Mientras el presidente Javier Milei viaja a Mar del Plata para participar de la “Derecha Fest”, el foro autoproclamado como “el más antizurdo del país” que coordina Agustín Laje, en la Argentina real crece un fenómeno alarmante: cada vez más personas necesitan tener dos trabajos para sobrevivir, pagar un alquiler o simplemente comprar comida. Y aun así, no alcanza. La deuda se vuelve estructural y el consumo se derrumba.
Un informe reciente del Centro de Investigación y Formación (CIFRA) de la CTA muestra con claridad el deterioro social. En 2017, apenas el 8,5% de los trabajadores tenía más de un empleo. Durante el gobierno de Milei, ese número trepó al 11,9%, lo que implica un aumento de casi 40% en apenas ocho años.
Según el estudio, buena parte de estos segundos trabajos aparecen ligados al crecimiento de plataformas digitales como Uber o Didi, pero el trasfondo es más profundo: el salario ya no alcanza. La precarización avanza mientras los ingresos pierden sistemáticamente contra la inflación.
Los especialistas de CIFRA-CTA estiman que el salario registrado cayó 5,8% en términos reales durante la gestión Milei. Pero el dato se agrava aún más si se usara un índice de precios basado en patrones de consumo actuales (2017-2018) y no en los de comienzos de siglo: en ese caso, la pérdida salarial ascendería al 9,8%.
El ajuste también tiene ganadores y perdedores bien marcados. Los salarios del sector privado retrocedieron 0,9%, mientras que los estatales se desplomaron 14,4%. Y dentro del empleo público, la motosierra pegó mucho más fuerte en la Nación: los sueldos de los empleados nacionales cayeron 33,3%, frente al 6,5% en las provincias.
A este cuadro hay que sumar a los jubilados, que directamente quedaron fuera del sistema: con haberes mínimos pulverizados, muchos se ven obligados a seguir trabajando o a endeudarse para cubrir gastos básicos.
Deuda para comer y consumo en caída libre
Otro informe, esta vez del Instituto Argentina Grande (IAG), expone una postal todavía más cruda: el 44,6% de las compras en supermercados se pagan con tarjeta de crédito, incluso alimentos esenciales. Y la consecuencia es inevitable: crece la morosidad bancaria.
Desde la asunción de Milei, el uso de la tarjeta para llegar a fin de mes se volvió una práctica cotidiana. Sin embargo, lejos de reactivar la economía, el consumo sigue en picada. Entre enero y noviembre de 2025, las ventas en supermercados cayeron 10,2% en términos reales respecto del mismo período de 2023.
El derrumbe fue casi total: 23 de las 24 provincias registraron caídas en el consumo. La única excepción fue Neuquén, con una leve suba del 2%, confirmando —según el IAG— la relación directa entre empleo privado y consumo interno.
La clase media es uno de los sectores más golpeados. El aumento de tarifas, servicios, alquileres y el deterioro de las paritarias la empujaron al límite. El 40% de ese segmento ya usó sus ahorros y el 18% se endeudó con entidades financieras para sostener su nivel de vida.
Hoy, los argentinos consumen menos y deben más. La caída de los ingresos, las jubilaciones de miseria y el encarecimiento del alquiler explican por qué casi la mitad de los hogares (48%) tuvo que desplegar alguna estrategia extrema para llegar a fin de mes: sumar un segundo empleo, endeudarse o quemar los pocos ahorros que quedaban.
Mientras el Gobierno celebra el ajuste en salones ideológicos y festivales de autocelebración, la Argentina real se desliza hacia un modelo donde trabajar más ya no garantiza vivir mejor.
Menos consumo, más deuda y doble jornada laboral no son señales de orden económico: son la radiografía de un país exhausto, donde sobrevivir se volvió un trabajo de tiempo completo.
