8 agosto, 2020

En defensa de Majul, la corporación mediática se ataja y denuncia que hay una campaña para detener a periodistas

La causa que investiga la escabrosa red de espionaje ilegal que se montó durante el macrismo, sacó a la luz el poder de la llamada corporación mediática, que puso el grito en el cielo ante la posibilidad cierta de que uno de sus más empinados miembros, como lo es Luis Majul, pueda ser procesado por sus comprobados vínculos con las tareas sucias que llevaron adelante agentes de inteligencia.

Y así, de la nada, sin ningún argumento válido, algunos de los personajes mediáticos que de esa manera no hacen más que reflejar el pánico que experimentan ante el avance de la causa, salieron a rasgarse las vestiduras, y en nombre de la bendita “libertad de expresión” ahora denuncian que, desde el gobierno de Alberto Fernández, se está montando una campaña destinada a la detención de periodistas “independientes”.

No fue casual que anoche, en el programa de Diego Leuco, por TN, hayan aparecido Marcelo Longobardi o Jorge Lanata, para agitar el fantasma de una supuesta persecución al periodismo crítico…

Por un lado, Longobardi, jugando al misterio, lanzó: “Creo que ya está en marcha algún intento u orden de detención a uno o más periodistas en la Argentina de hoy”. Y para ahondar su tono enigmático, aclaró: “No voy a decir los nombres porque no quiero perjudicar a nadie ni producir un desastre familiar, pero esto puede pasar y creo que está por pasar”. Y remarcó que “en democracia nunca hubo detención a periodistas”.

Corto de memoria, al comunicador ultramacrista habría que recordarle que en tiempos del gobierno de Raúl Alfonsin, poco antes de los comicios legislativos de 1985 y durante el estado de sitio que había decretado, se ordenó la captura del analista Rosendo Fraga, como así también de los periodistas Daniel Horacio Rodríguez, del diario La Prensa, y Jorge Vago, director de Prensa Confidencial.

En tanto Lanata, previsiblemente en la misma línea que su colega, también abrió el paraguas y de manera amenazante consideró que “el costo político de detenerme a mí, a Majul, o a quien sea, es muy alto”.

Para cerrar el círculo destinado a generar en los seguidores de los medios hegemónicos el pánico a que se estaría orquestando una especie de cacería contra periodistas, también entrevistada en el programa de Leuco menor, advirtió que “si tocan a un periodista, tocan la libertad de todos los argentinos porque la única garantía de ese derecho que tiene el país, es la libertad de expresión”.

En otras palabras, la burda intencionalidad del ciclo de TN fue construir la imagen de que ya estamos en presencia del temido “Ministerio de la venganza”, que tiene como fin acallar las voces críticas, para que así “la dictadura de Alberto y Cristina” puedan dar rienda suelta a su poder diabólico…

En tanto, anoche Luis Novaresio le dijo a Aníbal Fernández que “vienen por los periodistas”,  mientras que Nicolás Wiñazki argumentó que el Watergate se logró con la información de los espías a los periodistas del Washington Post.

Y como no podría ser de otra manera, el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) salió a respaldar a Majul, Daniel Santoro y Wiñazki: “La narrativa estigmatizante contra periodistas es un retroceso en nuestra construcción democrática”.

Está claro que estas expresiones delirantes, rayanas con un desequilibrio mental propio de seres paraniocos, nos llevan a la premisa de que más allá de que el llamado “cuarto poder” se cree intocable, los periodistas no gozan de impunidad ni tienen fueros. Por lo tanto, si algún comunicador es procesado o, eventualmente debe ir a prisión, no será por sus opiniones, sino porque, como cualquier hijo de vecino, si es autor de un delito, no tiene por qué esquivar la acción de la justicia.

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