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29 marzo, 2026
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A dos años de Milei: ajuste, desgaste y un peronismo obligado a ordenarse con internas este año

Por Alfredo Silletta

A dos años de gestión, el gobierno libertario muestra señales evidentes de desgaste. Lejos de las promesas de prosperidad, amplios sectores de trabajadores y de la clase media que acompañaron el proyecto hoy enfrentan una realidad marcada por salarios deteriorados, aumento del desempleo, caída del consumo, deterioro de la educación y la salud pública, alquileres impagables y una inflación que sigue golpeando el bolsillo.

El cuadro se agrava con una serie de escándalos que erosionan la credibilidad oficial: desde la polémica por la estafa cripto hasta denuncias por manejos irregulares en áreas sensibles y un crecimiento patrimonial de funcionarios que genera cada vez más sospechas. En ese contexto, las encuestas reflejan un retroceso notorio del oficialismo, que hoy perfora su techo electoral y se ubica muy por debajo del caudal con el que llegó al poder en 2023.

Sin embargo, la crisis del gobierno no se traduce automáticamente en una alternativa sólida. La oposición, y en particular el peronismo, sigue fragmentado, sin una conducción clara ni una figura que sintetice un proyecto común. Esa debilidad es leída por el oficialismo como una oportunidad: de allí su insistencia en eliminar o suspender las PASO, apostando a que la dispersión opositora le allane el camino.

En ese escenario, comenzó a tomar fuerza una propuesta clave: la necesidad de internas abiertas dentro del peronismo. El senador Sergio Uñac planteó la urgencia de convocar a elecciones partidarias antes de fin de año para definir un candidato competitivo de cara al próximo turno electoral.

No sería la primera vez. En 1988, la interna entre Antonio Cafiero y Carlos Menem marcó un punto de inflexión. Y en 2003, aún sin internas formales, el peronismo presentó varias candidaturas que, en conjunto, superaron ampliamente el 60% de los votos, permitiendo luego la consolidación del liderazgo de Néstor Kirchner.

Hoy, el mapa es más complejo. Distintos sectores comienzan a moverse: desde armados productivistas hasta espacios más ligados al kirchnerismo. También aparecen nombres en danza, aunque sin definiciones contundentes. Incluso Axel Kicillof, uno de los dirigentes con mejor proyección, evita por ahora lanzarse y apuesta a consolidar un programa antes que una candidatura.

El propio gobernador viene insistiendo en la necesidad de discutir ideas antes que nombres. En un reciente encuentro internacional, dejó una definición que resuena hacia adentro del peronismo: “No podemos ser tibios ni limitados: el campo popular debe transformar las estructuras productivas para mejorar la vida de los pueblos”.

Esa discusión de fondo es clave. El fracaso del último gobierno peronista dejó una enseñanza: no alcanza con la unidad electoral si no hay un programa claro, actualizado y capaz de interpretar un mundo en transformación. Repetir recetas del pasado ya no alcanza.

Por eso, la propuesta de internas no es solo un mecanismo electoral: es, sobre todo, una oportunidad para ordenar, debatir y reconstruir una alternativa real frente al modelo libertario.

El peronismo viene de una derrota dura y todavía no logra procesarla del todo. Pero si pretende volver a ser una opción de poder, necesita salir de la inercia, animarse a competir y ofrecer una propuesta que vuelva a interpelar a la sociedad.

Porque mientras el gobierno de Milei ajusta, recorta y promete un futuro que nunca llega, el peronismo sigue discutiendo en voz baja lo que debería gritar en la calle. Y la historia ya lo demostró: cuando el peronismo no se ordena a tiempo, no lo derrota la derecha… se derrota solo.

 

 

 

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