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La Plata
11 abril, 2021
PAÍS

Después del tibio “es con todos”, por fin Alberto decidió pasar a la ofensiva

Por Eduardo D’Argenio.- Pasaron 15 eternos meses del momento en que Alberto Fernández asumió la presidencia, y recién en las últimas semanas demostró que está decidido a tomar la iniciativa. Seguramente, como resultado de un análisis sobre la manera brutal en que el macrismo y los medios hegemónicos no dejaron (ni dejan) de ponerle piedras en el camino -a pesar de estar enfrentando una situación desconocida, como es la pandemia que afecta a todo el mundo- el jefe de Estado habrá llegado a la conclusión de que es hora de ir al frente con firmeza.

De esta manera, en ese repaso de lo que fue un 2020 tan difícil, lo más probable es que Alberto haya comprobado la ausencia casi absoluta de réditos por su política de “brazos abiertos”, de su mensaje “es con todos” y de la necesidad de buscar la unidad para salir adelante…

De ahí que, a partir de febrero, en todas sus apariciones públicas el presidente empezó a mostrar, por fin, un perfil más combativo, y en lugar del silencio o mirar para otro lado, elige no sólo atajar los pelotazos que le lanzan a diestra y siniestra, sino que va un paso más allá y no esquiva hacerle frente a las brutales campañas que lanzan Clarín, La Nación y sus medios satélites, y al mismo tiempo pone sobre la mesa dos temas que sacuden a los sectores del poder: revisación de la deuda externa contraída durante la gestión de Mauricio Macri, y la reforma judicial.

“Endeudar al país de ese modo, permitir que los recursos que ingresaron solo hayan posibilitado la más asombrosa fuga de divisas que nuestra historia registra y que la toma de semejante crédito haya sido resuelta entre gallos y medianoche, sin intervenciones jurídicas y técnicas previas, con total irresponsabilidad y a espaldas de este Congreso Nacional, no puede ser visto de otro modo que no sea una administración fraudulenta y una malversación de caudales públicos como nunca antes habíamos registrado”. Ese tramo del discurso del lunes pasado, fue suficiente para que se iniciara una nueva embestida, acusando al Gobierno de perseguir a sus predecesores.

Y ni hablar de cómo fue (es) la reacción en torno a la necesidad de aplicar cambios en la administración de Justicia. “Ataque” y “presiones” son dos de las palabras que reiteradamente aparecen en titulares y consignas demagogas y vacías de contenido lanzadas hacia la tribuna por Macri, Bullrich y compañía.

A manera de ejemplo, vale lo que dijo la ex ministra de Seguridad: “No vamos a dejar que este Gobierno haga un juicio tipo soviético”, y adelantó que “vamos a defender las cosas que hicimos”.

Por otra parte, el llamado presidencial a que el Poder Legislativo asuma un papel activo frente al Poder Judicial, fue de la mano de un reclamo por el fallido tratamiento de la reforma judicial y la ley de Ministerio Público, ambas con media sanción en el Senado, y trabadas en Diputados.

Tan bien aceitados tienen los engranajes entre el establishment judicial y los grandes medios que, creyéndose intocables y todopoderosos, no van a dar un paso atrás a la hora de enfrentar como sea al Gobierno. Y por supuesto, exteriorizan su espíritu de cuerpo y defensa corporativa.

De ahí que llegó la hora de tomar al toro por las astas y no rendirse ante esta virtual nueva guerra en la que está en juego, literalmente hablando, la supervivencia del país, a pesar de los embates que lleven adelante aquellos sectores que detentan el poder, convencidos como están de su eterna impunidad que, más temprano que tarde, debe llegar a su fin.

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