Mientras el gobierno de Javier Milei autoriza aumentos masivos en las tarifas y garantiza ganancias extraordinarias a las empresas energéticas, casi un millón de usuarios de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense se quedaron sin luz en la antesala de Año Nuevo, en medio de una ola de calor sofocante. El colapso del servicio volvió a tener un nombre propio: Edesur.
El apagón se produjo durante la madrugada de este miércoles como consecuencia de una falla en una subestación de la empresa distribuidora. A las 1.30, el impacto alcanzó a cerca de un millón de usuarios, que atravesaron la noche sin energía eléctrica, sin ventiladores, sin aire acondicionado y, en muchos casos, sin agua.
Aunque con el correr de las horas el suministro comenzó a restablecerse de manera parcial, el problema persistía entrada la mañana. Según datos oficiales del ENRE, a las 10.25 todavía había más de 11.800 usuarios sin luz en el área de Edesur y casi 600 en Edenor, confirmando que el sistema sigue funcionando al límite.
El corte afectó con fuerza a barrios porteños como Recoleta, Monserrat, Barracas, La Boca, Villa del Parque y Villa Crespo, uno de los más castigados por la interrupción del servicio. También hubo múltiples zonas del sur del Gran Buenos Aires sin suministro, en una noche sin alivio térmico y con temperaturas que no bajaron de los 30 grados.
Desde Edesur admitieron la magnitud del apagón. Cerca de las 2 de la madrugada, la empresa informó en redes sociales que una falla en la Subestación Bosques había provocado una afectación en distintas subestaciones de la Ciudad y el conurbano. Prometieron una reposición “gradual y por etapas”, la misma explicación de siempre.
Tarifas en alza, servicio en caída
El apagón se produce apenas días después de que el Gobierno anunciara nuevos aumentos en la luz y el gas y profundizara el retiro de subsidios, bajo el argumento de “sincerar” precios y evitar el atraso tarifario. En los hechos, el resultado es claro: facturas más caras y un servicio cada vez más precario.
Mientras los usuarios pagan tarifas dolarizadas, las empresas no invierten lo necesario para evitar cortes masivos. El Estado, lejos de sancionarlas, las premia con nuevos incrementos y mira para otro lado cuando el sistema colapsa.
El modelo es simple y brutal: tarifazo para la gente, ganancias garantizadas para las empresas y oscuridad para los barrios. En plena ola de calor, con millones pagando boletas impagables, el Gobierno vuelve a demostrar de qué lado está. La energía falla, pero el negocio no. Y como siempre, el costo lo paga el usuario.
