El Gobierno nacional oficializó un nuevo aumento en las tarifas de los colectivos de jurisdicción nacional en el AMBA y en corredores interprovinciales. Desde hoy, el boleto mínimo cuesta $650 con SUBE registrada y volverá a subir el 16 de marzo, cuando alcanzará los $700.
La medida fue formalizada mediante la Resolución 11/2026 de la Secretaría de Transporte, publicada en el Boletín Oficial. El ajuste se aplica en dos etapas y establece fuertes diferencias para quienes no tengan la tarjeta SUBE personalizada: en el tramo más corto, el valor asciende actualmente a $1.033,50 y en marzo llegará a $1.113.
El incremento alcanza a más de un centenar de líneas de jurisdicción nacional que circulan entre la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia, cruzando distintas jurisdicciones. El 16 de marzo volverán a registrar un nuevo ajuste del 7,7%. En apenas 30 días, la suba acumulada será del 41,4%.
El nuevo cuadro tarifario desde el 18 de febrero fija los siguientes valores con SUBE registrada:
- 0-3 km: $650
- 3-6 km: $724,09
- 6-12 km: $779,87
- 12-27 km: $835,71
- Más de 27 km: $891,16
Sin SUBE registrada, los valores prácticamente se duplican.
Desde el 16 de marzo, el esquema volverá a incrementarse:
- 0-3 km: $700
- 3-6 km: $779,78
- 6-12 km: $839,86
- 12-27 km: $899,99
- Más de 27 km: $959,71
Para un trabajador que realiza dos viajes diarios en el tramo mínimo durante un promedio de 22 días hábiles al mes, el gasto superará los $28.000 desde ahora y rondará los $31.000 en marzo, sin contar combinaciones ni eventuales recargos. En los casos sin SUBE personalizada, el impacto es todavía mayor y el costo mensual se acerca al doble.
Se mantiene el descuento del 55% para usuarios con Tarifa Social en tarjetas registradas, lo que reduce el boleto mínimo a unos $292 en esta primera etapa. También continúa vigente el Sistema de Boleto Integrado para combinaciones. La medida fue precedida por una instancia de participación ciudadana no vinculante, aunque el aumento ya estaba definido y comenzó a regir tras su publicación oficial.
En un contexto de salarios que corren detrás de la inflación y de un mercado laboral golpeado, el transporte vuelve a convertirse en un factor de presión directa sobre el ingreso de los trabajadores. El colectivo no es un lujo: es la herramienta diaria para llegar al empleo, a la escuela o al hospital.
Mientras se celebra el “ordenamiento” de las cuentas públicas, el ajuste vuelve a viajar en colectivo y lo paga el de siempre. Porque cuando el boleto sube 41% en un mes y el salario no acompaña, la libertad que se pregona desde los despachos oficiales se vuelve cada vez más cara… y cada vez más lejana para el que tiene que madrugar.
