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La Plata
1 diciembre, 2022
PAÍS

Más que mostrarse como candidata, Cristina eligió poner en un brete a la oposición y lanzar guiños a la clase media

Por Eduardo D’Argenio.- El tono moderado, sin estridencias, pero, sobre todo, el contenido del mensaje, marcó una evidente distancia respecto a los habituales lineamientos que ella misma levanta como banderas discursivas. Porque anoche, en La Plata, Cristina Kirchner no abordó cuestiones vinculadas a la agenda de actualidad, ni planteó la instrumentación de medidas. Tampoco criticó políticas ni cuestionó el accionar de funcionarios que no funcionan.

Sorprendiendo seguramente a muchas de las más de 60 mil personas que se dieron cita en el estadio “Diego Armando Maradona” para conmemorar el Día de la Militancia, la vicepresidenta, lejos de subirse a la ola de lanzamiento de candidatura (“como decía el General, todo en su medida y armoniosamente”), prefirió centrarse en el pasado, en la identidad del peronismo, en los adversarios políticos y en los enemigos de la democracia.

Con la consigna “La fuerza de la esperanza”, si hay algo que Cristina dejó en claro es que hará lo que deba hacer, y que el atentado contra su vida, lejos de paralizarla, potenció su energía.

Y mientras la multitud coreaba “Cristina presidenta”, ella realimentó ilusiones cuando, al hacer un repaso del período 2003 – 2015, dijo: “Podemos volver a ser esa Argentina porque ya lo hicimos. La gente tiene que decidir si quiere volver a tener esa Argentina que alguna vez tuvo”. Y se refería, claro, a aquellos años en los que “el endeudamiento era bajo, teníamos el salario en dólares más alto de América Latina, teníamos cinco millones de pibes recibiendo computadoras y enviábamos satélites al espacio”.

Si algo faltaba para confirmar que CFK busca cambiar la estrategia comunicacional y dirigirse a un público más amplio que su base militante, eso era la mención a un tema que no suele abordar en sus discursos: la problemática de la inseguridad frente al delito.

Es evidente que Cristina entiende que, según lo marcan las encuestas, el tema está en el podio de las preocupaciones sociales, y que por lo tanto no está dispuesta a regalárselo a Juntos por el Cambio. Por eso mismo, en un llamamiento a las fuerzas políticas opositoras, planteó la necesidad de jerarquizar el tema y terminar con “el debate berreta, cínico y mentiroso de la mano dura contra el garantismo”.

“Es hora de tener una mirada hacia los lugares que están sufriendo”, agregó. Y consideró que “el gran acuerdo que debe haber entre todos los partidos es que las fuerzas de seguridad respondan a las fuerzas civiles”.

En otras palabras, anoche la vice prefirió poner el foco en la estrategia que está pensando para “un regreso” del kirchnerismo al poder. Y, sobre todo, para asegurarse de que no se repita la mala experiencia de ganar y no poder aplicar su programa de gobierno.

Y con toda la dureza que requiere la cuestión, lanzó: “Por una vez en la vida olvidemos los partidos políticos y discutamos la seguridad en nombre de las víctimas. La seguridad la sufren en los grandes centros urbanos todos los días”.

Demostrando una vez más, por si hacía falta, la más que considerable distancia que le saca a cualquier dirigente propio y extraño, Cristina conserva la centralidad y liderazgo en la política argentina. Tanto, que mientras estamos en tiempos en los que las diferencias, chicanas y acusaciones se libran en el universo de las redes sociales, ella va un paso más adelante para convocar a un diálogo social.

No fueron casuales los elogios que dedicó al radicalismo, al que calificó como una corriente política “popular”. Ni tampoco cómo rescató su protagonismo histórico en defensa de la democracia. Y al dejar de lado la tradicional antinomia entre izquierda y derecha, anoche CFK mostró que aspira a cambiar el eje de la discusión entre fuerzas democráticas y anti-democráticas.

En definitiva, quiere contraponer dos proyectos de país, proponer una serie de acuerdos democráticos, desalentar violencias o vendettas y rescatar el valor fundacional del pacto democrático. Reconoció que “con la democracia no se come, se educa o se cura. Pero para comer, educarse o curarse, primero hay que estar vivo”.

Y también marcó como prioridad el “orden de una sociedad con padres y madres que trabajan y con chicos que van a estudiar y vuelven a comer a sus casas, no en las escuelas o en los merenderos”, mientras se apoyó también en el contrato social firmado en 1983 para reclamar la “reconstrucción del pacto democrático” en la Argentina que, a su entender, fue roto el 1º de septiembre pasado, el día del atentado fallido contra su vida.

Lo que Cristina también dejó en claro es que no está dispuesta a dar por perdida la pelea electoral por culpa de los problemas económicos del presente, y lanzó un mensaje a la interna: que la esperanza para el peronismo no está en la moderación, ni en un corrimiento al centro que haga difícil para el público distinguir las propuestas del Frente de Todos y las de Juntos por el Cambio.

No se puede negar que el acto de ayer marcó también el punto de partida de una estrategia inspirada en la campaña de Lula en Brasil, que optó por dejar de lado viejas antinomias, para ser consciente de que la única manera de ganar era unirse con sus viejos rivales de la centro derecha. Y fue así que el ahora electo presidente del país vecino tuvo éxito al lograr que la campaña se corriera del foco de sus causas judiciales por corrupción, y planteó la elección en términos de defensa de la democracia contra las políticas autoritarias del ultraderechista Jair Bolsonaro.

En un paralelismo que ella misma trazó, Cristina recordó que Lula estaba preso en 2019, cuando ella formó el Frente de Todos con Alberto Fernández como candidato. Y plantea que se debe construir una alianza de fuerzas populares que se opongan tanto al “partido judicial” como a las fuerzas políticas que son la continuación de las antiguas dictaduras militares, una alusión indirecta al macrismo y también a sectores “ultralibertarios”.

Y para terminar de despejar dudas acerca de la dirección que eligió tomar, más allá de si será candidata o no, la vicepresidenta lo dejó en claro, al hacer un guiño a esa clase media tan reacia al peronismo: “Dicen que tenemos que volver a los 90. Una fuerza política no tan novedosa que dice que los 90 fueron lo mejor de la historia. Y dicen que son lo nuevo. Acá lo único nuevo somos nosotros que cambiamos la Argentina después de la crisis del 2001”.

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