7 diciembre, 2016

Por Federico Bernal//Sobre la corrupción. Una reflexión a propósito de Aldo Ferrer

Por Federico Bernal

En su habitual programa de radio, el periodista Nelson Castro arrancaba preguntándole a su columnista de política internacional sobre las repercusiones en diarios extranjeros del caso López. El columnista leyó entonces al New York Times, que destacaba los esfuerzos de Macri por combatir la corrupción y sus primeros frutos. Luego repasó la prensa española: Diario El Mundo, diario ABC y diario El País. Nos quedamos con este último, que pasamos a transcribirles. Su título “José López: el tesoro del pirata K”.

Diario El País: “Semanas antes, funcionarios judiciales buscaban tesoros enterrados en estancias patagónicas. Parecían el rey babilónico del cuento de Borges, que preguntaba cuál era el laberinto que su anfitrión había prometido mostrarle, mientras éste lo abandonaba en medio del desierto. El laberinto era, precisamente, ese desierto del que no pudo salir; del mismo modo que el tesoro buscado en la Patagonia, eran precisamente esas estancias infinitas, compradas con dinero sustraído a las arcas públicas.

La literatura parece graficar la corrupción en la Argentina. Como un pirata de los libros de Stevenson, Conrad y Salgari, el ex secretario de Obras Públicas enterraba un tesoro. Sólo falta ver con qué recurso de la imaginación, los magistrados justifican ahora seguir sin atar los cabos expuestos tan obscenamente.

Resulta inverosímil que el mapa de la isla del tesoro del pirata José López, no conduzca directamente al ex todopoderoso ministro de Planificación que tuvieron Néstor y Cristina Kirchner: Julio De Vido, hoy preso. Es también inverosímil que ese engranaje crucial del poder kirchnerista que fue De Vido, haya construido semejante máquina de recaudación ilegal sin el consentimiento y la dirección de sus jefes.

Si se impone la lógica más elemental, la lupa de la justicia se posará sobre las cabezas máximas del gobierno anterior. Pero cuando se trata de corrupción en Argentina, la lógica suele extraviarse en el escenario del teatro del absurdo”.

Esto nos dice la civilizada aristocracia española, transparente e impoluta, de donde los casos como López no sólo que abundan por decenas sino que dejan al ex funcionario argentino como un guisante al lado de la corrupción española, tanto en la mismísima península como en todos los países del mundo en los que su aristocrático empresariado decide tocar.

 

Pero la verdad es que todo esto es secundario. Debemos agudizar como nunca la inteligencia y el pensamiento nacional, popular y verdaderamente democrático para abordar la cuestión de la corrupción y de los corruptos. Miren, tuiteó Leopoldo Moreau en el día de ayer y citamos textual: “Un corrupto le hace más daño a la política y al proyecto nacional que toda la derecha junta”. No podemos más que estar absolutamente en desacuerdo.

La corrupción es inherente al ser humano. La corrupción cero es tan inalcanzable como la pobreza cero. Chorros y corruptos hay en todos los países, existen en todos los gobiernos más allá de su signo y color político. Pero hay una diferencia fundamental, estratégica. Y para analizar esto sírvase el lector de este texto maravilloso de Aldo Ferrer, de enero de 2009.

“La corrupción es un problema que tiene manifestaciones diversas, viene de lejos y se presenta prácticamente en todas partes. Tiene consecuencias graves sobre la actividad económica, el bienestar social, las economías nacionales y las relaciones internacionales y ocupa, por lo tanto, la atención del análisis económico. Simultáneamente con la integración de las redes de producción, comerciales y financieras, el problema se ha globalizado. Sus manifestaciones más importantes se vinculan con el narcotráfico, el lavado de dinero y el tráfico de armas.

Las relaciones internacionales han sido frecuentemente portadoras de la corrupción de las grandes potencias como sucedió, por ejemplo, en el siglo XIX, en las dos célebres guerras del opio de Gran Bretaña (acompañada en la segunda por Francia), contra China, para abrir su mercado interno a las importaciones de opio producido en las plantaciones británicas en India.

En la actualidad y en el pasado, se advierte que la corrupción no es un problema reducido a los países ricos, a los de desarrollo intermedio o los periféricos. Se presenta en todas partes. En el caso de los Estados Unidos, por ejemplo, ocurrió actualmente en los escándalos financieros conocidos y, a lo largo de su historia, en la colusión de intereses públicos y privados, como sucedió con los célebres robber barons o con el aparato militar e industrial denunciado, en su último discurso, por el presidente Eisenhower.

En China, se reprime con la pena máxima, a sujetos incursos en el delito de corrupción. El problema se plantea tanto en economías de lento crecimiento, como las de América latina, como en las emergentes de Asia, de más rápida expansión.

La resolución del problema requiere fortalecer las instituciones de la democracia y los órganos de control para identificar y reprimir los delitos vinculados con la corrupción. Los orígenes, tipología, prevención y represión de la misma merecen un estudio continuo.

En el plano universitario, en cátedras sobre la materia y, en estudios de posgrado, para el tratamiento sistemático de los alcances globales de la cuestión, su historia, el análisis comparado de países, la tipología, la prevención y la represión.

Tipología. Las formas en que la corrupción se manifiesta están fuertemente condicionadas por las circunstancias propias de cada país y que configuran su densidad nacional, entre cuyas condiciones constitutivas figuran las siguientes: integración de la sociedad, liderazgos con estrategias de acumulación de poder fundado en el dominio de los recursos propios, la estabilidad institucional, la vigencia de un pensamiento crítico nacional y, consecuentemente, políticas promotoras del desarrollo.

Atendiendo a la densidad nacional de cada país y la diversidad de situaciones y formas en que se expresa, puede intentarse una tipología del problema. Cabe distinguir, así, entre la corrupción periférica o cipaya y la vernácula.

La primera, suele suceder en países de débil densidad nacional, situación prevaleciente en aquellos que Raúl Prebisch definió como periféricos y, en los cuales, en el marco de operaciones dolosas, se transfiere el dominio de recursos propios a intereses extranjeros. En los países avanzados y en los emergentes de rápido desarrollo, de sólida densidad nacional, en los cuales, los corruptos reciclan sus lucros en la propia economía nacional y el poder sigue concentrado en manos locales, prevalece la vernácula.

Se puede distinguir también, entre la corrupción circunstancial y la sistémica. La primera se configura en maniobras vinculadas con operaciones puntuales, su modalidad más notoria es la “coima” y consiste en el soborno, por un precio, de quien tiene autoridad de disponer de un activo o un servicio, que no le pertenece.

La sistémica consiste, principalmente, en adoptar decisiones y políticas que generan rentas privadas que perjudican el interés público. Las mismas suelen estar sectorialmente orientadas, por ejemplo, en normas referidas al sector financiero. De tal modo, es en esos sectores en donde se producen los hechos más graves.

En el caso argentino, son ejemplos notorios de corrupción sistémica, la imposición, en varios períodos, de un tipo de cambio sobrevaluado y la desregulación de los movimientos de capitales que culminaron en el endeudamiento hasta el límite de la insolvencia, generaron una masa gigantesca de rentas especulativas y fuga de capitales y deterioraron el aparato productivo y la situación social.

En los países avanzados y en los emergentes, con fuerte densidad nacional, la corrupción es generalmente circunstancial ya que, en tales países, por definición, la política económica tiende a promover el desarrollo y a defender los intereses nacionales. En los países subdesarrollados, de débil densidad nacional, suelen coexistir ambas tipos de corrupción, frecuentemente dentro del mismo hecho.

Por su dimensión y consecuencias, el hecho más importante de corrupción sistémica de todos los tiempos es la decisión de los gobiernos de las mayores economías del mundo de desregular las transacciones financieras globalizadas, la cual, generó un extraordinario mercado especulativo, que acaba de estallar en la actual crisis del mundo del dinero.

Una tercera categoría, diferencia entre la corrupción pública y la privada. La primera compromete a funcionarios públicos y la segunda a actores privados. Ambas son las dos caras de una misma moneda.

Puede distinguirse, por último, entre la corrupción globalizada inserta en redes delictivas transnacionales (como, por ejemplo, el lavado de dinero) y la endógena, vinculada con hechos y políticas producidos dentro de las fronteras nacionales.

Malos entendidos. El estudio de la corrupción debería ocuparse, asimismo, de aclarar una serie de malos entendidos, como los siguientes:

La corrupción es la causa principal del subdesarrollo. También países industriales y emergentes, registran hechos notorios de corrupción. No hay evidencias cuantitativas concluyentes que, en tales países, el problema sea menor que en los subdesarrollados. Pero, en estos últimos, las consecuencias son más notorias y nefastas por la pobreza y la desigualdad prevalecientes. Además, como en esos países subdesarrollados es donde tienen principalmente lugar la corrupción cipaya y la sistémica, sus consecuencias, sobre el desarrollo y el bienestar, son de más vasto alcance.

La corrupción es un problema particularmente argentino. Es posible que el problema sea aquí mayor que en algunos países y menor que en otros, pero no que singulariza a nuestro país.

El accionar del Estado es inherentemente corrupto. Existen organizaciones del Estado y funcionarios públicos, aquí y en el resto del mundo, transparentes y honorables. El problema afecta tanto a la actividad pública como a la privada.

La estrategia. Cuanto más se conozca el problema, más eficaces serán las medidas de prevención y represión de la corrupción. Probablemente nunca se logrará erradicar totalmente el problema. El objetivo alcanzable es reducirlo a la mínima dimensión posible.

Es preciso enfrentar el problema en todas sus manifestaciones. Cada tipo de corrupción puede ser atacado con medidas focalizadas.

Por ejemplo, la corrupción cipaya y la sistémica, deben ser enfrentadas con seguridad jurídica fundada en la solidez de los equilibrios macroeconómicos, la creación de espacios de rentabilidad para que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro interno sea la Argentina y políticas que defiendan el interés nacional. Todas las modalidades deben combatirse, además, con la transparencia y la justicia. Y la corrupción globalizada, movilizando a fondo la cooperación internacional.

Es preciso ubicar la lucha contra la corrupción en el marco de estrategias de desarrollo que movilicen el potencial del país, defiendan los intereses nacionales y promuevan la equidad y el bienestar. De otro modo, seguiríamos sometidos a los problemas que promovieron la corrupción, al mismo tiempo que frustraron el desarrollo de la Argentina y debilitaron el ejercicio de su soberanía”.

Reiteramos la frase de Moreau: “Un corrupto le hace más daño a la política y al proyecto nacional que toda la derecha junta”. Esto sólo puede ser verdad, en un Poder Judicial que sigue siendo pilar del neoliberalismo, pilar del saqueo, pilar de la corrupción cipaya, de la que empobrece a millones, de la que mata a decenas de miles por causas evitables y dispara la mortalidad infantil y de nuestros abuelos y abuelas.

No, señores y señoras, no caigamos en la trampa. La cabeza en alta, repudiando al escandaloso acto de corrupción del señor López. Pero por tener la cabeza en alta no la perdamos, que la corrupción que mata y esclaviza pueblos, en palabras de Ferrer la corrupción “cipaya” y la sistémica, es la que hoy está al frente de la Rosada. Y saber, además y por último, que casos como el de López podrán seguir apareciendo. Y que los chorros y los corruptos están en todas partes, y que no habrá gobierno nacional y popular que no los tenga.

En fin, cómo no va a doler que un ex funcionario del proyecto nacional robe al pueblo argentino. Pero más duele aún tener un Poder Judicial cómplice de las grandes estafas y genocidios al pueblo argentino; un poder mediático (hoy parece que reserva moral de la República) igualmente cómplice de genocidios, fusilamientos y robo al pueblo argentino. Lo que más duele, actuales funcionarios corruptos y procesados por decenas de miles de millones de dólares que nos son vendidos como impolutos salvadores de la democracia y soldados contra la corrupción del maldito populismo que todo lo corrompe. La corrupción cipaya y sistémica, es la que más duele y la que sigue vivita y coleando.

 

http://www.oetec.org

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