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9 marzo, 2026
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El país imaginario de Milei: inflación cero en julio, casta judicial reciclada y promesas sin dólares

Luego del polémico encuentro de Donald Trump con dirigentes de la nueva derecha latinoamericana en Miami —donde volvió a hablar de organizar ejércitos para enfrentar a sus enemigos— el presidente Javier Milei participa en Nueva York de la llamada Argentina Week, un foro que reúne a referentes del mundo financiero, tecnológico y energético de Estados Unidos.

El objetivo oficial es claro: convencer a inversores de que apuesten por la Argentina. Algo que, después de más de dos años de gobierno libertario y una economía en recesión, todavía no ocurrió.

Todo esto sucede mientras el escenario internacional se vuelve cada vez más inestable. La guerra impulsada por Estados Unidos e Israel en Medio Oriente, lejos de terminar “en cuatro días” como había prometido Trump, ya provocó un fuerte aumento del precio del petróleo, que ronda los 120 dólares por barril. Un escenario que complica aún más a economías frágiles como la argentina, sobre todo bajo un modelo de apertura comercial extrema.

En ese contexto se conoció la entrevista que Luis Majul le realizó a Milei, en un reportaje complaciente más cercano al servilismo. Allí el presidente respaldó sin matices la posición de Estados Unidos e Israel frente a Irán, sin mencionar las graves consecuencias humanitarias del conflicto ni las denuncias por ataques contra civiles y niñas en una escuela.

Durante la entrevista, Milei defendió el nombramiento del nuevo ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, y rechazó que represente a la “casta” política que él mismo prometió combatir.

También negó que su designación tenga relación con los vínculos de Mahiques con el mundo del fútbol o con dirigentes de la AFA, como Claudio “Chiqui” Tapia o Pablo Toviggino, pese a las conocidas relaciones personales y encuentros sociales.

Para sectores críticos del Gobierno, en cambio, la llegada de Mahiques al Ministerio de Justicia responde a la necesidad del oficialismo de tener mayor control político sobre un área clave en momentos en que avanzan investigaciones sensibles, como la causa por la estafa vinculada a criptomonedas o el escándalo por supuestas irregularidades en la agencia de discapacidad que involucra a su hermana Karina.

“Necesito un ministro que resuelva problemas, no que venga a aprender”, justificó Milei, quien además aclaró que por ahora no impulsará cambios en la Corte Suprema, en lo que fue interpretado como un gesto de tranquilidad hacia el máximo tribunal.

El presidente también volvió a cargar contra el peronismo en el Congreso y defendió su estilo confrontativo. “Le di una domada a los kukas en el Congreso”, afirmó. Y agregó: “Estas personas son enemigos políticos. Quieren destruir la economía. Son ignorantes, maleducados y violentos”.

En la misma línea, Milei aseguró que no permitirá que le ocurra lo mismo que al expresidente Mauricio Macri. “No me van a llevar puesto como a Macri. Él tiene el manual de las formas. Yo tengo un perfil más gladiador”, dijo. Se olvidó de decir que Mauricio Macri perdió las elecciones por el voto popular, no por el peronismo.

El mandatario también apuntó contra algunos grandes empresarios, a quienes acusó de actuar como “prebendarios y extorsionadores”. Entre ellos mencionó al industrial Javier Madanes Quintanilla y al grupo Techint, liderado por Paolo Rocca, al que cuestionó por los precios del acero y por supuestamente pretender privilegios del Estado.

En materia económica, Milei volvió a lanzar una de sus promesas más ambiciosas: que la inflación comenzará a caer nuevamente en los próximos meses.

“Pasado el primer trimestre, la inflación va a volver a caer. Entre junio y agosto va a empezar con cero”, aseguró.

En la misma entrevista también dejó entrever su intención de buscar la reelección en 2027 y sostuvo que su gobierno está logrando una fuerte recuperación económica y una reducción histórica de la pobreza.

Entre promesas de inflación cero, elogios a Trump y un nuevo ministro que ya no parece ser “casta”, Milei sigue construyendo su propio relato. Un país casi perfecto donde la economía crece, la pobreza baja y los problemas desaparecen.

El detalle es que ese país no queda en la Argentina. Queda, como en la novela, en Narnia.

 

 

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