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14 abril, 2026
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De la economía crece como “pedo de buzo” a “paciencia”: el relato de Milei se cae a pedazos

Hace exactamente un año, un desafiante Milei decía en la Fundación Libertad que la economía iba a crecer “como pedo de buzo”. El jueves pasado apeló a X, su red social favorita, para pedirle “paciencia” a la sociedad. No es mucho, pero es algo. Acaso, lo más parecido a una autocrítica.

El presidente Javier Milei pasó, en un año, de afirmar que la economía “va a crecer como pedo de buzo” a pedirles “paciencia” a los argentinos ante la catástrofe económica que vive la mayoría de la sociedad. Bajos sueldos, despidos a mansalva en el Estado, cierre de fábricas, un transporte público cada vez más caro y de peor calidad, y tarifas que no dejan de subir.

A esta situación dramática de la economía se suman nuevos escándalos de corrupción: irregularidades en la Agencia de Discapacidad con cifras que llegan al 2.000%, los viajes y la compra de propiedades por parte del jefe de Gabinete en solo un año, y la estafa millonaria vinculada a criptomonedas que involucra al Presidente y a su hermana, donde se señala que el mandatario compró 10 líneas telefónicas prepagas para sus maniobras.

En este panorama, la última encuesta de la consultora Proyección deja una foto clara y contundente del presente argentino: el bolsillo manda, y hoy está cada vez más flaco. Los bajos salarios se consolidan como la principal angustia social y arrastran consigo un clima general de malestar que empieza a impactar de lleno en la política.

Más de la mitad de los consultados ubica a los ingresos como su mayor problema, muy por encima de la inseguridad, la inflación o la corrupción. No es casual: casi tres de cada cuatro argentinos (73,7%) aseguran que su situación económica personal empeoró en los últimos meses. La sensación de retroceso es masiva y se combina con otro dato igual de fuerte: el 57% tuvo que endeudarse para llegar a fin de mes.

El panorama a corto plazo tampoco ayuda. Predomina el pesimismo: cerca de un 60% cree que su situación seguirá mal o empeorará, mientras que el índice de expectativas económicas sigue cayendo y ya se acerca a niveles críticos.

En este contexto, la mayoría de la sociedad (casi un 58%) ya habla directamente de crisis económica, y crece la porción que responsabiliza al gobierno actual por la situación. Sin embargo, aparece una paradoja clave: pese al deterioro, una parte importante todavía cree que el oficialismo tiene más capacidad que la oposición para resolver los problemas.

La imagen del gobierno cae y el rechazo supera a la aprobación, mientras que los escándalos de corrupción —como el caso que involucra a Manuel Adorni— empiezan a erosionar la credibilidad oficial. Para casi un 60%, se trata de un hecho grave.

Aun así, el escenario electoral sigue abierto. La Libertad Avanza mantiene una leve ventaja en intención de voto, pero ya en situación de empate técnico con el peronismo. En un eventual balotaje, la diferencia se achica y deja un final completamente incierto.

El dato de fondo es otro: el apoyo al gobierno ya no es sólido, sino frágil y condicionado. La economía aprieta, la paciencia se acorta y el humor social empieza a moverse.

Porque cuando la heladera está vacía, no hay relato que alcance. Y cuando la paciencia se convierte en bronca, el poder deja de administrar expectativas para empezar a rendir cuentas. Ahí es donde empieza la verdadera prueba: no la del discurso, sino la de la realidad. Y hoy, para millones de argentinos, ese examen ya está desaprobado… y con aplazo.

 

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