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10 abril, 2026
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Colectivos más caros, carne por las nubes y sueldos en caída: el ajuste al desnudo

El presidente insiste en que “todo está bien”, que el consumo crece y que el rumbo es el correcto. Pero en la calle, lejos de los discursos, la realidad golpea con fuerza: salarios deprimidos, despidos, industrias que bajan persianas y un costo de vida que no da respiro.

El transporte público es hoy uno de los símbolos más claros del deterioro. Tras el reciente paro de colectivos y la reducción de frecuencias dispuesta por las empresas —que en algunos casos alcanza el 30%—, viajar se volvió una odisea cotidiana. Como si fuera poco, el Gobierno habilitó un nuevo aumento del 5% en las tarifas del Área Metropolitana de Buenos Aires, profundizando el impacto sobre los bolsillos.

Según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política, el gasto en transporte ya representa el 47% de los servicios públicos dentro de la canasta de los hogares del AMBA, convirtiéndose en uno de los rubros más pesados. Es decir: moverse para trabajar o estudiar empieza a ser un lujo.

A la par, los alimentos siguen empujando la inflación hacia arriba. La carne vacuna registró subas promedio del 10,6% en marzo, pero algunos cortes populares treparon más del 20% en apenas un mes. El pollo incluso superó ese ritmo, mientras que el cerdo mostró incrementos más moderados. Comer, directamente, cuesta cada vez más.

Un informe del Centro de Estudios para la Recuperación Argentina (Centro RA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA revela la magnitud del problema: entre diciembre de 2023 y febrero de 2026, los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron un 182%, el equipamiento del hogar un 128% y la ropa un 106%. Algunos productos básicos se dispararon de manera escandalosa: el polvo para flan subió un 424,7%, el limón un 342%, el café molido un 308,2% y la lechuga un 292,9%.

Pero el golpe más duro se da en los servicios. El rubro de vivienda —que incluye alquileres, expensas, electricidad, gas y agua— acumuló un incremento cercano al 400%, muy por encima del promedio inflacionario. Dentro de ese paquete, el gas natural encabeza la lista con una suba del 766%, seguido por alquileres (423%), electricidad (370%) y agua (366%). Mantener un hogar se volvió, literalmente, impagable.

En este contexto, los sueldos corren muy por detrás o directamente se estancan. El resultado es previsible: la morosidad crece sin freno. Según la consultora 1816, en base a datos del Banco Central, la irregularidad en los pagos de los hogares alcanzó el 11,2% en febrero, acumulando dieciséis meses consecutivos de suba. Es el nivel más alto en décadas.

El endeudamiento familiar ya es crítico: se multiplicó más de cuatro veces desde octubre de 2024 y alcanzó niveles que no se veían desde principios de los 2000. Mientras tanto, las empresas también empiezan a mostrar señales de tensión, con una mora en ascenso que anticipa problemas mayores.

La economía puede mostrar algunos números ordenados en los papeles, pero la vida cotidiana cuenta otra historia: cada vez más argentinos quedan afuera de ese supuesto “orden”.

El Gobierno habla de éxito mientras la gente hace malabares para llegar a fin de mes. Cuando el relato se despega tanto de la realidad, ya no es una diferencia de interpretación: es negación. Y en la Argentina de hoy, negar la crisis no la resuelve… la agrava.

 

 

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