El tablero geopolítico del continente registró un giro significativo en las últimas horas, tras la cumbre “Escudo de las Américas”, realizada en Miami, donde el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció ante una docena de mandatarios latinoamericanos la puesta en marcha de una “nueva coalición militar” regional.
En ese inédito encuentro se vio exultante a Javier Milei que habilitó que la Argentina participe de la creación de una alianza militar para supuestamente combatir a los carteles del narcotráfico, el crimen organizado y la inmigración ilegal. “La única forma de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestros ejércitos. Tenemos que usar nuestro ejército. Ustedes tienen que usar el suyo”, dijo Trump, en el encuentro organizado en su exclusivo club de golf.
Como no podía ser de otra manera, el presidente argentino aplaudió la idea del republicano de crear “una nueva coalición militar” en la región, que buscará que las fuerzas armadas se ocupen de combatir el narcotráfico, algo contrario a lo que permite la normativa en nuestro país. En medio de la escalada militarista, Milei festejó los ataques a Irán, las amenazas a Cuba y la feroz política exterior con la que el norteamericano busca disputar la influencia china en el continente.
En definitiva, el “Escudo” es una estrategia de seguridad con la que la Casa Blanca busca reforzar su intervención hacia el hemisferio occidental y disputar la hegemonía regional con China. La portavoz de departamento de Estado de los Estados Unidos, Natalia Molano, sintetizó lo que significa este acuerdo de cooperación aceptado ciegamente por el mandatario argentino: “Esta administración ha reestablecido la preeminencia de Estados Unidos en la región”.
La iniciativa, planteada con el objetivo de combatir a los cárteles del narcotráfico y sus vínculos con organizaciones consideradas terroristas, coloca al despliegue de capacidades militares como eje central de la estrategia hemisférica impulsada por Washington. “La única manera de derrotar a nuestros enemigos es utilizando nuestros aparatos militares”, sostuvo el mandatario estadounidense, al trazar un paralelo con las operaciones que se llevaron adelante contra Islamic State en Medio Oriente.
La proclamación a la que adhirió Milei traerá nuevos interrogantes, que tienen que ver con un viejo debate sobre el rol de las fuerzas armadas, donde no solo tengan que garantizar la defensa de las fronteras contra ataques extranjeros, sino buscar el orden interno y el control social. Algo que en la Argentina está vedado por ley, dado que la seguridad interna está separada de la seguridad externa.
En ese sentido, la ley 23.554 establece que la función de las Fuerzas Armadas es “enfrentar las agresiones de origen externo”, es decir las agresiones de otros países. En tanto, la ley 24.059 señala que la seguridad interna corresponde a las fuerzas policiales y de seguridad. Eso significa que la lucha contra el narcotráfico es competencia del Ministerio de Seguridad, no el de Defensa, algo que el acuerdo de cooperación firmado en Miami parece desconocer.
Así, la participación de Milei reflejó su alineamiento con el esquema de alianzas que la Casa Blanca intenta consolidar en la región. El mandatario libertario aparece como uno de los socios relevantes dentro de esta arquitectura de cooperación en materia de seguridad.
Con este planteo, Washington busca sumar respaldos regionales para habilitar el uso de herramientas militares frente al crimen organizado. La propuesta reconfigura el esquema de seguridad en América Latina y profundiza un proceso de creciente militarización bajo liderazgo directo de Estados Unidos.
El acuerdo estratégico con Estados Unidos que delineó Milei en su discurso del 1 de marzo último tiene un foco concreto: la entrega de las responsabilidades del control de las aguas argentinas en el Atlántico Sur a Washington. Al igual que con el “Escudo de las Américas”, la entrega del Atlántico Sur apunta a enfrentar a China. Y China también es, en el caso de Estados Unidos, el objetivo final de la andanada contra Irán, que Milei ha saludado fervorosamente.
En medio de los aplausos y las celebraciones, el magnate trató con desprecio a sus aliados. En tono de una supuesta broma dijo que ellos tienen una ventaja sobre él, porque nunca va a aprender su “maldito idioma” (el español). “No tengo tiempo. Me va bien con los idiomas, pero no voy a gastar tiempo aprendiendo su idioma”, lanzó con arrogancia.
El encuentro que encabezó Trump tiene otra particularidad, y es que vuelve a desconocer ámbitos multilaterales donde podría tratarse la problemática del narcotráfico, como es la OEA. Pero el líder norteamericano avanza en nuevos instrumentos donde se asegura que no participen Brasil, Mexico y Colombia, los grandes ausentes del “Escudo de las Americas”.
La pluralidad de ideas no fue invitada. Los 12 mandatarios son de derecha o de extrema derecha como Trump y Milei. Estuvieron los representantes de El Salvador, Panamá, Trinidad y Tobago, Paraguay, Ecuador, Honduras, Guyana, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana y Chile.
