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La Plata
26 febrero, 2021
PAÍS

Martín Guzmán se prueba el traje político para consolidar el mensaje de “tranquilizar la economía”

Martín Guzmán estrenó en los últimos días un nuevo perfil, más político, y por lo tanto alejado de las discusiones técnicas con el Fondo Monetario Internacional y de los monitores en su despacho con indicadores financieros en vivo y en directo.

De hecho, el ministro de Economía encaró desde la semana pasada una suerte de “road show” federal para defender la política económica y marcar el rumbo que tendrá la pospandemia.

El primer paso fue en la Universidad del Comahue, en Neuquén. Y ayer tuvo una segunda escala en la Facultad de Ciencias Económicas, de Entre Ríos. El objetivo de la nueva función de Guzmán es ser él mismo el canal de comunicación de la idea de agenda a futuro que ensaya el Gobierno en un año en que, además de poner a prueba los soportes de una economía que viene de sufrir el golpe más fuerte en dos décadas a raíz de la pandemia, decidirá parte de su suerte política en las elecciones legislativas.

En realidad, el joven funcionario empezó a ganar notoriedad -y autoridad- en el gabinete después de haber resuelto con éxito la primera parte de la reestructuración de la deuda con los acreedores privados.

El título de su exposición -y una idea con la que viene insistiendo desde su primera aparición pública como ministro- es “tranquilizar la economía”.

La presentación de Guzmán está compuesta por distintos tramos. Primero, un repaso sobre la volatilidad histórica de la economía argentina, en la que además define cómo es una economía “que no es noticia”, una dirección hacia la que apunta: genera empleo, crece sin vaivenes, tiene bajos niveles de inflación y estabilidad de ingresos y, por último, hay condiciones de previsibilidad.

Después pasa por un diagnóstico de la situación actual y de los factores que llevaron a la coyuntura económica marcada por la cuestión sanitaria a raíz de la pandemia por el Covid. En ese sentido marca tres elementos: elevados déficits fiscales persistentes, financiamiento monetario amplio desde el BCRA y procesos de endeudamiento no sostenibles. Además, ponderó el problema del sistema tributario, al que califica como “poco eficiente y complejo de administrar”.

Una tercera etapa es lo que Guzmán denomina un “puente hacia una economía tranquila”. Para eso, el ministro prevé cuestiones como la “sostenibilidad fiscal”, es decir la reducción gradual del déficit fiscal, un ordenamiento de los niveles de deuda, una política de comercio exterior que beneficie las exportaciones y regulaciones al ingreso y salida de dólares que, reconoció, deben ser más leves a las que hay en la actualidad.

Y esta especie de “road show” por el interior del país incluye además contactos con empresarios locales y vinculados a la economía real, un tipo de actividades que Guzmán ya había iniciado en 2020 para sacarle su aura de funcionario técnico y ocupado de los desequilibrios financieros de la economía.

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