El presidente Javier Milei viajará este sábado a Santa Fe para encabezar el acto por los 213 años de la Batalla de San Lorenzo. Pero lejos de rendir homenaje al Padre de la Patria, el mandatario decidió protagonizar una nueva provocación: ordenó trasladar el sable corvo del general José de San Martín desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo, privando al pueblo argentino de uno de sus símbolos más sagrados.
La decisión fue oficializada por decreto y reavivó una fuerte polémica. Desde 2015, el sable corvo se encontraba expuesto al público en el Museo Histórico Nacional, con custodia permanente del propio Regimiento de Granaderos, tras una decisión de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Antes de eso, había permanecido bajo control militar desde 1966, cuando el dictador Juan Carlos Onganía ordenó retirarlo del museo.
Lejos de tratarse de una cuestión técnica o de seguridad, el traslado responde a una decisión puramente ideológica: Milei no quiere símbolos populares, no quiere historia viva y no quiere un pueblo que se reconozca en sus gestas emancipadoras.
La gravedad del hecho provocó consecuencias inmediatas. La directora del Museo Histórico Nacional, María Inés Rodríguez Aguilar, presentó su renuncia indeclinable tras la publicación del decreto en el Boletín Oficial. Una renuncia que funciona como denuncia política: no quiso ser cómplice del vaciamiento simbólico impulsado desde la Casa Rosada.
Pero no fue la única reacción. Los herederos de Juan Manuel de Rosas presentaron una medida cautelar para impedir que Milei “se robe el sable de San Martín” y garantizar su preservación. En el escrito recuerdan que la pieza histórica fue donada al Estado argentino en 1897 bajo la condición explícita de ser exhibida y conservada en el Museo Histórico Nacional.
El documento también repasa un dato clave: el sable fue robado en dos oportunidades durante los años sesenta y, tras esos episodios, quedó bajo custodia del Regimiento de Granaderos por orden de Onganía. Recién en 2015 volvió al museo, donde permanecía accesible al público y debidamente protegido.
“El traslado es apenas un capricho de Milei”, sostienen los familiares. “En el decreto no se explican los motivos por los cuales el sable no puede permanecer en el museo ni se detalla cómo será conservado. Milei quiere apropiarse de un símbolo de la soberanía continental para sacarse una foto y montar un show. Está poniendo en riesgo el patrimonio histórico argentino y no lo vamos a permitir”.
El trasfondo es claro: no se trata de un objeto, sino de lo que representa. El sable corvo no es una reliquia decorativa; es un emblema de la independencia, de la lucha contra el colonialismo y de la unidad latinoamericana. Justamente todo aquello que el actual gobierno desprecia.
Milei ajusta, entrega y ahora también se lleva los símbolos. Quiere un país sin memoria, sin épica y sin pueblo. Pero la historia no se borra por decreto, y el sable de San Martín no es un trofeo libertario: es patrimonio de todos los argentinos.
En tiempos de entrega, ajuste y desmemoria planificada, conviene recordar que la historia argentina también fue escrita por quienes resistieron el saqueo y la dominación en América Latina. No es casual que los sables de San Martín y Simón Bolívar hayan sido protagonistas de acciones simbólicas de resistencia política, desde la Juventud Peronista hasta el M-19 colombiano.
En este episodio del podcast La Patria Sublevada, se reconstruye la historia de los robos de los sables de San Martín y Bolívar, y su profundo significado político. Imperdible:
