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La Plata
8 diciembre, 2021
PAÍS

Sí se puede: la inflación en 2016 será la más alta de los últimos 25 años

Aquella promesa de campaña parece que sólo quedó en eso, una vana promesa. El año que se fue dejará un jalón en la estadística de la economía argentina: será el de mayor inflación de los últimos 25 años. El número final, según publicó TiempoAr, se empezará a delinear en unos días, cuando las consultoras inicien su ronda de dictámenes que finalizará el miércoles 11 con la difusión del índice de precios al consumidor del Indec. Todo indica que a lo  largo de 2016 la variación de precios minoristas superará aquellos niveles de 2002,  que se ubicaron en el 41 por ciento, tras la convulsionada salida de la convertibilidad.

Los números finales, al igual que ocurrió en los últimos tiempos, habrá que tomarlos con pinzas. El “apagón estadístico” de Cambiemos sobre datos estadísticos hizo que la referencia más consultada fuera el índice del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que entre enero y noviembre acumula una variación del 39,3 por ciento. Si en diciembre la inflación fuera de 1,5% (cifra que parece exigua, teniendo en cuenta el alto consumo estacional por las fiestas navideñas) ese índice cerraría 2016 con un alza del 41,4 por ciento. El IPC Congreso, en base al promedio de varias consultoras, llevaba un 38,2% en los primeros 11 meses del año y cuando se le sume diciembre también rozaría el 41 por ciento. Por eso mismo, la mayoría de los especialistas en el tema concuerda en que la tenue desaceleración del último trimestre no alcanzará para perforar el piso del 40 por ciento.

Las cifras son tal elevadas, que superan los de la traumática salida de la convertibilidad. La devaluación que ordenó Eduardo Duhalde en los inicios de 2002 provocó un alza de precios minoristas del 40,9% medido de punta a punta de ese año. La aguda recesión y los altos niveles de desempleo evitaron que el desborde fuera más grave.

Para encontrar valores aún mayores hay que retroceder hasta 1991, cuando la inercia de los dos procesos hiperinflacionarios previos, bajo Carlos Menem y Erman González, dejó como saldo un 84% de inflación anual. Durante el menemismo, la Convertibilidad que impulsaba Domingo Cavallo redujo la inflación a niveles casi europeos, pero el agotamiento de ese modelo provocó tal caída de la demanda que en el gobierno de Fernando De la Rúa hubo una inédita deflación (-0,9% en 2000 y -1,1% al año siguiente). Tras la devaluación y el consiguiente shock inflacionario que siguieron al estallido de 2001, el inicio del ciclo kirchnerista trajo cierta tranquilidad en la materia. Pero cuando la reactivación empezó a recalentar los precios se produjo la intervención del Indec, hacia 2007.

A partir de allí, entre el descrédito sistemático que hacían de ellos la oposición y los medios hegemónicos de las estadísticas oficiales, adjudicándole al entonces gobierno kirchnerista falsear los números, comenzaron a proliferar los índices alternativos. El gobierno porteño, con una cobertura geográfica bastante parecida a la del Indec, empezó a elaborar el suyo a mitad de 2012: hasta ahora, su pico había sido de 38% para 2014. En ese año, el índice del gobierno de San Luis, también tomado como referencia por su rechazo a las presiones políticas para manipularlo y porque su estructura representa la economía de buena parte del centro del país, calculó un 39 por ciento. Las estimaciones preliminares para 2016 también dejaron atrás esos números.

Sabedor  que nada lo eximirá de cargar con la mochila de haber disparado la inflación más alta en un cuarto de siglo, en el Gobierno confían en que el índice de diciembre no se escape mucho más allá del 1,5 por ciento. Con esa cifra, creen, podrán tener bajo control la economía y la inflación del año que viene. Eso si, sin contar los tarifazos de gas, electricidad y naftas ya pautados. Y que están a la vuelta de la esquina.

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