Mientras el gobierno de Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, avanzan con la intervención de hecho del INDEC para dibujar una inflación más baja —y así pagar menos salarios, jubilaciones y AUH—, ahora pusieron fecha para otro golpe de fondo: la Reforma Laboral, que buscarán aprobar el 11 de febrero.
Con una impunidad que asombra, la senadora Patricia Bullrich lo dijo sin rodeos: “Creemos que tenemos los votos, prácticamente el 95% de los temas están cerrados. El martes a la mañana tiene que estar todo cocinado”.
Mientras tanto, la cúpula de la CGT sigue inmóvil, apostando a que el gobierno libertario los convoque a una mesa que nunca llega. Pero abajo, en las bases, la paciencia se terminó.
Gremios como ATE y numerosas organizaciones sindicales ya comenzaron a organizarse para enfrentar al gobierno. La consigna es clara: paro nacional. Y si la conducción cegetista no lo convoca, habrá acciones gremiales, movilizaciones y calle. El Consejo Directivo se reunirá el viernes a las 11, en medio de una presión creciente desde las bases.
En ese marco, Abel Furlán, titular de la UOM, se reunió con Pablo Moyano. Un dato político clave: Hugo Moyano llamó a su hijo y dejó de lado diferencias internas para que se ponga al frente de los camioneros en la confrontación con el gobierno. De allí también el encuentro con Daniel Yofra, de los aceiteros. El armado ya cuenta con el respaldo de unos 85 gremios dispuestos a dar pelea.
El gobierno cesantea delegados del Garrahan
Como si faltara una provocación más, el gobierno decidió cesantear a 10 de los 11 delegados gremiales del Hospital Garrahan, protagonistas de la lucha del año pasado por condiciones laborales y salariales dignas.
El mismo gobierno que mide el consumo con una canasta del siglo pasado —donde todavía figuran el teléfono de línea, el fax, el alquiler de VHS, el walkman y hasta la máquina de escribir— y cuyo ministro de Economía se jacta de que “compra toda la ropa en el exterior”, ahora avanza contra quienes defienden la salud pública.
La decisión fue tomada por el Consejo de Administración del hospital tras la finalización de los sumarios administrativos iniciados luego de la protesta. Según el relato oficial, los hechos implicaron una “gravedad institucional” por la ocupación de oficinas de la Dirección Médica y la interrupción del funcionamiento administrativo.
Entre los cesanteados se encuentran Norma Lezana, de la Asociación de Profesionales y Técnicos (APyT), y Alejandro Lipcovich, de ATE, señalados como organizadores del reclamo. El conflicto se originó cuando las autoridades anunciaron que descontarían los días de paro, lo que derivó en la ocupación pacífica de las oficinas durante varias horas.
El hospital abrió 44 sumarios administrativos. La mayoría terminó con sanciones menores, pero en once casos se resolvió la cesantía. Diez de esas personas son delegados gremiales con tutela sindical, por lo que su despido no podrá ejecutarse sin autorización judicial. La única trabajadora sin protección podrá ser desvinculada de inmediato.
La lista incluye a: Maximiliano Bares Fara, Diego Rubén Saavedra, Beatriz Haydeé, Xinena Jessica Pared, Gabriela Beatriz Malgarejo, Sinforosa Recalde, Gerardo Fernando Oroz, Emilce Correa Lousao y Silvia Verónica Cipollini Araujo, además de Lezana y Lipcovich.
Como era de esperar, el impresentable jefe de Gabinete Manuel Adorni celebró la medida en redes sociales, respaldando la persecución sindical: “El que las hace, las paga. La era de la izquierda intentando vivir a costa de los argentinos de bien está llegando a su fin”.
Del lado gremial, las organizaciones anunciaron que recurrirán a la Justicia y advirtieron que el conflicto está lejos de cerrarse. Denuncian que las cesantías buscan disciplinar y dar un mensaje ejemplificador al resto de los trabajadores.
Reforma laboral express, inflación dibujada, despidos ejemplificadores y una CGT paralizada. El gobierno acelera el ajuste y prueba hasta dónde aguanta la calle. Si la conducción no reacciona, las bases ya avisaron: no van a esperar permiso para salir a pelear. Y cuando la bronca desborda, ningún Excel ni ningún decreto alcanza para frenarla.
