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28 enero, 2026
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Ni el sable corvo de San Martín se salva: Milei avanza contra los símbolos de la Patria

El presidente que pulveriza salarios, jubilaciones, educación, salud pública y desarrollo productivo ahora va un paso más allá: avanza también contra los símbolos de la Patria. Al desprecio explícito por la soberanía en las Islas Malvinas se suma ahora un gesto cargado de provocación histórica: el retiro del sable corvo del General José de San Martín del Museo Histórico Nacional.

En las últimas horas se conoció la decisión del Gobierno de trasladar el sable —hasta ahora bajo custodia del Museo Histórico Nacional y resguardado por granaderos— para devolverlo al ámbito del Ejército Argentino. El decreto firmado por Javier Milei justifica la medida en nombre de “la correcta administración, preservación y seguridad del bien histórico”, y afirma que se trata de “devolverle a los suyos lo que es propio”.

La comunicación oficial fue realizada por el intendente de San Lorenzo, Leonardo Raimundo, al secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, donde se anunció el acto formal mediante el cual el Regimiento de Granaderos retomará la custodia del sable.

Sin embargo, el sable corvo no es un objeto más. Es uno de los máximos símbolos del Libertador y de la gesta independentista, y estuvo al alcance del pueblo gracias a una decisión política concreta. El 24 de mayo de 2015, durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el sable fue incorporado al Museo Histórico Nacional para ser exhibido públicamente y visitado por miles de argentinos y argentinas.

Hasta entonces, el sable permanecía bajo custodia militar desde 1966, por orden de la dictadura de Juan Carlos Onganía, luego de que fuera recuperado tras su sustracción por la Juventud Peronista como acto de resistencia política. La restitución al museo no fue solo un gesto simbólico: fue una definición clara sobre a quién pertenece la historia.

Durante aquella ceremonia, Cristina Kirchner escoltó al granadero que trasladó el sable hasta la sala de exhibición, lo colocó personalmente en una vitrina especialmente diseñada, la cerró y entregó las llaves al mismo granadero, sellando un acto cargado de significado institucional y popular. Luego recorrió el espacio dedicado a otros próceres —Rosas, Belgrano, Dorrego, Las Heras, Lucio Mansilla y Zapiola— y destacó los vitrales del museo, en especial el que representa a San Martín junto al pueblo y otro con palabras que hoy parecen incómodas para el poder: patria, soberanía, independencia e igualdad.

Al finalizar el acto, las puertas del museo se abrieron para que el pueblo, que aguardaba en el Parque Lezama, pudiera ingresar y reencontrarse con una parte fundamental de su historia.

Hoy, ese gesto se revierte. No por razones técnicas ni de seguridad, sino por una concepción ideológica que desprecia lo público, vacía de contenido a la Nación y reduce la historia a un botín administrado desde el poder. Cuando un gobierno le quita al pueblo sus símbolos, no está cuidando la historia: la está secuestrando.

En tiempos de entrega y desmemoria, conviene recordar que la historia argentina también fue escrita por quienes resistieron las injusticias y el saqueo en América Latina. No es casual que los sables de San Martín y Bolívar hayan sido protagonistas de acciones simbólicas de resistencia, desde la Juventud Peronista hasta el M-19 colombiano.

En este podcast de La Plata Sublevada, la historia de los robos de los sables de San Martín y Bolívar, realizados por la resistencia peronista y el M19.  No se lo pierdan:

 

 

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