechan que el nuevo jefe de la Bonaerense podría saber dónde está enterrado Miguel Bru

En 1992, el actual titular de la Policía provincial, Rubén Fabián Perroni, era oficial inspector y fue convocado a colaborar en la comisaría novena de La Plata, para investigar a una banda que asaltaba carnicerías. Allí conoció al padre de Miguel, quien se desempeñaba en la seccional y hasta le prestó una campera para su hijo, quien se aprestaba a viajar a Bariloche. Pero también hizo migas con quien –al año siguiente- sería el verdugo del estudiante de periodismo Miguel Bru, el oficial Walter Rubén Abrigo, en esa misma comisaría.

En ese marco, Rosa Shoenfeld de Bru, señaló que, “puede saber dónde está Miguel”, en referencia al actual jefe de Policía de Vidal.

En una entrevista para Radio La Imposible, la mamá de Miguel se preguntó: “¿Será uno de los tantos que sabe dónde está Miguel y no habla?”.

Rosa Shoenfeld contó además que desde el primer intento de buscar el cuerpo de su hijo, más de veinte años atrás, todos los policías que revistaban en la seccional novena, se excusaron de dar cualquier indicación que acercara a la verdad de donde estaba Miguel, bajo el argumento de “Mire señora, yo tengo familia también”, en una clara respuesta que develaba las consecuencias que podrían tener en caso de dar datos que supusieran una posible delación por parte de los uniformados y compañeros del oficial Abrigo.

Un año antes de la desaparición de Miguel Bru, en 1992, hubo un allanamiento en busca de uno de los sospechosos de integrar una banda que asaltaba carnicerías, pero sólo encontraron a un amigo, a quien de todas formas se llevaron a la seccional novena de La Plata, donde, según la denuncia, lo sometieron a supuestos malos tratos y tormentos físicos para que “cantara y delatara al compañero”.

Por ese caso, cinco años después, cuando prestaba servicios en una sede ministerial, el nuevo jefe Perroni fue detenido por orden del juez Ernesto Domenech, que también dispuso el arresto del oficial Walter Rubén Abrigo, posteriormente involucrado nada menos que en la desaparición y asesinato del estudiante de periodismo Miguel Bru en 1993, por el que fue condenado a prisión perpetua. Abrigo se llevó todos los secretos a la tumba ya que murió en la cárcel.

Respecto de la situación de Perroni, desde el gobierno indicaron que “siempre estuvo a disposición de la Justicia y, cuando se realizaron las ruedas de reconocimiento, no fue identificado”. Y acotaron que “lo sobreseyeron judicialmente y en lo administrativo, si bien pasó dos años en disponibilidad preventiva, quedó exento de sanción disciplinaria y fue reincorporado otra vez a la fuerza”.

Veinticuatro años después de la desaparición forzada del estudiante de periodismo, la incansable Rosa Bru vuelve a incomodar al poder con una pregunta simple pero que contiene una carga inusitada y de la cual hasta la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires podría quedar afectada por un daño colateral: “¿Será Perroni uno de los tantos que sabe dónde está Miguel y no habla?”. Tal vez el flamante titular de las fuerzas de Seguridad tenga la respuesta.

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