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La Plata
15 octubre, 2021
PROVINCIA

Qué hay detrás de la obsesión del macrismo por el voto electrónico

En las últimas horas, el gobierno nacional volvió a arremeter con la necesidad de recurrir al sistema del voto electrónico. El objetivo es para, supuestamente, evitar problemas, presentándolo como la solución a todos los males generados por una metodología que, como las boletas de papel, es mostrada como obsoleta, y más cuando el macrismo se quiere presentar como la opción para que la Argentina sea un país del primer mundo…

El escándalo generado por la burda maniobra que frenó el escrutinio de sufragios en la provincia, cuando Cristina Kirchner estaba a punto de superar a Esteban Bullrich, le cayó como anillo al dedo a la gestión de Cambiemos. A las denuncias presentadas por Unidad Ciudadana, respondieron con que la única alternativa será la adopción del voto electrónico.

Ayer la abogada Graciana Peñafort reivindicó el voto manual, ya que “permite distintas formas de auditoría y que, como está demostrado, su manipulación deja huellas”. Y agregó: “si tuviéramos voto electrónico, tendríamos el delito perfecto, porque se habrían borrado las huellas”.

El argumento oficial es que gracias a esa metodología se alcanzará la transparencia necesaria para el proceso electoral. Pero, ¿esa es la única razón? Teniendo en cuenta la composición empresarial de quienes integran el gobierno, ¿no existirá acaso otro tipo de intereses?

Beatriz Busaniche, de la Fundación Vía Libre, viene advirtiendo que “el voto electrónico no va a sumar nada y va a restar transparencia, auditabilidad y la capacidad del ciudadano de controlar la elección, teniendo en cuenta que el comicio va a quedar en manos de una empresa privada”.

Justamente, acerca de la empresa Indra, a cargo de la carga de datos, sostuvo que “cuando uno involucra empresas privadas hay que ver quiénes son los ejecutivos”, y recordó que, por ejemplo, el actual responsable de Reforma Política bonaerense, Manuel Terrades, ¡oh casualidad! viene de Indra. “Otros ejecutivos de Indra son ex Socma, y ex Correo” (empresas que fueron manejadas por el grupo Macri), por lo que  “hay que ver la puerta giratoria entre el Estado y las empresas”.

Otro dato: el ministro de Modernización, Andrés Ibarra, estuvo involucrado en una causa en la que se lo investigaba por abuso de autoridad y otros delitos por la supuesta compra de equipos y software para implementar el voto electrónico, pese a que el Congreso todavía no aprobó esa modalidad.

Concretamente, ya existía un acuerdo con funcionarios en Seúl para que Corea participe en la licitación de máquinas y software de voto electrónico, e incluso ya habían llegado las primeras máquinas al puerto de Buenos Aires.

Y, mientras tanto, no hay que dejar de observar el rol de Magic Software Argentina (MSA), una empresa excluyente que viene trabajando para el gobierno porteño desde hace diez años.

En la actualidad, de 295 países, solo siete utilizan el voto electrónico (de algún tipo y en alguna parte del proceso). Dos de ellos son europeos: Bélgica y Estonia; otros dos, asiáticos: India y Filipinas; y hay tres en América: Brasil, Venezuela y Estados Unidos (en este país, además, cada estado decide su sistema de votación, por lo que no todos lo hacen de la misma forma).

Hace décadas, esa lista era más grande. Pero algunos países (en su mayoría de los denominados “desarrollados”), después de implementar distintas versiones de voto electrónico, lo prohibieron. Entre ellos, Alemania, Finlandia, Holanda, Australia, Irlanda y Polonia.

Para que quede más claro: entre los 20 países que lideran el ranking de desarrollo humano de la ONU, solo Estados Unidos utiliza parcialmente alguna forma de voto electrónico. El dato no es  menor, porque estos países (los mejores en términos de calidad de vida, educación e ingresos de sus ciudadanos) también cuentan con la mejor capacidad económica y el mejor desarrollo tecnológico del planeta como para elegir votar con computadoras. Y sin embargo,  no lo hacen.

En definitiva, naciones ricas y poderosas como Alemania, Holanda y el Reino Unido descartaron el sistema por dos motivos: se demostraron repetidas fallas de seguridad, y no era compatible con la transparencia que requiere el voto, por lo que la tendencia en el mundo, en cambio, es la utilización de una boleta única en papel.

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