Las mentiras del presidente Javier Milei y de su ministro de Economía, Luis Caputo, ya cansan. El Gobierno festeja una inflación anual del 31,5% como si fuera un logro histórico, mientras oculta un dato clave: en 2015 la inflación fue del 23%, sin pulverizar salarios, jubilaciones ni paralizar la economía con despidos masivos y recesión.
La promesa estrella de Milei —inflación cero para agosto del año pasado— quedó archivada junto a tantas otras fantasías libertarias. Diciembre cerró con un 2,8% y el índice no baja desde hace más de siete meses. Enero, además, ya se anticipa peor.
En diciembre, los rubros que más empujaron los precios fueron transporte (4,0%), vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (3,4%) y comunicación (3,3%). A nivel regional, alimentos y bebidas no alcohólicas tuvieron la mayor incidencia. En la Ciudad de Buenos Aires, el IPC fue del 2,7%, acumulando un 31,8% anual, el mismo nivel que en septiembre. Estancamiento, no milagro.
Especialistas advierten que este indicador no es un número abstracto: activa ajustes automáticos sobre ingresos, impuestos, tarifas y contratos. Impacta directamente en jubilaciones, pensiones y asignaciones sociales —ANSES, AUH, AUE y seguro por desempleo— que se actualizan con dos meses de atraso. Siempre tarde y siempre perdiendo.
El IPC también redefine el esquema impositivo: ajusta topes del Monotributo, el piso del Impuesto a las Ganancias y el Impuesto a los Combustibles, empujando aún más el precio de la nafta y el gasoil. Además, se usa como referencia para alquileres, créditos UVA, tarifas de luz, gas y agua, dólar oficial, plazos fijos, deuda pública, prepagas y colegios privados. Todo sube. Todo.
El INDEC informó que la canasta básica —clave para medir la pobreza— aumentó 4,1% en diciembre y acumula un alza del 27,75% en 2025. La canasta alimentaria, que mide la indigencia, también subió 4,1% en el mes y un 31% en el año. Pobreza e indigencia al ritmo del “éxito” libertario.
Mientras el Presidente celebra números, los argentinos del AMBA padecen tarifazos de luz y cortes interminables, como todos los veranos, porque las empresas eléctricas siguen sin invertir. El ajuste, como siempre, no se corta.
En alimentos, la situación es directamente brutal. El asado pasó de $13.304,75 a $15.094,3: un 13,5% mensual y un 69,4% interanual. Las frutas y verduras también volaron: subas que van del 16,4% en la manzana hasta el 31,2% en el limón. A esto se suma el ajuste tarifario exigido por el acuerdo con el FMI. Los servicios aumentaron 3,4%, por encima del promedio de inflación, y el transporte subió fuerte en el AMBA (4,3%) y en la Provincia de Buenos Aires (14,8%).
Los diez productos que más aumentaron lo dicen todo:
- Limón: 31,2%
- Manzana deliciosa: 16,4%
- Asado: 13,5%
- Cuadril: 10,4%
- Nalga: 9,9%
- Naranja: 9,7%
- Paleta: 9,5%
- Zapallo anco: 9,4%
- Carne picada común: 7,6%
- Pan de mesa: 6,3%
El Gobierno puede dibujar estadísticas, acomodar discursos y vender humo libertario. Pero hay algo que no miente nunca: el bolsillo. Y hoy el bolsillo grita lo que Milei intenta tapar: todo sube, menos los ingresos. La inflación no está domada; está maquillada. Y la factura, como siempre, la pagan los de abajo.
