Mientras el gobierno insiste en mostrar una mejora en los indicadores y habla de una economía en recuperación, la vida cotidiana de millones de argentinos cuenta otra historia. Con el inicio de abril, se activa una nueva ola de aumentos en transporte, servicios, alimentos y gastos básicos que vuelve a golpear de lleno el bolsillo.
El transporte público encabeza la lista. El boleto de colectivos vuelve a subir bajo la fórmula atada a la inflación, con un adicional del 2%. El mínimo pasa a costar más de 870 pesos con SUBE registrada y supera ampliamente los 1.300 pesos sin registrar, encareciendo aún más la movilidad diaria.
En paralelo, las tarifas de luz y gas también se actualizan. En electricidad, los valores varían según el nivel de consumo y el segmento de ingresos, pero consolidan una tendencia alcista sostenida. En el caso del gas, se prevén incrementos de entre el 2% y el 3%, en el marco de un esquema de ajustes que continuará en los próximos años.
El agua tampoco queda afuera. La empresa AySA aplicará un aumento cercano al 4%, llevando la factura promedio mensual a casi 30 mil pesos, con valores aún más altos en zonas de mayores ingresos.
A esto se suman las subas en servicios esenciales como internet, cable y telefonía, con incrementos cercanos al 3,5%, y en las prepagas, que ajustarán sus cuotas hasta un 2,9%, incluyendo además aumentos en copagos y consultas.
Uno de los golpes más duros llega por el lado de los alquileres. Los contratos bajo el régimen anterior registran subas superiores al 30%, mientras que otros esquemas de actualización superan el 45%, haciendo cada vez más difícil sostener una vivienda.
En tanto, los combustibles siguen en alza y ya superan los 2.000 pesos por litro en algunos puntos del país, empujados por el contexto internacional pero también por una política local que traslada los costos directamente a los consumidores.
En este contexto, la suma de aumentos configura un escenario cada vez más complejo,
Mientras desde el poder celebran números que pocos sienten en la calle, abril llega con una certeza brutal: el ajuste no afloja y lo paga la gente. Porque en la Argentina de Milei, la inflación podrá desacelerarse en las palabras… pero en el bolsillo, cada mes duele más.
