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El presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, tomó juramento como juez en comisión a Manuel García-Mansilla, nombrado por decreto por Javier Milei, hombre ligado al Opus Dei, un grupo recientemente degradado por el Papa Francisco. El nuevo miembro de la Corte Suprema de Justicia fue decano de la Universidad Austral, defensor de las grandes empresas y decidido antiabortista. A pesar de que en el Senado argumentó que “no pertenece al Opus Dei, ni a ninguna organización religiosa”, se sabe del “secretismo” en la organización.
Merece recordarse que el Papa Francisco degradó mediante un decreto el funcionamiento del Opus Dei, conocido por sus prácticas sectarias. En el documento “Ad charisma tuendum”, le quita poder e independencia a la poderosa organización fundada por el cura Josemaría Escrivá de Balaguer en 1928, que tuvo un gran auge durante el papado de Juan Pablo II, quien la elevó al grado de Prelatura personal.
La decisión del Papa jesuita establece que la forma de gobierno del Opus Dei, que históricamente gozó del privilegio de no ser controlada por la Curia, esté “basada más en el carisma que en la autoridad jerárquica”. A partir de las modificaciones del sumo pontífice, la prelatura pasará a “depender del Dicasterio (o ministerio) del Clero”. Ante ese órgano, deberá rendir cuentas una vez por año (en vez de cada cinco) mediante la presentación de un informe que describa la situación interna y el desarrollo de su trabajo apostólico. Esto incluye “las cuestiones que en cada caso corresponda afrontar”, como la formación de sus sacerdotes o “eventuales controversias”.
Como se recordará, en los últimos tiempos la organización ha sido acusada de ser una especie de secta secreta para manejar los hilos del poder dentro y fuera del Vaticano. Además, se vio envuelta en una serie de escándalos, como las denuncias de 43 mujeres de Argentina, Paraguay y Uruguay, en situación de vulnerabilidad, que presentaron una denuncia formal ante el Vaticano por abuso de poder y explotación contra la institución. Según la denuncia, trabajaron en el servicio doméstico de los miembros del Opus Dei durante 10, 20 y hasta 30 años sin recibir remuneración.
¿Qué es el Opus Dei?
Texto extraído del libro Shopping Espiritual de Alfredo Silletta. Editorial Planeta 2007:
La Prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei es una de las organizaciones más controvertidas dentro de la Iglesia Católica. Para algunos, es simplemente un grupo fascista; para otros, una secta católica. Sin embargo, sus seguidores la consideran una destacada institución que sigue las normas de la Iglesia y cuyo fundador fue canonizado en 2002.
El Opus Dei fue fundado en 1928 en España por el sacerdote José María Escrivá, quien, con el tiempo, adquirió un título nobiliario que le permitió modificar su apellido a Josemaría Escrivá de Balaguer. Nacido en 1902 y fallecido en 1975, Escrivá relató que un día “sentí el obrar de Dios en mí, en mi corazón y en mis labios”, y fue entonces cuando supo que debía fundar el Opus Dei. Afirmaba que él no era el verdadero fundador, sino que lo era Dios mismo, dándole así un carácter universal. Dentro de la Obra, su autoridad era indiscutible, pues se decía que tenía un “contacto directo” con Dios. Con un carácter irascible pero carismático, publicó varios libros considerados fundamentales dentro de la organización, como Camino, Forja y Surco.
Escrivá estructuró el Opus Dei con una base central de laicos y promovió lo que él denominaba “la santificación de la vida cotidiana”. La organización se divide en cuatro niveles:
- Numerarios: Laicos con alto nivel intelectual, formados en filosofía y teología, que practican el celibato y viven en casas del Opus Dei.
- Supernumerarios: Representan el 80% de los miembros. Muchos están casados y colaboran activamente con la Obra, aunque conservan sus obligaciones civiles.
- Agregados: Tienen menos compromisos que los numerarios, pero se consideran parte del Opus Dei y están a su disposición.
- Cooperadores: No son miembros formales, pero apoyan económicamente a la organización.
Secreto y estructura interna
Desde sus inicios, el Opus Dei ha mantenido una estructura hermética. Su constitución de 1950, en el artículo 191, establecía que numerarios y supernumerarios debían guardar silencio sobre la identidad de los miembros y nunca revelar su pertenencia al Opus Dei.
El Vaticano no reconoció la organización hasta 1982, cuando instauró las prelaturas personales. En ese momento, el Papa Juan Pablo II, amigo de Escrivá, le concedió un estatus especial dentro de la Iglesia. Así, el Opus Dei obtuvo una autonomía sin precedentes, dependiendo directamente del Papa y sin estar bajo la autoridad de los obispos locales, aunque formalmente sus laicos respondían a la diócesis correspondiente.
La estructura del Opus Dei tomó influencias de los jesuitas, pero incorporó características de secretismo similares a las logias masónicas, combinadas con una ideología fundamentalista. La captación de nuevos miembros se centra en adolescentes en plena formación de su personalidad. La estrategia incluye actividades sociales, retiros espirituales y eventos deportivos. Cuando un joven empieza a interesarse en la organización, se le asigna un “director espiritual”, quien lo acompaña constantemente y, si es menor de edad, le aconseja no contar demasiado a sus padres. Además, los reclutadores elaboran informes individuales detallados sobre cada miembro, analizando sus debilidades y fortalezas.
Dentro de las comunidades del Opus Dei, la privacidad es prácticamente inexistente. Se revisa la correspondencia de los miembros, y se inculca la idea de que son superiores a los demás. El amor al prójimo se reduce al amor entre los miembros de la Obra.
Uno de los métodos de disciplina más extremos dentro del Opus Dei es la práctica del castigo corporal. Los miembros deben usar el cilicio, una malla de cuero con puntas metálicas hacia el interior que se ajusta al muslo para mortificar la carne. También se promueven el ayuno, el dormir en el suelo y la flagelación con un látigo de soga, acompañada de frases como ”¡Tu mayor enemigo eres tú mismo, bendito sea el dolor!”.
El control sobre los miembros no solo es físico, sino también intelectual y emocional. Se les prohíbe leer ciertos libros, ver determinados programas de televisión y mantener relaciones cercanas con personas ajenas a la organización. Se les inculca el temor a abandonar el grupo, haciéndoles creer que su vida fuera del Opus Dei será un fracaso y que Dios los castigará si se marchan.
Críticas y denuncias
En los últimos años, Internet ha permitido que exmiembros relaten sus experiencias, generando un espacio donde muchos han denunciado las prácticas de la organización. Agustina López de los Mozos Muñoz, una ex numeraria, coordina una de las páginas más completas sobre el tema, en la que comparte testimonios de antiguos adeptos.
Algunos relatos destacan la imposición de normas estrictas en la vida diaria, el aislamiento social y la presión para reclutar nuevos miembros, incluso dentro de sus propias familias. Exmiembros han señalado que su salida del Opus Dei fue un proceso extremadamente difícil, ya que se les inculca el miedo al abandono, convenciéndolos de que se condenarán si se van.
A mediados de los años 80, varias instituciones en España comenzaron a tratar a exmiembros mediante terapias de desprogramación. Organizaciones como el Centro de Reocupación, Orientación y Asistencia al Sectario atendieron a padres preocupados por la captación de sus hijos menores de edad. El Opus Dei respondió con críticas, utilizando argumentos similares a los empleados por otras sectas como la del reverendo Moon o Los Niños de Dios.
Incluso dentro de la Iglesia Católica, el Opus Dei ha generado controversia. El teólogo Urs von Balthazar lo describió como “la manifestación integrista de poder más fuerte dentro de la Iglesia”. El filósofo Fernando Savater lo definió como “una filosofía empresarial que lava con agua bendita la cara de los gerentes”.
El Opus Dei en Argentina
En Argentina, el Opus Dei tiene aproximadamente 5.000 miembros, además de un gran número de simpatizantes que contribuyen económicamente. Son dueños de prestigiosos colegios y universidades, como la Universidad Austral. Actualmente, dos obispos de la Prelatura ocupan cargos en diócesis: Alfonso Delgado y Francisco Polti Santillán.
La organización llegó al país en 1955, con el golpe de Estado contra Juan Domingo Perón. Durante la dictadura de Juan Carlos Onganía (1966-1970), muchos miembros del Opus Dei ocuparon cargos en el gobierno. Algunos nombres vinculados al grupo en Argentina incluyen al exministro de la Corte Suprema Antonio Boggiano, la senadora Liliana Negre de Alonso, el economista Orlando Ferreres, el coronel Jaime Cesio, el político Gustavo Beliz, el exministro Rodolfo Barra y el empresario Gregorio Pérez Companc, quien donó cerca de 100 millones de dólares para la construcción del campus de la Universidad Austral en Pilar.
El periodista Washington Uranga, experto en temas religiosos, ha señalado:
“Por más que hoy en día el Opus Dei esté embarcado en una campaña de relaciones públicas destinada a desterrar la imagen de ‘cruzados de la derecha católica’ que se le ha asignado por años para presentar una imagen más pluralista acorde con los tiempos, es evidente que la mayoría de los miembros de la institución responden a ideologías conservadoras y a una concepción de la Iglesia que vincula el éxito de la tarea espiritual que agrupa a los miembros de la Obra con el poder político y económico que cada uno de ellos y también la institución tienen en el orden civil.”
El 6 de octubre de 2002, la Prelatura de la Santa Cruz y el Opus Dei sintieron que tocaban el cielo con las manos: en poco tiempo lograron la canonización de su fundador, Josemaría Escrivá de Balaguer.
Un año después, en marzo de 2003, el escritor norteamericano Dan Brown publicó una novela que haría temblar los cimientos mismos del Opus Dei. En poco tiempo, El Código Da Vinci se convirtió en un bestseller mundial con más de 50 millones de ejemplares vendidos. Hollywood rápidamente compró los derechos y, en mayo de 2006, estrenó la película protagonizada por Tom Hanks, convirtiéndose en una de las más taquilleras del año.
Dan Brown describe en la novela al Opus Dei como una organización que busca poder y riqueza, cuyos miembros practican mortificaciones corporales y no dudan en cometer asesinatos para defender el integrismo católico.
El tiempo dirá si la estructura misma del Opus Dei se desmoronará como un edificio de papel.
Ahora se entiende porque el presidente Milei no expresó ningún saludo ni pidió rezar por la salud del Papa Francisco.