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8 enero, 2026
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Horas oscuras y sueños rotos: que los sesenta vuelvan a buscarnos

Por Alfredo Silletta

El mundo —y en particular América Latina— atraviesa horas oscuras. La invasión directa de Estados Unidos a un país de la región marca el regreso explícito del imperialismo más nefasto, ese que ya no se disfraza de diplomacia ni de derechos humanos. Vuelven las bombas, los secuestros, la tutela militar y la lógica brutal del poder que decide quién gobierna y quién cae.

No se trata de un hecho aislado ni de una exageración retórica: es una señal disciplinadora para toda la región. Cuando un país intenta salirse del libreto, administrar sus recursos o ejercer soberanía, el castigo llega rápido. Hoy es Venezuela; ayer fueron Irak, Libia o Afganistán; mañana puede ser México, Colombia, Cuba o cualquier nación latinoamericana que se atreva a desafiar el orden impuesto.

En medio de esta noche densa, surge una pregunta incómoda: ¿qué quedó de aquellos años sesenta revolucionarios, creativos y desobedientes? De los jóvenes que enfrentaban al sistema mundial no solo con armas, sino con ideas, música, colores, cuerpos y sueños. En California fue el hippismo; en París, el Mayo Francés con su consigna inolvidable: la imaginación al poder. En América Latina, fueron el rock nacional, la Revolución Cubana, la vuelta de Perón, Camilo Torres, el Che en Bolivia y la certeza de que otro mundo era posible.

Por estas horas vuelve a mi memoria una pintada del Mayo Francés que todavía arde como una herida abierta: “Cuanto más hago la revolución, más ganas tengo de hacer el amor. Cuanto más hago el amor, más ganas tengo de hacer la revolución”.

¿Dónde están hoy esos jóvenes que soñaban con cambiarlo todo?

¿Dónde están las canciones de Tejada Gómez, de la Negra Sosa, de Benedetti, de Víctor Jara, de Quilapayún, de Daniel Viglietti, de Zitarrosa, de Silvio Rodríguez o de Pablo Milanés? ¿Dónde quedaron esas canciones que nos emocionaban cuando éramos jóvenes, solidarios y creíamos que la historia podía torcerse con la fuerza colectiva?

¿Dónde están los libros de Fanon, Sartre, Trotsky, Camus, Hernández Arregui, Jauretche, Abelardo Ramos o Scalabrini Ortiz? ¿Dónde quedaron los sueños de liberación nacional, de emancipación del Tercer Mundo y de una forma de pensar sin tutelas ni rodillas en el suelo?

Que nos pasó que no pudimos transmitir esos sueños a nuestros hijos o nietos.

La historia se repite con crueldad. Estados Unidos vuelve a actuar como gendarme global, esta vez con lacayos locales —Milei, Bolsonaro y compañía— dispuestos a arrodillarse y besarle los zapatos a Trump. Hemos retrocedido demasiado, y no por falta de memoria, sino por falta de coraje político.

Quedan algunas luces tenues: Claudia Sheinbaum, Lula, Petro. Pero la pregunta duele: ¿y el peronismo dónde está? Perdido en internas mezquinas, cuidando bancas, sellos y cargos, mientras el mundo se incendia y los pueblos vuelven a pagar el precio del sometimiento.

Cuando el imperialismo avanza, la neutralidad es una forma de traición. No alcanza con administrar lo posible ni con sobrevivir en silencio. La historia no recuerda a los prudentes: recuerda a los que se animaron a decir no. Tal vez sea hora de volver a escuchar a Perón, de recuperar la memoria y de entender que sin rebeldía no hay futuro, y sin coraje no hay patria.

Aquí les dejo un audio de Perón a ver si recuperamos la memoria:

 

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