Olmos evocó en la Cámara de Diputados una canción que, según relató, cantaba en su juventud durante los años en que el peronismo estaba proscripto.
“Me enseñaron mis compañeras y compañeros de la Resistencia un himno que a algunos les puede sonar antiguo, pero que conserva plena vigencia”, expresó. Y recitó:
“Oligarca caballero,
prototipo del negrero,
que explotaste al obrero
sin tenerle compasión.
Ha sonado la campana,
anunciando un nuevo día
para el pueblo que veía
en Perón su salvación.
¡Perón, Perón!”
La intervención no fue casual. En el contexto del debate por la reforma laboral, la cita funcionó como una señal política clara: vincular el presente con una memoria histórica de conflicto entre capital y trabajo.
La referencia remite a los años de la Resistencia peronista, cuando, tras el golpe de 1955, el movimiento fue prohibido y sus militantes perseguidos. En ese clima, las canciones y consignas se convirtieron en formas de identidad y resistencia cultural.
Al traer ese himno al recinto, Olmos buscó instalar una lectura: que el debate actual no es meramente técnico ni administrativo, sino parte de una disputa histórica por los derechos laborales y el modelo social argentino.
La escena dejó algo más que una anécdota musical. Fue un recordatorio de que, en la política argentina, las viejas estrofas nunca suenan del todo viejas.
