A Javier Milei y a su ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, se los ve desorientados, tensionados y al borde del colapso. En la Casa Rosada, lejos de la épica libertaria, predomina un clima de nerviosismo, internas y decisiones tomadas bajo presión.
Según describen quienes frecuentan los pasillos oficiales, el Gobierno funciona bajo una lógica de temor. La figura de Karina Milei concentra poder y disciplina, al punto de haber sido bautizada internamente como “la Rasputina”, en referencia a su influencia decisiva en cada movimiento del Presidente.
El trasfondo es un deterioro económico que ya impacta de lleno en la política. Las encuestas reflejan una caída de la imagen del Gobierno en un contexto de cierre de fábricas, aumento del desempleo, caída del consumo y salarios que pierden frente a la inflación. A ese escenario se suman los escándalos: la polémica por las criptomonedas, denuncias por recortes a sectores vulnerables y ahora los créditos millonarios otorgados a funcionarios y allegados desde el Banco Nación.
Frente a las críticas, el Presidente optó por redoblar la confrontación. En uno de sus mensajes más duros, Milei apuntó contra el periodismo: “A ver… Acto 1: periodista mezcla de operador e imbécil publica datos de créditos. Acto 2: periodista corrupto toma la noticia y mete gráfico para esparcir mentiras y opereta… ¿Cómo se llama la obra? Está claro que el problema no es solo las basuras inmundas que la van de periodistas”, escribió, ampliando sus acusaciones hacia editores y dueños de medios.
En paralelo, desde el entorno oficial comenzaron a instalar la idea de que la prensa crítica responde a intereses extranjeros, incluso vinculándola con Rusia, en un intento por desacreditar las investigaciones periodísticas.
Mientras tanto, la orden interna es sostener a los propios. Manuel Adorni quedó en el centro de la escena y el Gobierno salió a respaldarlo. Caputo fue uno de los encargados de hacerlo públicamente: “Lo de Adorni no afecta en nada ni al riesgo país ni a las inversiones. Lo que afecta es la volatilidad política. Mientras la alternativa sea el kirchnerismo, que es el infierno”, afirmó.
El ministro también defendió los cuestionados créditos del Banco Nación: “No hay nada de ilegal ni menos de inmoral. Yo le digo a todo el mundo, desde funcionarios hasta amigos, ‘vayan a tomar créditos hipotecarios’ porque es una oportunidad única”, sostuvo, intentando justificar una política que desde la oposición califican como privilegios para el círculo de poder.
Pero puertas adentro, el clima sigue siendo de extrema tensión. Las encuestas adversas, los escándalos acumulados y la dificultad para encauzar la agenda política profundizan la sensación de desgaste en un gobierno que, a pocos meses de iniciado, ya enfrenta su propia crisis interna.
Entre gritos en redes, defensas desesperadas y una “Rasputina” que ordena sin margen de error, el gobierno intenta sostenerse como puede. Pero cuando la realidad aprieta y el relato se agota, no hay tuit que alcance: el poder empieza a resquebrajarse desde adentro… y ahí es donde las caídas dejan de ser sorpresa para convertirse en destino.
