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La Plata
7 julio, 2022
PAÍS

Cristina marca la cancha: pide más peronismo ante el tibio rumbo del Gobierno, antes de que sea demasiado tarde

Por Eduardo D’Argenio.- Si hay algo que volvió a quedar patentizado ayer, es la más que justificada conmoción que generan todas y cada una de las presentaciones públicas de Cristina Kirchner. Es que, a la expectativa que despierta tanto en propios como extraños, entre quienes la aman y la odian, ella es consciente de lo que provoca.

Así como hace un mes y medio en Chaco marcó lo que sería el comienzo del fin de Matías Kulfas como ministro de Producción, y en el centenario de YPF, frente a Alberto Fernández le recomendó que “use la lapicera” para administrar las tensiones sociales “en favor de las grandes mayorías”, en las últimas horas no hizo más que buscar despertar a un Gobierno peronista que, por la inacción de “funcionarios que no funcionan”, están arriando las banderas… del peronismo.

Esta vez, en Avellaneda, la vicepresidenta, que una vez más defendió el rol del Estado, brindó una clase práctica de economía para precisar cómo la brutal evasión impositiva explica parte de la inflación que padecemos. Sabido es que el ministro Martín Guzmán no es precisamente de su agrado, y hacia su tibia gestión le dedicó parte de su discurso.

En esa dirección, lanzó: “La economía argentina produce dólares que se evaden. Hay un festival de importaciones”, y que “si tenés una empresa multinacional de esa magnitud, como Techint, pedile que esos 200 millones de dólares que tienen que pagar a sus subsidiarias las financien ellos. Estas cosas son también usar la lapicera. No hace falta pelearse ni agarrarse de los pelos”.

También disparó con munición gruesa –sin necesidad de nombrarlo- contra Claudio Moroni, el desdibujado ministro de Trabajo, reivindicando a quien se desempeñó al frente de esa cartera durante su gestión, el hoy embajador en México, Carlos Tomada.

Y el Movimiento Evita fue otro de sus blancos, cuando enfatizó que “las políticas sociales no pueden seguir tercerizadas. El Estado debe recuperar ese rol y transparentar. Eso no es peronismo, el peronismo es laburo, trabajo. No es depender de un dirigente barrial para que me dé el alta y la baja”. Para despejar cualquier duda sobre el destinatario de su frase, remató: “Si Evita los viera, ¡mamita!, ¡mamita!…”.

Pero fueron sus duras invocaciones a un Gobierno que, para enfrentar no pocas situaciones críticas en los hechos se aleja de sus raíces peronistas, lo que se convirtió en la columna vertebral de su discurso de 70 minutos. La imagen era la de alguien que es consciente de lo que genera, pero que al mismo tiempo siente las ataduras de no poder avanzar un paso más, y al menos conformarse con el intento de sacudir y abrir mentes en una estructura rígida que no se anima a enfrentar a quienes tendría que enfrentar, para corregir el rumbo y demostrar, en los actos, que para las elecciones 2023 no todo está perdido.

“No me interesa quedar bien con ningún funcionario, ¡me importa un pito! Me importa quedar bien con la sociedad, con los argentinos, con los que confiaron en nosotros y nos votaron”, disparó sin medias tintas CFK en uno de los puntos más altos de su alocución.

Y, para que no queden dudas hacia dónde dirigía sus filosas palabras, remató: “No olvidemos de dónde venimos y por qué ganamos, y no lo hagamos únicamente por ganar las elecciones, ¿ganar para no cambiar nada? Mejor, quedarse en la casa”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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