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6 enero, 2026
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El imperio en marcha: Trump amenaza que va por Cuba, Colombia y Groenlandia tras el ataque a Venezuela

Luego del brutal ataque contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, Donald Trump dejó en claro que la ofensiva no termina en Caracas. Lejos de bajar el tono, el expresidente estadounidense y actual jefe de la Casa Blanca volvió a exhibir su doctrina sin rodeos: avanzar sobre Cuba, Colombia y hasta Groenlandia, un territorio perteneciente a Dinamarca, miembro pleno de la OTAN.

Mientras Maduro y su esposa Cilia Flores enfrentan hoy un tribunal estadounidense, Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, explicitaron cuál es el verdadero objetivo de la intervención: apropiarse del petróleo venezolano y reforzar el control geopolítico de Estados Unidos sobre zonas estratégicas del planeta.

Groenlandia: la amenaza que sacude a Europa

Trump fue aún más lejos al reiterar su intención de avanzar sobre Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa. “La necesitamos desde el punto de vista de la seguridad nacional”, dijo ante periodistas durante un vuelo de regreso a Washington, asegurando que la isla está “rodeada de barcos rusos y chinos”.

Las declaraciones encendieron alarmas en Europa. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, respondió con dureza: recordó que Estados Unidos no tiene ningún derecho a anexar Groenlandia y subrayó que su país ya otorga amplias garantías militares a Washington en el marco de la OTAN. “Groenlandia no está en venta”, sentenció.

Trump, fiel a su estilo, se burló de las capacidades defensivas danesas y ridiculizó los esfuerzos de seguridad del país escandinavo, profundizando una crisis diplomática con uno de los aliados históricos de Estados Unidos.

Cuba vuelve a la mira

En paralelo, Cuba volvió a quedar en el centro del discurso agresivo de Washington. Marco Rubio lanzó una nueva advertencia a La Habana y acusó directamente al gobierno cubano de haber protegido a Maduro antes de su captura. “Fueron cubanos los que custodiaban a Maduro”, afirmó en una entrevista televisiva, asegurando que La Habana controlaba incluso la inteligencia interna venezolana.

Desde Cuba, el gobierno confirmó que 32 oficiales murieron durante la operación militar estadounidense y el presidente Miguel Díaz-Canel fue categórico: “No son tiempos de medias tintas, son tiempos de definiciones y de tomar partido frente al fascismo y la barbarie imperial”.

Trump, por su parte, celebró el impacto económico que la caída de Maduro tendría sobre la isla, golpeada por décadas de bloqueo. “Cuba está cayendo”, dijo con cinismo. “Y va a caer aún más”.

Colombia: el siguiente objetivo

La escalada no terminó allí. Trump también apuntó directamente contra Colombia y su presidente Gustavo Petro, a quien calificó de manera ofensiva como “un hombre enfermo que consume cocaína y la vende a Estados Unidos”.

La administración Trump ya había sancionado en octubre a Petro, a su familia y a un funcionario de su gobierno por supuestos vínculos con el narcotráfico. Además, Estados Unidos incluyó a Colombia en la lista de países que “no cooperan” en la lucha contra las drogas, reduciendo la asistencia económica por primera vez en casi tres décadas.

Consultado sobre la posibilidad de una operación militar contra Colombia, Trump fue brutalmente explícito: “Me suena bien”.

No hay ambigüedades ni discursos humanitarios que lo disimulen: Trump volvió a activar la lógica del garrote imperial. Petróleo, territorios estratégicos y gobiernos alineados son los verdaderos objetivos. Venezuela fue el primer golpe, pero la amenaza ya se extiende sobre Cuba, Colombia y hasta Europa. El mensaje es claro: quien no se somete, será castigado. Y una vez más, América Latina vuelve a ser el tablero donde el imperio juega sin reglas.

 

 

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