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22 mayo, 2022
PAÍS

Macri: “Menos pegarle un tiro a los opositores, me encanta lo que dice Casero”

Nico Brutti

Dicen que  dicen que Mauricio Macri tiene un nuevo ídolo. No se apresuren. No es ni Messi ni Tévez, ni siquiera tiene que ver con el fútbol, deporte en el que el presidente se apoya casi siempre para ejemplificar su accionar ante la vida y sus circunstancias. Tampoco es Esteban Bullrich hablando de la gestión de Hitler en casa de Ana Frank, ni su jefe de Gabinete, Marquitos Peña haciendo gala de su ya famoso Call Center ambulante.

No señor. La cosa viene del lado artístico, más precisamente de la televisión.

Parece que para el primer mandatario, el descubrimiento fue no sólo una novedad, sino casi un amor a primera vista. Ojo, tampoco es una chica, esas a las que según el mandatario en el fondo les gusta que las piropeen aunque sea con “qué lindo culo tenés”.

El tipo en cuestión, tuvo su minuto de fama allá a mediados de los noventa en un programa que con el tiempo se convirtió en uno de los tantos de culto pero que fue levantado en su momento por escaso rating y que tenía un nombre –el programa- entre divertido y naif.

Allí, en Cha Cha Cha, Alfredo Casero, más conocido como el Gordo Casero, hacía gala de su histrionismo en la composición de personajes estrambóticos que casi siempre rozaban lo bizarro.

En ese sentido, aunque ya no haga aquel serial de culto, sino que su presencia en la tele pase por engendros como Animales Sueltos, Intratables, Código Político o algún otro de ese estilo, Casero no ha cambiado.

Para ser más precisos, Casero es su propio personaje: oscuro, violento, machista, misógino, racista, intolerante, excluyente, entre otras “virtudes”.

Pero al presidente nada de esto parece amilanarlo en su admiración. Uno de los funcionarios que se sienta en la mesa chica del  primer mandatario, aseguró, según Clarín, que dijo: “Pero este tipo es increíble. ¿Lo vieron? ¿Vieron el nivel de adhesión que tiene con nosotros?”

Ante tamaña confesión presidencial, sus adláteres comenzaron a repetir como un mantra: “Necesitamos muchos como él”. Y claro, también le endulzaron los oídos y resaltaron su “compromiso republicano”.

Macri, que en estos días le echó la culpa de todos los males que padece la Argentina a las protestas y las movilizaciones en contra de sus políticas de ajuste, exclusión y miseria, se desligó de las expresiones extemporáneas de Casero, cuando habló de “defender a tiros si alguien quiere voltear al Presidente”.

Lo mismo ocurrió en el entorno más cercano al primer mandatario: creen que exageró y representó una actuación, pero están convencidos que mucha gente -aun con disidencias puntuales, como las que puede tener el artista devenido bufón- apoyan determinadas iniciativas, pero no se animan a decirlo en público porque no son populares ni pensadas para el corto plazo.

Macri, ajeno a este ejercicio intelectual de sus cabezas pensantes, dicen que cada noche, cerca de las doce, se sienta en su sillón preferido a la espera del número de su nuevo ídolo: el inefable Casero.

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