8 julio, 2020

Historia de un boludo (y otras boludeces)

Por Dante Augusto Palma. Esta semana conocimos a un boludo que pretendía ingresar a la ciudad con sus tablas de surf en la camioneta. Apenas lo detuvo el control en la ruta, los medios ya lo habían tildado de “boludo” en los zócalos. Al menos hasta ese momento no había cometido ninguna ilegalidad pues volvía desde Brasil y se dirigía a su casa. Pero cumplía con todas las características del chivo expiatorio: bronceado, cara de nene de mamá, buen pasar económico, algo prepotente con los prepotentes periodistas y lo inaudito: ¡llevaba tablas de surf en un país en cuarentena! La lapidación pública fue absoluta.

Ahora bien, la aparición de este supuesto boludo, según periodistas y opinión pública, me hizo pensar en otras boludeces que se andan diciendo y que mencionaré a continuación:

 

Boludez 1: los que están afuera son antipatria y merecen quedarse donde están

 

Sinceramente me parece una boludez y lo llamativo es que quienes afirman esto suelen pertenecer a la misma clase social y haber realizado ese tipo de viajes en el pasado. Es más: muchos de los que tienen pasajes para los próximos meses a esos mismos destinos se burlan y exigen castigo. ¿Ha sido una irresponsabilidad viajar en medio de una pandemia? Sí, yo no lo hubiera hecho. ¿Nos da gracia que esos boludos que publicaban en sus redes sociales fotos desde el aeropuerto diciéndole “Chau” a la Argentina y puteando a Alberto, ahora apelen a la solidaridad y le pidan a Papá Alberto que los traiga de vuelta? Sí, nos da gracia y por eso compartimos el meme que afirma “No le regales el avión, enseñales a volar”, para que muchos de ellos reflexionen cuando piden a los pobres que aprendan a pescar. Pero aun esos boludos merecen estar en su casa y ni hablar todos aquellos que siguen varados y que estaban afuera por trabajo, estudio, o porque simplemente juntaron una guita durante todo un año para irse a Brasil. Entiendo las razones del gobierno de postergar los regresos y hasta creo que tiene razón. Lo que no justifico es esa especie de ensañamiento contra el que está afuera especialmente porque, insisto, proviene de aquellos que podrían estar en esa misma situación. Y una última curiosidad: muchos de los que se burlan y piden castigo son progres que votaron a Alberto y defienden el Estado de Bienestar, la solidaridad y a cualquiera que sea víctima de algo por el simple hecho de considerarse víctima. Pero en este caso no. Parece que estar de viaje te transforma en un victimario, un ser vil que le ha robado algo a alguien. Es casi un “algo habrás hecho”.  ¡Tenés que pagar! ¡Se te tiene que castigar porque nosotros estamos acá en cuarentena! ¡Cerdo capitalista!

 

Boludez 2: hay gobernantes buenos que eligen la vida y gobernantes malos que eligen la economía

 

Gran boludez repetida hasta el hartazgo. Parecería que de un lado están los gobiernos que nos gustan decretando cuarentenas y defendiendo la vida; y, del otro lado, los gobiernos que nos disgustan, aquellos que están en contra de frenar el funcionamiento cotidiano de sus países. En este último grupo encontraríamos a Trump, Bolsonaro y Johnson (también está López Obrador pero a ese lo dejamos pasar porque nos gusta). De una manera u otra, con sus estilos, sus exabruptos, sus actitudes injustificables y todo lo que podemos decir de ellos, hicieron y hacen todo lo posible para no alterar el normal desarrollo de la vida económica y social. Los epidemiólogos, la experiencia cercana y la evidencia indicarían que estos presidentes están equivocados pero ellos esbozan un argumento que podría resumirse así: parar el país por un virus que igualmente nos va a atacar se transformaría en un remedio peor que la enfermedad. Sin dudas, en algunos de los mencionados y en sus seguidores, existe la idea de que conviene sacrificar viejos y pobres antes que afectar a los poderes concentrados pero cuando se habla de defender la economía no se habla solamente de calculadoras y gente rica. La economía también es gente, también sos vos. Nadie duda que entre la salud y el dinero todos elegimos la salud pero la decisión no es tan lineal ya que la relación entre la salud y el dinero es compleja. Por las dudas lo aclaro: creo que lo que hace Alberto es lo correcto pero lo que quiero decirles es que escuchemos otras razones también en vez de cerrarnos por el simple hecho de que se trata de los gobiernos que no deberían gustarnos. Porque si se para la economía, incluso en términos del sistema de salud, el saldo puede ser grave igualmente. Quizás no por el coronavirus pero sí por otra serie de padecimientos a los que se verá enfrentada la población, sin contar, claro está, con la posibilidad cierta de un estallido social. Pocos los dicen, pero cuando nos piden que nos quedemos adentro, los que podemos cumplirlo somos los que tenemos un “adentro” donde quedarnos. ¿Y los que no lo tienen? ¿Y aquellos que lo tienen pero ese adentro es un infierno del cual es preferible escapar? Por último, y como para que se comprenda esta boludez. En algún momento pensé comenzar esta columna de la siguiente manera: con los 15 días de aislamiento la Argentina evitó 300 muertes. ¿Por coronavirus?  No, por accidentes de tránsito, ya que el promedio es de 20 muertos por día. Ahora imaginen un gobierno que recién asumido afirme: “yo privilegio la salud por sobre la economía y, por ello, decreto que no se pueda transitar más en auto, camión, etc. Sabemos que esto afectará la economía del país pero salvaremos más de 7000 vidas. ¡Vamos! ¡Todos a tomar sus bicicletas!”.

¿Les resultaría razonable ese gobernante? Claro que no. Y sin embargo estaría privilegiando la salud por sobre la economía. Entonces, no repitamos boludeces. Brindemos argumentos para defender una posición que, en mi caso, coincide con la que tomó el gobierno hasta ahora. Pero slogans no.

 

Boludez 3: el mundo ya no será el mismo después de esta pandemia

 

Boludez que se repite espasmódicamente. A todos nos excita ser testigos de un hecho histórico. Todos soñamos con decirles a nuestros hijos: “yo estuve ahí”; “yo presencié tal o cual cosa”. Y la verdad es que nadie sabe qué va a pasar el día después de la pandemia. Es casi como jugar a la ruleta. El filósofo esloveno Slavoj Zizek, algo ansioso y a contramano de aquella sabia frase que indica que la filosofía llega tarde ya que intenta explicar las cosas una vez que sucedieron, escribe un libro sobre Coronavirus que acaba de salir publicado. Allí afirma que la pandemia resignificará el mundo ya que pone en jaque al capitalismo financiarizado pero también al modelo comunista chino. Asimismo, indica, el virus golpeará a los populismos estilo Trump porque quedaría en evidencia que el nacionalismo cerrado no es posible, de lo cual se sigue que, poscoronavirus, iremos hacia un modelo en el que deberán florecer los vínculos de asociación y solidaridad entre personas y también entre Estados; frente a ello, el filósofo coreano Byung Chul Han, sale a responder que, por el contrario, el día después del coronavirus se exacerbará lo peor del capitalismo. ¿Por qué? Porque al actual sistema se le agregará la eficacia del control y la vigilancia que la tecnología le ha permitido llevar adelante a países como China que, según él, son capitalistas en lo económico pero autoritarios en lo político. Mi intuición me acerca a Byung Chul Han antes que a Zizek porque entiendo que en el caso de este último, más que un diagnóstico, hay voluntarismo pero sinceramente no sé qué va a ocurrir. Lo interesante es que los dos filósofos mencionados tampoco lo saben.

 

Boludez 4: el cumplimiento de la cuarentena es el triunfo del sentido colectivo por sobre el individualismo

 

Gran boludez. Como si la experiencia de 2015 en Argentina hubiese ocurrido hace 100 años. Nos repetíamos que habíamos ganado la batalla cultural, que la patria era el otro, pero el kircherismo se deshacía en guerras intestinas propiciadas, en muchos casos, por referentes, más o menos importantes, que lo único que buscaron fue salvarse individualmente sin importarle el destino del espacio ni de los que habían dado todo por él. La respuesta del electorado fue contundente: el 51% de la gente votaría la antítesis de todo lo que se había pregonado durante 12 años.

¿Ahora volvemos a decir que por aplaudir a los enfermeros por el balcón los argentinos asumimos la importancia del rol del Estado? ¿En serio lo estamos creyendo? ¿Lo estamos creyendo por desmemoriados o porque todo el periodismo lo está repitiendo cerrando filas como si se estuviera frente a una guerra? ¿Tan ingenuos seremos nuevamente? El gobierno está obligado a insuflar un sentimiento patriótico, de unidad, y si yo fuera presidente haría lo mismo. Pero no soy presidente y puedo tratar de pensar que las razones para obedecer una cuarentena son múltiples. Muchos lo hacemos por tener conciencia de que la salida a esta situación es colectiva y porque sabemos que el imperativo categórico nos dice que no debemos hacer lo que no nos gustaría que otros hicieran. Pero hay gente que obedece la cuarentena por razones estrictamente egoístas o por estar aterrorizada.

No estoy aquí para juzgar cuál es la mejor razón para obedecer. Simplemente describo para que luego no nos decepcionemos cuando, pasada esta situación, buena parte de los argentinos vuelvan a actuar como no nos gusta.

Por todo esto, antes de decirle boludo al boludo de las tablas de surf, tratemos de no repetir boludeces. No sea cosa que terminemos dándonos cuenta que, al fin y al cabo, los boludos éramos nosotros.

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