
Una parte importante de la sociedad argentina se encuentra hoy profundamente decepcionada con las políticas del presidente Javier Milei. Incluso muchos de quienes lo votaron con la esperanza de que bajaría la inflación, mejoraría los salarios y pondría en marcha el crecimiento económico, hoy miran con preocupación el rumbo del país.
Nada de eso ocurrió. Cierran fábricas, aumentan los despidos, el consumo cae como no sucedía desde hace décadas, el crédito desapareció y los alquileres se volvieron impagables. Como si fuera poco, el Gobierno impulsa reformas que recortan derechos laborales conquistados durante décadas.
Sin embargo, pese a este panorama social y económico adverso, Milei mantiene todavía un núcleo cercano al 40 por ciento de apoyo. Y cuando se consulta a la sociedad sobre una alternativa política, el peronismo aún no aparece con la claridad que supo tener en otros momentos de la historia.
La situación recuerda aquel verso del tango Desencuentro: “Estás desorientado y no sabés qué trole hay que tomar para seguir…”. Una metáfora que refleja bastante bien el clima político actual: una parte importante de la sociedad percibe que el rumbo del país es incierto y que todavía no aparece con claridad una alternativa capaz de ordenar el camino.
El debate sobre la ampliación
El gran debate que atraviesa hoy al peronismo es hasta dónde debe ampliarse para construir un gran frente nacional capaz de ponerle freno al modelo de la “motosierra”.
En ese marco se inscribió la reciente visita de Miguel Ángel Pichetto a Cristina Fernández de Kirchner, con un mensaje claro: el peronismo debe “perdonarse” y dejar de discutir el pasado para enfocarse en el presente y el futuro. Tras ese encuentro, Pichetto participó de una actividad con Guillermo Moreno y luego dialogó con Sergio Massa, quien le respondió: “Me parece bien, metele para adelante”.
Cristina, por su parte, también se reunió días antes con Juan Grabois, una de las voces más críticas y ubicadas a la izquierda dentro del campo nacional y popular.
Estos movimientos reflejan el debate que atraviesa al espacio: cómo construir una mayoría política amplia sin perder identidad. Algunos dirigentes sostienen que el peronismo debe “abrirse sin límites” para enfrentar al gobierno libertario, en un esquema similar al que utilizó Lula da Silva en Brasil para derrotar a Jair Bolsonaro.
Otros, en cambio, advierten que una ampliación indiscriminada podría diluir las banderas históricas del movimiento.
Tal vez convenga recordar las palabras de John William Cooke, quien afirmaba que el peronismo es policlasista en su base social, porque reúne a sectores de distintas clases, pero no en su ideología, que debe estar siempre orientada a defender los intereses de las mayorías. Eso implica sostener como eje las banderas históricas del movimiento: justicia social, independencia económica y soberanía política, sumadas a la defensa irrestricta de los derechos humanos bajo las consignas de Memoria, Verdad y Justicia.
El camino de Axel Kicillof
En la mayoría de las encuestas, el gobernador bonaerense Axel Kicillof aparece hoy como la figura del peronismo con mayor proyección para enfrentar electoralmente a Milei.
De allí también proviene buena parte de la hostilidad del Gobierno nacional hacia la provincia de Buenos Aires, que en los últimos dos años dejó de recibir más de 22 billones de pesos en transferencias nacionales. Una cifra enorme que impacta directamente en la paralización de obras públicas y en las dificultades para sostener áreas clave como salud, educación y seguridad.
A pesar de ese contexto adverso, el peronismo bajo la conducción de Kicillof logró imponerse en las elecciones provinciales por más de 14 puntos y luego empatar en torno al 41 por ciento en los comicios nacionales.
En su discurso ante la Asamblea Legislativa bonaerense, Kicillof fue contundente: “Al empresario pyme, al industrial, al comerciante que quiere producir e invertir, le digo: no sos vos, es el rumbo económico. Al universitario, al artista, al emprendedor que no tiene ingresos, a los jóvenes que ya no pueden ni soñar con alquilar, al trabajador de plataforma que pedalea sin ver un futuro: No sos vos. ¡Es Milei!”.
El gobernador también llamó a construir una alternativa productiva, federal y profundamente nacional. El gobernador también fue claro: “Ninguna provincia se salva si el país se hunde; ningún sector se salva si la mayoría se hunde. No existe una ‘isla’ que prospere en un país que se desintegra”.
En ese marco, el próximo 17 de marzo se presentará el Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF), una usina de pensamiento destinada a elaborar propuestas concretas de gobierno.
El espacio estará coordinado por la exministra de Trabajo bonaerense Mara Ruiz Malec y articulará diversos centros de estudios vinculados a funcionarios, universidades y organizaciones sindicales. Entre ellos se encuentran el Instituto Argentina Grande, liderado por Gabriel Katopodis; el Grupo Atenas, que dirige Silvina Batakis; y los institutos de formación de las dos CTA. La idea es clara: pasar del diagnóstico a las propuestas.
La idea, después de la finalización del Mundial de Fútbol, es recorrer el interior del país, sin darle demasiada importancia a las fotos con dirigentes, sino llegar a la gente en su conjunto, como lo hizo en 2019 a bordo del Clío, llegando a cada plaza de pueblo y en un mano a mano con la gente.
Hay un camino
El desafío es claro: el peronismo debe presentar un nuevo decálogo, contundente y creíble, para recuperar la confianza de la mayoría del pueblo argentino.
Kicillof y todos aquellos dirigentes que sueñan con una Argentina más igualitaria deberán plantear propuestas claras y contundentes que lleguen a todos los que la están pasando mal. Recrear una esperanza en caso de llegar al gobierno con medidas concretas si se ganan las elecciones 2027:
- Aumento para jubilados y medicamentos gratuitos.
- Paritarias libres y recuperación del salario.
- Desarrollo económico con estabilidad de precios.
- Defensa de la educación y la salud públicas.
- Políticas firmes contra la inseguridad.
- Recuperación de la obra pública y la infraestructura.
- Sistema impositivo más justo para que paguen más quienes más tienen.
- Integración regional y fortalecimiento de América Latina.
Como decía Juan Domingo Perón: “La mitad de la tarea de un gobierno consiste en que el pueblo esté contento. El pueblo contento comienza el camino de la felicidad”.
El peronismo sabe mejor que nadie que no alcanza con denunciar los errores del gobierno de turno. La verdadera tarea es volver a enamorar a una sociedad cansada de promesas incumplidas.
Si logra recuperar sus banderas históricas, construir una mayoría amplia y hablarle con claridad a quienes hoy la están pasando mal, el movimiento que tantas veces fue dado por muerto puede volver a hacer lo que mejor sabe hacer en la historia argentina: levantarse cuando todo parece perdido.
Porque, al final del camino, cuando el pueblo vuelve a tener esperanza, la historia argentina suele cambiar de rumbo.
