23 julio, 2017

Si gana en octubre, el gobierno pretende como hace un siglo volver a la jornada de 12 horas

Macri se juega a todo o nada si logra triunfar en los comicios de medio término a celebrarse en octubre. Mirándose en el espejo de Brasil y Temer, el gobierno ya tiene decidido avanzar en una legislación que en los hechos no es otra cosa que un grave retroceso en todos los derechos de los trabajadores y que recuerda a las leyes que reinaban hace al menos un siglo atrás.

Un triunfo contundente en las elecciones otorgará al presidente un margen de acción amplio para acelerar los cambios que pretende en materia laboral.

Por eso mismo, el Gobierno comenzó a preparar desde el discurso el terreno para su ofensiva contra el actual sistema que rige en Argentina. La denuncia del propio Macri contra la supuesta mafia de los juicios laborales, la multiplicación de intervenciones a los sindicatos, la retórica en pos de modernizar los convenios colectivos en nombre de una mayor competitividad y productividad, y el embate directo contra las protestas callejeras de organizaciones sociales o conflictos laborales como el desalojo de la planta de Pepsico, van en esa línea.

Según el borrador que circula en los despachos del Ministerio de Trabajo, que conduce Jorge Triaca, proyecta disponer un recorte de las cargas sociales sobre los salarios mínimos de diferentes actividades para alentar la contratación de nuevos trabajadores, implementar nuevos programas de pasantías laborales y de capacitación, y quizás el aspecto más ambicioso acelerar el proceso de reformulación de los convenios colectivos de actividad en línea con el modelo de cambios acordado con los gremios petroleros para el desarrollo de Vaca Muerta.

Pero para Macri el sueño realizado por Temer en Brasil de reformar las relaciones laborales, haciendo retroceder derechos un siglo atrás, supone un verdadero cambio de paradigma en las relaciones laborales del vecino país.

A la par que incrementa la libertad contractual, priorizando los acuerdos individuales o por empresa sobre los convenios colectivos de actividad, reduce significativamente el poder de acción de los sindicatos, flexibiliza las condiciones de contratación y desvinculación de trabajadores, y amplía las posibilidades de tercerización laboral.

El ejemplo brasileño ofrece una prueba contundente sobre la urgencia por flexibilizar la rigidez de la normativa laboral local, apuntando sobre dos ejes clave: la reformulación de las formas de contratación y la adecuación de los convenios colectivos.

Los principales sectores industriales locales, reclaman avanzar en la misma senda en el corto plazo para evitar quedar rezagados en la pulseada por la competitividad con sus pares del vecino país. “Es inexorable el camino de la reforma”, repiten como una letanía.

La justificación para tal retroceso en los derechos adquiridos por el trabajador argentino, se debe según miembros del gabinete y empresarios como una demostración de “determinación similar a la brasileña y lograr la aprobación de una batería de medidas que permita dar señales a la sustentabilidad fiscal, fundamentalmente mejorar su competitividad para atraer inversiones productivas, que son las que generan empleo”.

Las recientes declaraciones de Macri contra la justicia laboral y los sindicatos, sumado a su origen empresarial, no dejan lugar a dudas de que Brasil es el modelo a seguir por el Gobierno.

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