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La Plata
26 junio, 2022
PAÍS

Después de Baradel, ahora amenazan a la CGT

El ministro Jorge Triaca mantuvo la semana pasada un encuentro con uno de los triunviros de la central sindical, Héctor Daer y con José Luis Lingeri, dirigente de Obras Sanitarias y principal lobbista de las obras sociales en la CGT. Durante la reunión, el titular de la cartera de Trabajo deslizó que desde ahora tendrá la última palabra en las distribución de los fondos por encima de su par de Salud, Jorge Lemus, y del superintendente Luis Scervino, responsable central de esa tarea y hombre de confianza para la central obrera. La velada advertencia es para presionar a la CGT en medio del plan de lucha que lanzó este mes.

 

El oficialismo no da puntada sin hilo pero además no se fija en los modos. La pasada semana –según publica Ambito.com-, durante un encuentro entre los popes de la CGT y el ministro Triaca, puso en juego su carta más clásica para presionar a la central sindical en medio del plan de lucha que lanzó este mes: los recursos de las obras sociales. Allí, El ministro de Trabajo, les advirtió a los dirigentes que desde ahora tendrá la última palabra en la distribución de fondos por encima de su par de Salud, Jorge Lemus, y del superintendente Luis Scervino, responsable central de esa tarea y hombre de confianza para la central obrera.

El encuentro, previo al viaje del funcionario a Roma para entrevistarse con el papa Francisco, había sido pedido por los gremialistas frente a los atrasos que se habían producido en algunos desembolsos de fondos para tratamientos por discapacidad y que encendieron las alarmas en el sector.

Fuentes cercanas a Triaca confirmaron el desembarco del ministro en el área. Lo hará a través de dos vías: por un lado, el monitoreo de la labor de Scervino en la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), y por otro mediante Andrés Scarsi, el recién asumido viceministro de Salud de la Nación, que venía de la gestión bonaerense de María Eugenia Vidal y que se lo considera de confianza del jefe de la cartera laboral.

La velada amenaza que Triaca expuso, con más sutileza, durante el encuentro con Daer y Lingeri, fue que más allá de los envíos automáticos de fondos (a través de varias líneas de subsidios que operan en la Superintendencia) habrá en lo sucesivo más puntillosidad para algunos recursos que revisten mayor discrecionalidad como el Sistema Único de Reintegros (SUR) y los pagos previstos por el acuerdo global de liquidación del Fondo Solidario de Redistribución (FSR), que hasta el año pasado había superado los 30 mil millones de pesos y que Macri resolvió entregar por varios mecanismos en cumplimiento de una promesa de campaña a la CGT.

Buena parte de la cautela con que la central obrera atravesó 2016 tuvo que ver con la puesta en marcha de aquel compromiso que implicó pagos en efectivo a cada obra social, la creación de un nuevo fondo anticíclico para la atención de las denominadas enfermedades catastróficas y separar una porción para destinarla al sector público de salud.

El atraso en pagos para discapacitados crónicos se había producido semanas atrás a partir de una resolución que les ordenó a las obras sociales abrir cuentas para cada afiliado en esa condición.

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