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3 abril, 2026
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“Se nos acaba el negocio”: el sincericidio que desnuda el miedo en la Rosada

En la Casa Rosada el clima ya no es de euforia sino de tensión permanente. Según describen quienes frecuentan los despachos oficiales, tanto el presidente Javier Milei como su hermana Karina atraviesan días de malhumor, nerviosismo y reacciones cada vez más erráticas. El diálogo interno se vuelve difícil y la negación frente a los números de las encuestas —cada vez más adversos— parece ser la regla.

“Se nos acaba el negocio”, habría deslizado Karina Milei en un momento de furia, al tiempo que intenta sostener a toda costa a Manuel Adorni dentro del esquema de poder. Mientras tanto, el Presidente exige a su círculo más cercano ideas urgentes para recuperar la iniciativa política y, sobre todo, para tapar los escándalos que golpean al Gobierno.

La prioridad es clara: que la sociedad deje de hablar de las denuncias que rodean al jefe de Gabinete, en medio de los requerimientos judiciales impulsados por el juez Ariel Lijo. Sin embargo, la tarea se vuelve cuesta arriba. A eso se suma el ruido persistente por la estafa vinculada a criptomonedas, un tema que el oficialismo intenta contener con respaldo en sectores judiciales afines.

Pero los problemas no terminan ahí. En el Congreso ya se habla de una distribución escandalosa de créditos blandos del Banco Nación destinados a funcionarios y allegados a La Libertad Avanza. Algunos habrían recibido hasta 500 millones de pesos, mientras otros accedieron a cifras de entre 200 y 300 millones. Incluso se menciona el caso de Sharif Menem, de apenas 24 años, quien habría obtenido 357 millones. “Iban a cerrar el Banco Nación, pero terminaron usándolo para sus amigos. Son casta por donde se los mire”, disparan desde la oposición.

Frente a este escenario, el Gobierno busca retomar la agenda legislativa. Apunta a avanzar con la ley de Glaciares y el nombramiento de jueces afines, mientras negocia votos con las provincias. La estrategia incluye abrir la billetera: se prevén adelantos de coparticipación de hasta 400 millones de pesos, con una tasa del 15% de interés, para distritos como Catamarca, Chaco, Chubut, Corrientes, La Rioja, Mendoza, Misiones, Río Negro, Salta, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Tucumán. La orden presidencial, sin embargo, es tajante: “ni un peso” para la provincia de Buenos Aires.

En paralelo, crece la preocupación en el oficialismo por el posicionamiento de Axel Kicillof como principal referente opositor. Las encuestas lo muestran en ascenso y su reciente participación en la vigilia por los caídos en Malvinas, en Tierra del Fuego, dejó una foto incómoda para el Gobierno: un peronismo unido, con figuras como Gustavo Melella y Ricardo Quintela, además de legisladores nacionales.

Durante esa visita, y pese al frío extremo, Kicillof recibió muestras de apoyo y un reclamo cada vez más explícito: que sea candidato presidencial para enfrentar a Milei. En una provincia golpeada por la crisis industrial, el mensaje caló hondo.

Mientras el Gobierno grita, niega y reparte favores para sostenerse, la realidad avanza sin pedir permiso. Las encuestas ya no son un dato: son una advertencia. Y si en la Rosada siguen confundiendo poder con ruido, el problema no será la oposición… será el propio desgaste de un modelo que empieza a crujir desde adentro.

 

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