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La Plata
25 octubre, 2020
PAÍS

Cristina suspende el acto del 7 para realizar uno masivo en marzo

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner junto a los organizadores del primer plenario de dirigentes para el próximo 7 de diciembre decidieron suspenderlo para marzo a raíz que miles y miles de dirigentes del todo el país querían participar del encuentro. De allí que decidieron pasarlo para el mes de marzo y realizar un gran acto con la militancia y Cristina Kirchner.

En un comunicado publicado hace minutos, los organizadores expresan que:

“A raíz de la desbordante cantidad de referentes de todo el país inscriptos e inscriptas para participar -que ya duplicaba la capacidad del lugar-, se decidió la suspensión hasta marzo de la 1ª Convocatoria Federal Kirchnerista (CFK), que se iba a realizar el próximo miércoles 7 de diciembre en el microestadio de Ferrocarril Oeste, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los organizadores habían previsto para la próxima semana un primer encuentro nacional de 2.000 referentes con Cristina Fernández d de Kirchner, que continuaría en la primera quincena de marzo con un Congreso Programático y un acto militante. Debido a las enormes expectativas generadas y el creciente número de inscriptos e inscriptas se decidió unificar la reunión de dirigentes con las actividades previstas para marzo de 2017.

_“El formato que estimamos fue totalmente desbordado por la voluntad de ser parte, porque el kirchnerismo está más vivo que nunca y son miles y miles los dirigentes y muchísimos más los y las militantes que quieren estar junto a Cristina en esta 1ª Convocatoria Federal Kirchnerista. Es imposible contener toda esa fabulosa expectativa y sería contradictorio con el espíritu de la reunión que alguien que quiera participar no pueda hacerlo”_, explicaron los organizadores, quienes subrayaron que _“el lugar estaba preparado para una reunión con Cristina de hasta 1.895 personas, entre quienes habría referentes de distritos de todo el país, legisladores nacionales y provinciales, diputados y diputadas del Parlasur, intendentes, concejales, consejeros escolares y dirigentes políticos, sociales, sindicales y del mundo artístico y cultural”. “El kirchnerismo se moviliza, acompaña a su Jefa, se organiza en todos los barrios y ciudades del país y está acostumbrado a poner el cuerpo siempre. Por eso, la creciente expectativa y voluntad de participar nos obliga a suspender la actividad del miércoles 7, al mismo tiempo que nos alienta a trabajar con más intensidad para el Congreso Programático y el acto que realizaremos en marzo. Nos llena de orgullo que este proyecto popular y Cristina despierten semejante entusiasmo y ganas de ser protagonistas”_, sostuvieron los integrantes de las 20 organizaciones y sectores nucleados en CFK.

Aquí publicamos también el documento final de las organizaciones convocantes:

Militamos con Cristina por una nueva mayoría

En el último año, a partir de la llegada de Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación, Argentina ha experimentado un brusco cambio de rumbo político y económico. El móvil que arma todas las políticas públicas de Cambiemos es el de una enorme transferencia de ingresos desde los sectores populares -incluida una gran parte de la clase media- hacia la cúspide del poder económico. La mega-devaluación del peso, el pago a los fondos buitres, la quita de retenciones a los sectores agroexportadores y mineros, la eliminación de las intervenciones estatales destinadas a controlar el alza de precios, la inflación en los bienes de la canasta básica, la eliminación de subsidios y el tarizafo en los servicios básicos y el transporte, el freno a la obra pública, la creciente desocupación y la desarticulación de programas destinados a los sectores más humildes y las capas medias, entre muchas otras decisiones de Macri, no dejan ninguna duda de este sesgo socialmente regresivo de su Gobierno. Lo refuerzan el debilitamiento de las regulaciones estatales que facilitó la invasión de artículos importados en perjuicio de amplios sectores de nuestra industria, de la ocupación y el salario de los trabajadores, el proceso de liberalización financiera y de apertura indiscriminada de las importaciones y, particularmente, el endeudamiento de la Nación, casi sin antecedentes por la combinación de sus enormes volúmenes y el vertiginoso ritmo en el que se contrajo. Este endeudamiento, debemos subrayarlo, se publicita como condición para el desarrollo (como siempre se lo hizo a lo largo de la historia), pero se evidencia en pura especulación financiera, fuga de divisas y enajenación de nuestra soberanía económica, con destino final en la quiebra de las arcas nacionales.

El proceso de redistribución regresiva tiene un evidente correlato institucional en el debilitamiento del Estado de Derecho que produce la toma de decisiones a través de decretos presidenciales y convalidaciones parlamentarias sin el más elemental debate y a través de mayorías formadas de un modo político poco claro. Se regresa a la peor tradición de nuestro pasado cuando se reprime o se criminaliza la protesta popular; siendo el encarcelamiento de la diputada del Parlasur Milagro Sala y la persecución sistemática e ilegal contra la organización que dirige, el punto crítico de esa política. La libertad de Milagro no es hoy solamente un reclamo popular argentino, sino también el objeto de una demanda formal de la ONU que compromete el prestigio internacional ganado en los últimos años por nuestro país en materia de derechos humanos.

Sectores corruptos del Poder Judicial son utilizados en todo tipo de operaciones mediáticas y de inteligencia unánimemente orientados a atacar a Cristina Kirchner y a un conjunto de personas identificadas con nuestras políticas; al mismo tiempo que se estigmatiza a la militancia kirchnerista y a quienes desempeñaron tareas en el Estado en los últimos 12 años y medio como “grasa militante” que debe ser extirpada. Se utiliza como herramienta legitimadora del ajuste una combinación permanente entre la demonización de los gobiernos kirchneristas y la apelación a presuntas propiedades mágicas del libre mercado para traer un imaginario futuro de bienestar popular. El desempeño de los medios hegemónicos, encabezados por el Grupo Clarín, es central en la estrategia de Macri y su Gobierno de ricos y corporaciones, tanto para instalar falsas denuncias y difamar a Cristina y al kirchnerismo,

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como para esconder la crisis socioeconómica que vive el Pueblo y promocionar funcionarios y políticas públicas que solo favorecen al mundo de los negocios y los mercados.

Es necesario entender el revanchismo contra nuestra referente y nuestra experiencia de Gobierno no solamente como una cuestión de odio, sino como una estrategia política. La desautorización histórica hacia el Proyecto Nacional, Popular y Democrático, que lidera Cristina, es necesaria para bloquear la emergencia de una alternativa real a las actuales políticas. No pudieron lograrla -a pesar de sistemáticos intentos- bajo la forma de un derrumbe de nuestro Gobierno, lo que hubiera facilitado la justificación del brutal ajuste y escarmentado cualquier intento de recuperar un rumbo nacional, popular y democrático. Por eso, necesitan la unánime e incesante artillería mediática, apoyada en la corrupción judicial y en la reconstrucción del peor esquema de servicios de inteligencia. La vigencia del liderazgo de Cristina, con su arraigo intenso y positivo en la memoria de los sectores más humildes y gran parte de la clase media, es la peor amenaza para el plan de las corporaciones que llegaron con Macri para saquear el Estado y profundizar la desigualdad. Por eso la persiguen y por eso denostan a jueces, juezas y fiscales que honran su compromiso democrático y que no se pliegan a la estrategia de denunciar, imputar, procesar o condenar sin pruebas.

No se puede decir que Macri es la dictadura; pero tampoco corresponde afirmar que estamos viviendo en un Estado de Derecho pleno. Hay un Estado autoritario y profundamente arbitrario, que causa un sensible debilitamiento de la calidad democrática y la intervención corporativa de muchos resortes y dependencias del Estado, que se ponen indisimuladamente al servicio de la ambición económica y los privilegios de las minorías. Para avanzar sobre los pasos dados a favor de la igualdad están avanzando también sobre los pasos dados a favor de la libertad.

Con el propósito de suavizar el impacto de las medidas impopulares que encararon durante estos doce meses debieron, además, inventar una crisis e instalar que una supuesta “pesada herencia” obligaba a la toma de decisiones drásticas; decisiones que afectaron directamente a los sectores pobres y las capas medias, a los trabajadores y trabajadoras, a los comerciantes, los pequeños y medianos empresarios, las cooperativas, los pequeños productores o las economías regionales. Inventaron una crisis heredada, que no existía, para justificar la crisis que ellos mismos generaron con sus políticas.

El argumento neoliberal de la expectativa en el derrame de la riqueza de los sectores concentrados hacia los sectores populares no alcanza por sí solo para generar expectativas. Por eso debe ser alimentado por el odio, que se activa cínica y permanentemente bajo la insólita fachada de “unir” a los argentinos. Con apelaciones recurrentes de referentes, operadores y periodistas del oficialismo a “terminar con la grieta”, se enmascaró y enmascara el ensanchamiento y la profundización de la grieta más dolorosa que sufren los argentinos y argentinas: el abismo de la desigualdad entre una inmensa mayoría popular cada vez más pobre y una intensa minoría privilegiada cada vez más enriquecida; minoría a la que pertenece el conjunto del staff presidencial, empezando por Macri, su familia y sus amigos.

En un clima social inicial de expectativas favorables, en donde la penetrante operación mediática logro instalar que el cambio de gobierno era algo bueno en si mismo, independientemente de cual fueran sus políticas, el Gobierno aprovechó para producir

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drásticas políticas como la rendición incondicional ante el juez Griesa y los fondos buitres y la virtual derogación de la ley de servicios de comunicación audiovisual, además de la puesta en marcha del brutal ajuste antipopular. Algunos pseudopositores acompañaron las decisiones del macrismo bajo el argumento de la “la gobernabilidad”, conformando un dispositivo político de complicidad en el que se sustentaron las votaciones de leyes contra el Pueblo y la soberanía nacional. Los favores de esos especuladores les permitieron salirse transitoriamente de la mira de la artillería mediática y judicial desplegada por el oficialismo.

Ese tiempo ha ido cambiando: las expectativas iniciales han disminuido sensiblemente y se activaron diversos e importantes resortes de la acción popular en defensa de sus derechos. Sindicatos, organizaciones sociales, multisectoriales de diverso tipo han ido expresando en la calle el rechazo a la política del Gobierno. Son trabajadores y trabajadoras, estudiantes, pequeños y medianos empresarios y comerciantes, académicos, el mundo del arte, la cultura, la ciencia y la técnica, los beneficiarios de políticas sociales que se anulan, los productores de las economías regionales, un vasto abanico de fuerzas de diversa condición social y modo de pensar, los y las que se han movilizado y se movilizan en defensa de sus derechos. Ese nuevo clima social puede promover y facilitar el proceso de unidad social favorable que impulse un giro hacia la construcción de una nueva agenda política que de cuenta de la realidad que se esta tornando dramática para cada vez mas amplios sectores de la sociedad argentina.

En el último mes se produjo, además, un acontecimiento internacional de consecuencias aún difíciles de mensurar en plenitud. La política de ajuste antipopular que se viene articulando con restricciones groseras de las libertades públicas también se cimentó sobre la adaptación plena de nuestro país a la estrategia de Estados Unidos. Después del resultado de las elecciones en ese país quedó en suspenso la gran apuesta norteamericana hacia una generalización global de los acuerdos de libre comercio. El Gobierno de Macri había mostrado un gran entusiasmo por esa línea, que entraña una enorme amenaza para la soberanía, la seguridad y el nivel de vida en los países emergentes. Las políticas enunciadas por el electo presidente Donald Trump se orientaron en una dirección diferente para Estados Unidos, menos globalizadora y más proteccionista. Una vez más, nuestro país se ve innecesariamente involucrado en el resultado de políticas ajenas, en lugar de reforzar una política soberana que le permita actuar con flexibilidad ante las diversas coyunturas mundiales.

La proclamada inserción en el mundo no fue otra cosa que el restablecimiento de las tristemente célebres “relaciones carnales”, abandonando la política internacional independiente y abdicando de la integración latinoamericana y los vínculos con los distintos bloques de poder mundial desde una identidad propia y soberana. Como no podía ser de otra manera, esta nueva política de sumisión ha resignado la reivindicación de soberanía sobre nuestras Islas Malvinas.

Entramos ahora en un período en el que la política argentina tendrá en su agenda central las elecciones legislativas del año próximo. Quienes hemos sostenido y sostenemos estos doce años y medio como una experiencia de ampliación de derechos, expansión de las posibilidades transformadoras de la política, redistribución progresiva del ingreso, recuperación del aparato productivo, reindustrialización y avance en la defensa de nuestra soberanía nacional, estamos obligados a una profunda reflexión sobre lo que está ocurriendo en el país. Necesitamos mirar más lejos que el plazo que fija un calendario electoral. Los

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partidos políticos tienen el legítimo derecho -y la obligación ante sus seguidores- de preocuparse por las próximas elecciones. Pero cuando se asiste a encrucijadas tan profundas como las que enfrenta nuestro país, es necesario repensar y redefinir el futuro de la propia identidad partidaria no solo, como siempre, desde la perspectiva del interés de la Patria y del Pueblo, sino también desde la necesidad imperiosa de construir un nuevo frente político y social que repare lo que los argentinos y argentinas están sufriendo con estas políticas. No es la victoria de un espacio político o el otro lo que tenemos en nuestro horizonte más o menos inmediato, sino la de crear la herramienta que posibilite al pueblo argentino defender sus derechos.

Estamos a tiempo de evitar que esta nueva experiencia neoliberal consolide y reproduzca los peores momentos vividos por nuestra sociedad. Nada peor que cruzarse pasivamente de brazos y dedicarse a especulaciones que pueden ser importantes pero que son menores desde el punto de vista histórico. Nuestra tarea es la de construir y aportar a la construcción de un amplio espacio de representación política y social que enfrente los abusos, defienda derechos y cree las condiciones para retomar un rumbo de sensibilidad social y afirmación de nuestra soberanía. Debemos militar y trabajar en unidad por una nueva y más diversa mayoría, para ganar en 2017 y volver mejores en 2019.

No estamos hablando de un simple regreso a la realidad de diciembre de 2015, sino de reconstruir una Argentina de derechos que se encamine, como lo hizo hasta entonces, hacia la justicia social, en base al desarrollo nacional, la soberanía política y la independencia económica. La recuperación de un rumbo popular en nuestro país exige un diálogo valorativo y a la vez crítico de nuestra experiencia reciente. Es necesario sacar conclusiones sobre las causas que hicieron posible el advenimiento de un modelo regresivo como el actual, en el que las elites privilegiadas arribaron al Estado ya no mediante un golpe cívico militar ni mediante la cooptación de dirigentes de partidos populares, sino a través del voto soberano de un poco más de la mitad de nuestros y nuestras compatriotas.

Amén de esa mirada reflexiva, valorativa y critica -reflexión sincera y presente que hacemos en todos los espacios kirchneristas y que nada tiene que ver con la falsa “autocrítica” demandada por colaboracionistas del oficialismo-, somos conscientes de que lo que el establishment y sus voceros cuestionan es lo que más nos llena de orgullo. Nos critican y denuncian porque el Proyecto Nacional, Popular y Democrático, con el liderazgo de Néstor y Cristina, rompió el molde de la política tradicional, pateó la mesa en la que las corporaciones quisieron y quieren que se dirima el poder y enfrentó a los privilegiados con una firmeza y una profundidad inesperada e inaceptable para ellos.

Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner -los mejores desde el primer peronismo, según nuestro realista y como tal verificable punto de vista- chocaron con la roca dura de la Argentina conservadora: con la extorsión de los que trabajaron todo el tiempo para el final desastroso de la experiencia y fracasaron en su intento; con la mentalidad ampliamente difundida que parte del supuesto de que los progresos de individuos y familias son producto exclusivo de su propio esfuerzo e independientes de la vida política y económica del país; con el oportunismo y el carrerismo político de quienes consideran su propio lugar político como una conquista individual y no como una obligación ante su pueblo; con el error siempre latente de sobreestimar las propias fuerzas y subestimar la de los adversarios; con una

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estructura jurídica, empresarial, cultural y mediática que favorece las conductas conservadoras y penaliza a las transformadoras.

Nuestra recuperación -no la de un gobierno de determinado signo, sino la del Pueblo, la Democracia y la Nación- demandan hoy una enorme amplitud y generosidad que se debe nutrir de las diversas tradiciones políticas y culturales de nuestro pueblo. Los colores de una Argentina justa, libre, soberana y democrática no son los de un sector sino los de una mayoría que tenemos que construir poniendo a un lado enfrentamientos que no hacen a lo esencial. La confrontación es la misma de siempre: entre proyecto neoliberal y proyecto nacional; entre corporaciones y Pueblo. Y los y las kirchneristas estuvimos, estamos y estaremos junto al Pueblo y frente a las corporaciones. Siempre.

Las fuerzas que enfrentamos son tan poderosas que no se puede ignorar la imprescindible importancia de la unidad de lo diverso para confrontar con lo antagónico. Lo plural se fortalece en el reconocimiento de las múltiples identidades convergentes. Hay dos cuestiones que serían imperdonables, resignar la disputa en los espacios políticos y en la agenda electoral en nombre de un presunto principismo, y no apostar con todas nuestras fuerzas a la unidad de los sectores populares y sus organizaciones.

Los partidos, agrupaciones y organizaciones que integramos esta 1a Convocatoria Federal Kirchnerista, pertenecientes a distintas tradiciones políticas que el kirchnerismo atraviesa y representa, nos reconocemos como una parte del movimiento nacional, popular y democrático. Tenemos en común principios y convicciones; nos movilizan e invitan a seguir siendo protagonistas de la historia los mismos sueños y los mismos ideales que guiaron a millones de luchadores y luchadoras populares a lo largo de nuestra historia y la del continente; la misma pasión y la misma sed transformadora que encarnó el compañero Néstor Carlos Kirchner desde su juventud hasta su temprana partida. Y nos abraza el compromiso de sentirnos expresados y expresadas, liderados y lideradas por la compañera Cristina Fernández de Kirchner, militante referente de todos y cada uno de nosotros y de millones de argentinos y argentinas que ansían reconstruir un país para todos y todas.

Nos identifica pensar que la experiencia que hizo nuestro pueblo entre 2003 y 2015 fue la expresión más avanzada, en las décadas posteriores a 1955, de un proyecto de nación soberana, socialmente inclusiva, plenamente democrática e integrada al mundo a partir de nuestra pertenencia a la Patria Grande. Fuimos protagonistas de un proceso de recuperación nacional que logró sacar al país de las ruinas del neoliberalismo; un proceso que recuperó la autoestima nacional, no sobre la base de arengas abstractas sobre la alegría o la felicidad, sino a través de la recuperación del salario, el empleo, la protección de los más vulnerables, la industria nacional, la actividad universitaria, científico-técnica, artística y cultural, la memoria, la verdad y la justicia sobre el pasado infausto de la dictadura cívico-militar.

Insistimos: quienes formamos este espacio no expresamos la totalidad del movimiento nacional y popular que transformó y volverá a transformar nuestra Patria. Como decía Néstor, no tenemos la verdad absoluta sino una verdad relativa que puede aportar a la unidad. Creemos firmemente en que la tarea es la construcción de una nueva mayoría política y social, cuyo único límite está y estará entre quienes quieren presentarse como garantes más seguros y confiables del orden neoliberal y quienes anhelemos transformar realmente y en

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profundidad la realidad en una dirección favorable al Pueblo y a la Nación. No será con palabras solamente que se construyan esas recíprocas garantías; lo que acredite la seriedad del rumbo son y serán las conductas políticas, la disposición a enfrentar el rumbo neoliberal y a fortalecer una alternativa distinta.

Esta 1a Convocatoria Federal Kirchnerista expresa un sentido de pertenencia política, social y cultural que hoy existe en nuestro pueblo más allá de las formas y de las estructuras. No es una construcción terminada sino una convocatoria permanente.

La identidad kirchnerista, nacida de la experiencia de los gobiernos de Néstor y Cristina, hija de la potencia plebeya de los movimientos populares de nuestra historia nacional y nuestra América morena, está más viva que nunca.

Después de la derrota electoral, lejos de dispersarse y retroceder como muchos pronosticaban, el kirchnerismo continúa latiendo, vibrando en el corazón de nuestro Pueblo. Está presente en cada barrio, en cada plaza, en las universidades, en las escuelas, en las fábricas, en los sindicatos. Está vivo en cada rincón de la patria, reivindicando esa experiencia, contribuyendo a la organización popular contra los atropellos del Gobierno, militando a favor de la unidad sindical, social y popular para defender cada derecho.

Para representar esa identidad kirchnerista tenemos el desafío de articular, coordinar e impulsar la iniciativa popular; para reunir los recursos políticos, sociales, culturales, comunicativos, organizativos que hoy están dispersos y por lo tanto débilmente aprovechados; para unificar posiciones ante las situaciones coyunturales y darle así más potencia a nuestro mensaje político; para promover la presencia y actividad en nuestro espacio de todos aquellos que quieran hacer su aporte a esta causa, con independencia de la organización a la que pertenezcan o a que carezcan de militancia orgánica.

Por ello, al tiempo que continuaremos y acentuaremos nuestro protagonismo en la defensa de los intereses populares, marcharemos hacia la realización de un Congreso Programático del Proyecto Nacional, Popular y Democrático, en marzo de 2017, que va a terminar con un gran acto y movilización de toda la militancia.

Con el liderazgo y la potencia de Cristina, con la fuerza y la capacidad de movilización de cada uno de estos espacios y referentes kirchneristas, con la pasión y los sueños de una militancia maravillosa que jamás bajó los brazos, y con la decisión de abrazar a los millones de argentinos y argentinas que anhelan una Argentina para todos y no para pocos, nos damos a la tarea de unir aún más nuestras fuerzas, sin creernos los únicos ni autosuficientes, para confluir, ampliar y sumar en la construcción de un gran frente nacional popular y democrático que re diseñe y consolide un nuevo espacio que permita recuperar el rumbo de crecimiento e inclusión social.

 

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