8 julio, 2020

Pasaron 70 años y el odio es el mismo: del cáncer de Evita al cáncer de Cristina

Por Alfredo Silletta. Desde la llegada del peronismo el odio es el mismo.  Pasaron 75 años y las palabras se repiten: puta, yegua, cretina, ladrona. De aquellas pintadas en Plaza Francia de “Viva el cáncer”  cuando se enteraron que Evita estaba enferma a las declaraciones el sábado por la noche en Canal 13, cuando Baby Etchecopar no dudo es decir que “Cristina es el cáncer de la Argentina” y amenazó que “si no terminamos con Cristina se acaba el país”, no hay diferencia.

Desde la misma aparición de Juan Domingo Perón en 1943, la Argentina oligárquica y conservadora no ha parado un día en tratar de recuperar sus privilegios. Primero lo metieron preso a Perón pero llego un 17 de octubre con miles de trabajadores en las calles que dieron vuelta la historia y el país vivió 10 años de crecimiento y desarrollo sin igual.

La derecha no se detuvo: intento de un golpe de estado en 1951 y ante el fracaso continuaron los comandos civiles con bombas y atentados en la vía pública y en subte hasta los bombardeos a Plaza de Mayo con más de 300 civiles muertos.  Con el golpe de 1955 llegaron los fusilamientos, las cárceles llenas de militantes y la entrega del patrimonio del país. El peronismo fue prohibido durante 17 años, hasta que la resistencia de los trabajadores pudo con ellos y trajo nuevamente al líder del exilio.

Después, para que no haya dudas, vino el golpe cívico-militar más brutal de nuestra historia con 30.000 desaparecidos, la mayoría compañeros peronistas. Toda una generación. De a poco el peronismo se recuperó y volvió al poder luego de la implosión económica social del liberalismo que quebró el país en el 2001.

Desde el 2008, pese al crecimiento del país, llegó la pelea con el campo y la clase media, la misma que había sido estafada por los bancos que se quedaron con los ahorros, decidieron ser “el campo” aunque no tuvieran un metro de tierra.  El gobierno de Cristina Kirchner aguantó el cimbronazo pero el desgaste brutal que llevaron adelante los medios dominantes, el establishment económico y la justicia debilitaron al campo nacional y se perdieron las elecciones por dos puntos en 2015.

El gobierno de Macri fue brutal, no solo contra la clase trabajadora sino también con la clase media. El país se endeudo como nunca y la inflación trepó hasta el infinito. El peronismo supo que tenía que unirse y luego de una jugada magistral de Cristina se logró un triunfo histórico en las PASO del 2019 y luego en las generales de octubre. Fue un golpe contundente contra el establishment y la derecha, que mantuvo el 40 por ciento de votos, gracias al aporte de la clase media empobrecida por el macrismo pero llena de odio hacia el kirchnerismo.

Arturo Jauretche contaba que  “la oligarquía es una minoría dueña de la tierra, pero su mayor poder es el de ser dueños de la cabeza de miles de argentinos, que, sin tener más tierra que la de los canteros del patio, se comportan como fieles defensores de un modelo que no les pertenece”.

Lo vimos por estas horas cuando amplios sectores de clase media salieron a defender la empresa Vicentin y a sus dueños, los mismos que se robaron toda la plata de los pequeños productores del campo como los créditos otorgados por la conducción macrista del Banco Nación.

Mientras tanto, Paolo Rocca va hasta la casa de Mauricio Macri a pedir ayuda. Dice que “ya lo extraña”, que no quiere pagar el impuesto a las grandes fortunas que solo sería el 1,5% de su gigantesco patrimonio. Lo de Rocca y otros empresarios es de diván ya nunca perdieron tanta plata como con Macri y ahora dicen que lo extrañan.  Como cuenta Sergio Massa: “Los empresarios argentinos son los únicos que compran cara la soga con la que los van a colgar”.

El presidente Alberto Fernández en Olivos, reunido con Santiago Cafiero, dijo que el banderazo y las cacerolas del sábado son “los de siempre, los argentinos antiperonistas que no nos quieren”. Luego, molesto, agregó: “defienden a Vicentin, manejada por unos facinerosos que se robaron todo y nadie sabe dónde fue esa plata”.

El país esta dividido. Es la realidad de hace 75 años cuando la mayoría de los argentinos decidieron que querían un país más justo e igualitario. En estos momentos difíciles que atraviesa el presidente Alberto Fernández con las típicas apretadas del establishment económico y mediático y con una pandemia que no termina es bueno recordar las palabras de Cristina Kirchner en la Plaza de Mayo, la noche de la asunción el pasado 10 de diciembre, cuando mirándolo a la cara le dijo: “confíe en el pueblo, ellos no traicionan, solo piden que los defiendan y los representen”… “preocúpese por llegar a los corazones de los argentinos y no tanto a las tapas de los diarios”.

 

 

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