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La Plata
14 agosto, 2022
OPINIÓN PAÍS

El rumor como estrategia de la derecha y los medios hegemónicos para debilitar al Frente de Todos

Por Alfredo Silletta

La derecha odiadora, el establishment financiero y la oposición están decididos a que el peronismo deje el gobierno antes de finalizar su mandato o en palabras de Mauricio Macri que “todo explote” para implementar los ajustes más brutales.

Por estos días los rumores y las mentiras están en su apogeo, especialmente con la supuesta renuncia del presidente y el desabastecimiento de alimentos. En una reciente conferencia de prensa, una periodista militante de la derecha no dudo en preguntarle a la vocera Gabriela Cerruti sobre el rumor de la renuncia presidencial.  La respuesta de la portavoz fue contundente: “Me parece que esa pregunta no corresponde ni ser formulada ni ser respondida. Estamos trabajando, el Gobierno está trabajando y la verdad es que no pensamos en los rumores”.

Desde que asumió Silvina Batakis, con el apoyo masivo de Frente de Todos, hay un ataque especulativo para arrodillar el gobierno con el aumento del dólar blue y los productos de la canasta básica. Los medios hegemónicos se han sumado a esta campaña destituyente con los rumores sobre “desabastecimiento” en el café, los aceites, la comida para mascotas o el papel higiénico.  Toda una gran mentira que produce un gran desaliento en la población.

¿Qué hacer ante el rumor y como combatirlo? Es una respuesta difícil de responder, ya que es algo que acompaña a la sociedades a través de su historia. Según Gordon Allport y Leo Postman en su libro Psicología del Rumor, dos son las condiciones básicas necesarias para que un rumor prenda en la gente y circule: primero, el asunto del cuento deberá revestir cierta importancia, tanto para el que lo transmite como para el que lo escucha; luego, los hechos reales han de estar revestidos de cierta ambigüedad. El problema social del rumor surge del hecho singular de que el oyente lo recibe, no en función de las intenciones valorativas del relator, sino más bien como la exposición del hecho. Aun cuando el relator esté revelando el complejo emocional y cognoscitivo como crisol en el cual ha vaciado el incidente o el chisme, el oyente, si es tomado desprevenido, recibe la manifestación como expresión de una verdad comprobable.

El rumor, al igual que cualquier otra forma del discurso humano, es básicamente un fenómeno social. A veces sólo unas pocas personas lo utilizan y otras son millones que oyen y transmiten la voz antes de agotarla y dejarla en paz. Más allá del tiempo, el rumor siempre existió a través de la humanidad. Imaginar una sociedad sin rumores sería cerrar los ojos a la realidad. El rumor mandó a Sócrates a la muerte, acusado de pervertir a los jóvenes de Atenas e incitarlos a la rebelión. Durante la Edad Media, las guerras religiosas y las Cruzadas eran sostenidas recurriéndose a relatos exagerados de milagros, fechorías y pillajes. La Inquisición trajo el rumor de las brujas malvadas, y en la conquista de América las llamadas fuentes de la juventud eterna cuando el realidad se saqueaba el oro y la plata de los pueblos originarios.

Ya en las guerras modernas, la defensa contra el rumor en el frente interno tiene su contraparte en la ofensiva de rumores dirigida contra el enemigo. La guerra psicológica de los nazis se basaba principalmente en la estrategia de divide et impera y en la estrategia del terror.

El rumor en la historia política Argentina se ha usado desde el principio de nuestra independencia. Uno de los rumores más famosos fue aquel que convirtió a Manuel Belgrano en gay por su delicada y suave voz. Mucho tiempo después, casi al final del siglo pasado, se supo que el creador de la bandera era bastante mujeriego, que vivió sin casarse con varias mujeres y tuvo varios hijos, como lo refleja la escritora María Esther de Miguel en su libro Las batallas secretas de Belgrano. Una buena excusa para no hablar de sus grandes ideas para el desarrollo y el comercio en la región.

Otro ejemplo tremendo, ya en este siglo, tuvo como protagonista al general Juan Domingo Perón luego de su derrocamiento en 1955. En esos días circularon los más atroces rumores sobre su persona:  “Se robo el oro del banco Central o abusador de niñas adolescentes de la UES mientras les enseñaba a pasear en motoneta en la residencia presidencial”. La realidad, mucho más cruel, es que mientras circulaban esos rumores, los obreros peronistas eran fusilados en los basurales de José León Suárez y un perverso Mayor del Ejército, Eduardo Arancibia, a cargo de la custodia del cuerpo de Evita, practicaba necrofilia con el cadáver, como lo relata Tomás Eloy Martínez en su libro Santa Evita.

Mirtha Legrand es la diva de los rumores y con su sonrisa inocente se encargó muchas veces de expandirlos. En 1991, el gobernador Eduardo Duhalde estaba en el programa de los Almuerzos y la conductora le preguntó: “¿Dígame, doctor, es verdad que usted es narcotraficante, como se dice?”. Duhalde sorprendido intentó responder que él luchaba contra las drogas, pero ese rumor quedó en el imaginario de la población. Pasaron años y nunca el ex gobernador pudo sacarse ese estigma de manejar la droga en la provincia de Buenos Aires.

En los almuerzos del año 2010 se encargó de tirar el rumor que el ex presidente Néstor Kirchner no estaba en el cajón cuando fue velado en la Casa Rosada. “Es feo lo que voy a decir, lo que dice la gente es que el cadáver no estaba en el cajón, ya que el cajón no era lo suficiente largo, extenso”, afirmó Mirtha Legrand y el rumor comenzó a circular.

La derecha no tiene límites en su odio hacia el peronismo. El rumor o la fake news son una bala poderosa que utilizan los medios hegemónicos y la oposición para intentar debilitar y en lo posible derrocar al gobierno. Les será difícil si el Frente de Todos se mantiene unido y tomas las medidas que hay que tomar contra los poderosos y a favor de los más humildes.

 

 

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