14 octubre, 2019

Por Federico Bernal//Sobre la corrupción. Una reflexión a propósito de Aldo Ferrer

Por Federico Bernal

En su habitual programa de radio, el periodista Nelson Castro arrancaba preguntándole a su columnista de política internacional sobre las repercusiones en diarios extranjeros del caso López. El columnista leyó entonces al New York Times, que destacaba los esfuerzos de Macri por combatir la corrupción y sus primeros frutos. Luego repasó la prensa española: Diario El Mundo, diario ABC y diario El País. Nos quedamos con este último, que pasamos a transcribirles. Su título “José López: el tesoro del pirata K”.

Diario El País: “Semanas antes, funcionarios judiciales buscaban tesoros enterrados en estancias patagónicas. Parecían el rey babilónico del cuento de Borges, que preguntaba cuál era el laberinto que su anfitrión había prometido mostrarle, mientras éste lo abandonaba en medio del desierto. El laberinto era, precisamente, ese desierto del que no pudo salir; del mismo modo que el tesoro buscado en la Patagonia, eran precisamente esas estancias infinitas, compradas con dinero sustraído a las arcas públicas.

La literatura parece graficar la corrupción en la Argentina. Como un pirata de los libros de Stevenson, Conrad y Salgari, el ex secretario de Obras Públicas enterraba un tesoro. Sólo falta ver con qué recurso de la imaginación, los magistrados justifican ahora seguir sin atar los cabos expuestos tan obscenamente.

Resulta inverosímil que el mapa de la isla del tesoro del pirata José López, no conduzca directamente al ex todopoderoso ministro de Planificación que tuvieron Néstor y Cristina Kirchner: Julio De Vido, hoy preso. Es también inverosímil que ese engranaje crucial del poder kirchnerista que fue De Vido, haya construido semejante máquina de recaudación ilegal sin el consentimiento y la dirección de sus jefes.

Si se impone la lógica más elemental, la lupa de la justicia se posará sobre las cabezas máximas del gobierno anterior. Pero cuando se trata de corrupción en Argentina, la lógica suele extraviarse en el escenario del teatro del absurdo”.

Esto nos dice la civilizada aristocracia española, transparente e impoluta, de donde los casos como López no sólo que abundan por decenas sino que dejan al ex funcionario argentino como un guisante al lado de la corrupción española, tanto en la mismísima península como en todos los países del mundo en los que su aristocrático empresariado decide tocar.

 

Pero la verdad es que todo esto es secundario. Debemos agudizar como nunca la inteligencia y el pensamiento nacional, popular y verdaderamente democrático para abordar la cuestión de la corrupción y de los corruptos. Miren, tuiteó Leopoldo Moreau en el día de ayer y citamos textual: “Un corrupto le hace más daño a la política y al proyecto nacional que toda la derecha junta”. No podemos más que estar absolutamente en desacuerdo.

La corrupción es inherente al ser humano. La corrupción cero es tan inalcanzable como la pobreza cero. Chorros y corruptos hay en todos los países, existen en todos los gobiernos más allá de su signo y color político. Pero hay una diferencia fundamental, estratégica. Y para analizar esto sírvase el lector de este texto maravilloso de Aldo Ferrer, de enero de 2009.

“La corrupción es un problema que tiene manifestaciones diversas, viene de lejos y se presenta prácticamente en todas partes. Tiene consecuencias graves sobre la actividad económica, el bienestar social, las economías nacionales y las relaciones internacionales y ocupa, por lo tanto, la atención del análisis económico. Simultáneamente con la integración de las redes de producción, comerciales y financieras, el problema se ha globalizado. Sus manifestaciones más importantes se vinculan con el narcotráfico, el lavado de dinero y el tráfico de armas.

Las relaciones internacionales han sido frecuentemente portadoras de la corrupción de las grandes potencias como sucedió, por ejemplo, en el siglo XIX, en las dos célebres guerras del opio de Gran Bretaña (acompañada en la segunda por Francia), contra China, para abrir su mercado interno a las importaciones de opio producido en las plantaciones británicas en India.

En la actualidad y en el pasado, se advierte que la corrupción no es un problema reducido a los países ricos, a los de desarrollo intermedio o los periféricos. Se presenta en todas partes. En el caso de los Estados Unidos, por ejemplo, ocurrió actualmente en los escándalos financieros conocidos y, a lo largo de su historia, en la colusión de intereses públicos y privados, como sucedió con los célebres robber barons o con el aparato militar e industrial denunciado, en su último discurso, por el presidente Eisenhower.

En China, se reprime con la pena máxima, a sujetos incursos en el delito de corrupción. El problema se plantea tanto en economías de lento crecimiento, como las de América latina, como en las emergentes de Asia, de más rápida expansión.

La resolución del problema requiere fortalecer las instituciones de la democracia y los órganos de control para identificar y reprimir los delitos vinculados con la corrupción. Los orígenes, tipología, prevención y represión de la misma merecen un estudio continuo.

En el plano universitario, en cátedras sobre la materia y, en estudios de posgrado, para el tratamiento sistemático de los alcances globales de la cuestión, su historia, el análisis comparado de países, la tipología, la prevención y la represión.

Tipología. Las formas en que la corrupción se manifiesta están fuertemente condicionadas por las circunstancias propias de cada país y que configuran su densidad nacional, entre cuyas condiciones constitutivas figuran las siguientes: integración de la sociedad, liderazgos con estrategias de acumulación de poder fundado en el dominio de los recursos propios, la estabilidad institucional, la vigencia de un pensamiento crítico nacional y, consecuentemente, políticas promotoras del desarrollo.

Atendiendo a la densidad nacional de cada país y la diversidad de situaciones y formas en que se expresa, puede intentarse una tipología del problema. Cabe distinguir, así, entre la corrupción periférica o cipaya y la vernácula.

La primera, suele suceder en países de débil densidad nacional, situación prevaleciente en aquellos que Raú