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15 febrero, 2026
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Karina Milei y el delirio de ir por la reforma de la Constitución bonaerense para borrar el peronismo para siempre

Por Alfredo Silletta

Karina Milei cree haber encontrado la bala de plata para disciplinar a la provincia de Buenos Aires: una reforma constitucional hecha a medida para debilitar al peronismo y recortar derechos. La hermana del presidente acordó con Javier Milei y su círculo íntimo avanzar en un proyecto que, bajo el disfraz de “terminar con los privilegios”, apunta a cambiar las reglas de juego en el principal distrito del país, donde Axel Kicillof le ganó a La Libertad Avanza con el 47,57% contra el 36,9% en septiembre pasado y luego empató en las elecciones de octubre.

La orden fue clara: silencio absoluto hasta que el texto esté cerrado y bendecido por el Presidente. La estrategia no es jurídica, es política: instalar el debate de la reforma para tensionar con el peronismo en la previa electoral y vender el verso de que para acabar con “la casta” hay que meter mano en la Constitución bonaerense.

No es un dato menor: la provincia de Buenos Aires concentra cerca del 40% de la población y del PBI nacional. Además, Kicillof —posible candidato presidencial del peronismo en 2027— es el único dirigente que hoy le gana a Milei en territorio bonaerense, aun después de dos años de asfixia financiera deliberada desde la Casa Rosada, recortando fondos para seguridad, educación y salud.

Boleta Única: perder en el recinto, ganar en los medios

En La Libertad Avanza ya decidieron volver a la carga con la Boleta Única de Papel durante este año. Saben que no tienen los votos para aprobarla en la Legislatura bonaerense, pero el plan es otro: perder en el recinto y ganar el debate mediático, con el respaldo de los medios hegemónicos que orbitan alrededor de la billetera oficial.

Los puntos centrales de la reforma: menos Estado, menos derechos

Detrás del discurso anticasta, el proyecto libertario es brutal:

  • Eliminar el sistema bicameral (92 diputados y 46 senadores) para imponer una Legislatura unicameral. El slogan será “ahorrar”, la realidad es concentrar poder y debilitar controles.
  • Blindaje absoluto de la propiedad privada, pese a que ya está garantizada por la Constitución Nacional y provincial. Traducción: prohibir expropiaciones y reducir la presión fiscal sobre los más ricos.
  • Legítima defensa explícita en la Constitución, habilitando de hecho la portación y uso de armas. Más armas, menos Estado, más violencia.
  • Eliminar las policías comunales para “ahorrar costos”, concentrando el mando. Menos presencia territorial, más inseguridad, aunque el relato diga lo contrario.
  • Limitar o prohibir el endeudamiento provincial, con una amnesia selectiva: fue María Eugenia Vidal, no el peronismo, quien endeudó a la provincia en dólares.
  • “Modernización del Estado”, eufemismo clásico para recortar presupuesto en regiones sanitarias, educación pública, delegaciones policiales y obra pública.
  • Avanzar contra IOMA, la obra social bonaerense que sostiene la atención de millones de personas. Sin IOMA, no hay sistema hospitalario que aguante. Pero para los libertarios “gasta mucho”.
  • Eliminar el Ministerio de las Mujeres, el INADI bonaerense, la política cultural y el incipiente INCAA provincial. Cultura y derechos, para ellos, son “gastos inútiles”. “Si quieren películas o recitales, que los paguen los privados”.
  • Achicar la Justicia, aumentar penas y reducir presupuesto. Mano dura sin recursos: el combo perfecto para el caos.
  • Redibujar el mapa municipal: dividir La Matanza, bastión del peronismo, y fusionar municipios chicos del interior. No es eficiencia: es ingeniería electoral.

No es tan fácil como creen

A pesar del delirio refundacional de los hermanos Milei, reformar la Constitución bonaerense no es soplar y hacer botellas. Se necesitan dos tercios de la Legislatura para convocar a la reforma y luego la ratificación popular.

La historia les juega en contra. En 1990, el peronismo de Antonio Cafiero y el radicalismo llamaron a una consulta popular para modernizar la Constitución y fueron aplastados: el No sacó 67,28%. En 1994, Eduardo Duhalde logró la reforma al calor del acuerdo Menem–Alfonsín, pero en un contexto político muy distinto.

Hoy, con un gobierno nacional que ajusta, reprime y desprecia a la provincia, no parece el mejor clima para convencer a los bonaerenses de que pierdan derechos.

Karina Milei no quiere modernizar nada: quiere un Estado chico para los pobres y un paraíso para los ricos. La reforma constitucional libertaria no es contra la casta, es contra Buenos Aires. Pero la historia ya demostró algo: cuando tocan los derechos del pueblo, la respuesta no tarda en llegar.

 

 

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