El presidente Javier Milei, envalentonado por su reciente triunfo electoral, encabezará hoy una reunión con gobernadores en la Casa Rosada. Según trascendió, el encuentro no nació de una idea local: fue un pedido directo de Washington, que le reclamó al mandatario ampliar su base política y mostrar señales de “gobernabilidad” para garantizar las reformas que exige el Norte.
La cita está prevista para las 17 horas en el Salón Norte del primer piso de la Casa de Gobierno, y Milei estará acompañado por el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, el ministro del Interior, Lisandro Catalán, y el titular de Economía, Luis “Toto” Caputo, entre otros funcionarios.
El objetivo central será pedir apoyo al presupuesto 2026 y prometer —una vez más— que “algún día” devolverá a las provincias lo que su administración les recortó en coparticipación y obra pública durante estos dos años de ajuste.
Pero no todos los gobernadores fueron invitados al baile. La orden fue clara: “no quiero al gobernador peronista y soviético” de Buenos Aires, Axel Kicillof, quien le ganó en septiembre y volvió a empatarle en las urnas ahora. También quedaron afuera Gildo Insfrán (Formosa), Ricardo Quintela (La Rioja) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego), este último por oponerse a la instalación de una base militar estadounidense en su territorio.
Sí figuran en la lista los peronistas Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca) y Sergio Ziliotto (La Pampa), considerados “dialoguistas” por la Casa Rosada.
La participación directa de Milei es casi una rareza. Hasta ahora, había evitado encuentros con mandatarios provinciales, delegando el contacto en Francos o en algún ministro. Pero la presión externa cambió el libreto: Estados Unidos le habría exigido mostrar una foto de unidad institucional antes de continuar respaldando sus políticas económicas y financieras.
Aunque moderó el tono en los últimos días, Milei no piensa ceder en nada. En la reunión reclamará apoyo total a las reformas que enviará al Congreso —la laboral, la previsional y la nueva Ley Ómnibus—, bajo la amenaza implícita de seguir ajustando los giros a las provincias rebeldes.
El interrogante es otro: ¿cuántos gobernadores estarán dispuestos a convertirse en simples espectadores del ajuste y cuántos se animarán a decirle que el país no se gobierna desde un tuit ni desde Washington?
