El 2026 arrancó mal para los fabricantes argentinos. A fines del año pasado las expectativas estaban enfocadas en que, después del proceso electoral, se disipara la volatilidad y se reactivara el consumo. Nada de eso ocurrió: la inflación no cede y los salarios no se recuperan. Los volúmenes se desplomaron en 2024, volvieron a caer durante 2025 y en el primer mes de 2026 mostraron nuevamente una variación negativa.
Después de dos años con el foco en la baja de la inflación, el ordenamiento de las variables macro y la estabilización del sistema monetario, ahora la conversación gira en torno del temor a la pérdida del trabajo y a la expectativa de la reactivación económica.
Con la reforma laboral a punto de convertirse en ley, se arrasa con históricos derechos del trabajador, crea un negocio financiero especulativo con el dinero de los jubilados para pagar indemnizaciones de empleados del sector privado, y legaliza relaciones laborales hasta hoy ilegales y clandestinas.
Así como el fallido artículo 44 de las licencias por enfermedad activó una dimensión distinta de la reforma laboral, el reciente cierre de la planta de neumáticos Fate cristalizó un temor emergente sobre la situación de ciertas industrias y el futuro del empleo, ya que le puso rostros e historias a un problema que carecía de imágenes.
La combinación de factores que derivó en el cierre de Fate, ubica al autopartismo local en una trayectoria similar a la que vienen atravesando otros sectores fabriles, y enciende todas las alertas sobre el futuro de la industria en general, un sector alejado de las prioridades del gobierno de La Libertad Avanza (LLA).
El sector del neumático está particularmente en alerta por la caída de la única empresa de capitales nacionales, pero especialmente por la continuidad de Pirelli y de Bridgestone, las otras fábricas instaladas en el país, envueltas en una maraña de dudas sobre el futuro de sus actividades y empleos.
De esta manera, el cierre de Fate y el despido de 920 trabajadores puso en evidencia las complicaciones del esquema macroeconómico del gobierno de Javier Milei.
Para la consultora Analytica, la actualidad del sector constituye un nuevo caso testigo de afección por la apertura indiscriminada de las importaciones y por la apreciación cambiaria, el combo que ya dinamitó las industrias textiles y de electrodomésticos.
Naturalmente, hay indicios claros de que la empresa arrastraba problemas desde hace años, que se agravaron en los últimos tiempos por las importaciones de China (74% del mercado del neumático es de producción extranjera, y el 57% chino).
El tiempo pasa y más sectores de la industria se suman a la tendencia. El impacto de Fate puso en el primer plano al sector del neumático, pero inmediatamente aparece la situación general del autopartismo y en línea sucesoria otros sectores se incorporarán para confirmar el empeoramiento general de la industria.
En realidad, por estas horas nadie piensa que se trate de un caso aislado, sino más bien de un caso testigo. Según un informe de la consultora Equilibra, “en los últimos dos años sólo 19 de 55 sectores productivos se expandieron. Los 36 restantes retrocedieron. Las actividades que se expandieron se concentran en la intermediación financiera, la agroindustria, la energía, la economía del conocimiento y la provisión de servicios públicos.
El grueso de la caída se concentra en la producción de bienes transables que compiten con importaciones”. La organización Fundar elabora un monitor mensual sobre la situación de las empresas, y en su último reporte señala que desde noviembre de 2023 “se perdieron 21.938 empresas, es decir, un 4,3% del total”. En definitiva, Fate es parte de un diagnóstico más amplio, que todavía no da señales precisas de reconversión.
Ahora millones de trabajadores considerados “empleados” experimentan una inseguridad comparable al desempleo: salarios bajos, horarios inestables, relaciones laborales informales o encubiertas, falta de protección social y gestión algorítmica a través de plataformas digitales. Así la expansión del trabajo precario y mediado por plataformas ha creado una brecha cada vez mayor entre las estadísticas laborales oficiales y las condiciones de trabajo reales.
Frente a este desolador panorama, el Gobierno no da señales de interés alguno en aportar con medidas de proteccionismo a la industria nacional; todo lo contrario, se afirma en su idea de que sobrevivirán los que deban sobrevivir: los menos aptos deberán adaptarse a la nueva situación o desaparecer.
