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26 marzo, 2026
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Salarios en caída, consumo en picada y deuda en alza: la otra cara del “ajuste exitoso” de Milei

Desde que asumió la presidencia Javier Milei, los salarios formales perdieron frente a la inflación un 7,9%, consolidando un escenario en el que el consumo cae mes a mes en la Argentina y golpea de lleno a la vida cotidiana de millones de familias.

Un reciente relevamiento de la consultora Scentia confirma el deterioro: el consumo se desplomó un 6,3% en febrero. A esto se suma un dato alarmante sobre el endeudamiento de los hogares: la mora ya supera el 10,6% en entidades bancarias y alcanza el 27% en empresas no bancarias, reflejando el creciente ahogo financiero de amplios sectores sociales.

Los ingresos no logran recomponerse. Según datos del INDEC, los salarios públicos apenas crecieron un 1,8%, lo que implica una pérdida real del 1%. En el sector privado, el incremento fue del 2,1%, pero igualmente significó una caída del 0,7% en el poder adquisitivo. En otras palabras, trabajar ya no alcanza.

El impacto se ve con claridad en el consumo masivo —alimentos, productos de limpieza e higiene— que volvió a caer en febrero por segundo mes consecutivo, esta vez un 3,4% interanual, marcando la peor baja en un año. El retroceso fue generalizado en casi todos los canales de venta, con una caída del 5,9% en grandes supermercados y del 3,8% en autoservicios y comercios de cercanía.

Lejos de encontrar un piso, las perspectivas no son alentadoras. Para marzo, las principales cadenas ya recibieron listas con remarcaciones cercanas al 10%, lo que anticipa una nueva contracción del consumo. Además, la comparación será aún más dura frente a marzo de 2025, cuando el consumo había mostrado una leve recuperación.

Un indicador tan simple como contundente ilustra la magnitud del deterioro: el llamado “índice pizza”. En 2015, un salario mínimo permitía comprar 33 pizzas; hoy apenas alcanza para 12. El desplome del poder adquisitivo es tan evidente como brutal.

La situación se agrava al observar los ingresos generales: el 50% de los hogares vive con menos de 1.000 dólares mensuales, mientras que el ingreso medio individual ronda los 680 dólares. Más de la mitad de las familias percibe que sus ingresos corren por detrás de la inflación.

En paralelo, el mercado laboral también muestra señales preocupantes. La desocupación trepó al 7,3%, pero si se considera a quienes buscan trabajo activamente —incluyendo subocupados—, el número asciende al 12,7%. Es decir, hay millones de argentinos que no consiguen empleo o necesitan trabajar más para sobrevivir.

Mientras los números dibujan una economía cada vez más asfixiante, el Gobierno insiste en celebrar un ajuste que solo cierra en las planillas, pero no en la mesa de los argentinos. La pregunta ya no es si el modelo funciona, sino para quién: porque mientras el consumo se derrumba y los salarios se licúan, el “éxito” oficial empieza a parecerse demasiado a una ficción sostenida a costa del bolsillo —y la paciencia— de la sociedad.

 

 

 

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