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La Plata
27 septiembre, 2022
OPINIÓN PAÍS

Ayer Perón, hoy Cristina: Desde 1945 la derecha solo piensa en matar a los líderes del peronismo

Por Alfredo Silletta

El intento de asesinato de Cristina Kirchner no cayó del cielo. No fue un loquito suelto, es parte del odio al peronismo desde su nacimiento e incentivado en los últimos años contra la vicepresidenta, la líder más importante del peronismo después de Néstor, Perón y Evita.

El alegato del fiscal Diego Luciani durante 9 días propagado por los medios hegemónicos exaltó más al odio contra el peronismo: “Cristina chorra”, “Cristina asesina”, “planeros”, “envenenadores” por la vacuna rusa contra el Covid, “bolsas mortuorias” frente a la Casa Rosada y una prensa canalla multiplicando el odio en un sector de la población.

Ayer por la mañana, el diputado Máximo Kirchner decía que “en Juntos por el Cambio están viendo quien mata al primer peronista”. Horas después sucedió, pero no era cualquier peronista, era la máxima figura del peronismo.

Es bueno recordar, que el odio al peronismo nació en 1945, antes del 17 de octubre cuando la oligarquía y las derechas más rancias pidieron “matar a Perón”.

Recordemos algunos hechos:

1945. En los primeros días de octubre, la derecha arcaica junto a los militares y al Poder Judicial presionaron para que Perón renuncie a la vicepresidencia y a la Secretaría del Trabajo y fuera encarcelado. El Ejército estaba desorientado: el sector antiperonista junto a los marinos se reunieron en el Círculo Militar ubicado frente a la Plaza San Martín y deliberaron sobre el pedido de entregar el gobierno a la Corte. Allí se oyeron las voces más reaccionarias como las del mayor Desiderio Fernández Suárez que planteó “matar a Perón”, postura que no tuvo éxito, pero que once años después pudo en parte concretar como jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires cuando ordenó los fusilamientos contra los militantes peronistas en los basurales de León Suárez. Días después llegó el 17 de octubre y el pueblo rescató de la cárcel a su líder y historia cambió para siempre.

1955. Luego del gran triunfo electoral del peronismo en 1952, la derecha decidió que solo con violencia podían derrocar al gobierno. Hubo atentados en 1953 con bombas que dejaban muertos y heridos en las calles porteñas organizados por Comandos Civiles. Finalmente en junio de 1955, la Marina decidió bombardear Plaza de Mayo y la Casa Rosada que dejó más de 500 muertos civiles, incluido niños masacrados. Ese día arrojaron más de 100 bombas, muchas de las cuales no explotaron, al mismo tiempo que el Batallón de Marina abría fuego y atacaba la Casa de Gobierno.

1956. Un año después del golpe militar, un grupo de militares con apoyo de algunos dirigentes gremiales protagonizó un frágil levantamiento armado. El gobierno no dudo en reprimir la sublevación y ordenó fusilar a los jefes militares. No solo fueron fusilados del Ejército, también hombres civiles indefensos, sin acusación ni juicio fueron asesinados en los basurales de León Suárez en forma clandestina.

1957. Perón estaba exiliado en Caracas. El 25 de mayo de ese año, un grupo de militares organizados por la embajada argentina en Venezuela intentó asesinar a Perón. Una bomba destruyó el viejo Opel que utilizaba el general, salvando milagrosamente la vida el chofer que había bajado del auto para realizar compras en una verdulería. Horas después del atentado el gobierno de Caracas declaró persona no grata al embajador argentino y le otorgó 24 horas para abandonar el país.

El peronismo tuvo su primer desaparecido en 1962, con el secuestro y desaparición de Felipe Vallese, un joven dirigente gremial, delegado de la fábrica metalúrgica TEA. Catorce años después, el peronismo sufrió 30 mil compañeros muertos desaparecidos, en la peor y más sanguinaria dictadura cívico-militar.

Desde hace meses, el odio en la oposición política, judicial y mediática era moneda corriente contra Cristina y el peronismo. El alegato del fiscal Luciani pidiendo a los gritos cárcel y proscripción para la vicepresidenta incentivó ese odio, de allí al intento de magnicidio contra la vicepresidenta era solo un paso.

 

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