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23 abril, 2026
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Menos comida, más deuda y alquileres imposibles: la otra cara del modelo Milei

Más allá de que la economía registró en febrero su mayor retroceso mensual desde diciembre de 2023, con una caída del 2,6% respecto de enero, y del cierre de empresas emblemáticas como SanCor o el despido de 1.400 trabajadores del INTI, la realidad cotidiana de las familias argentinas empeora día a día.

El deterioro empieza por el salario. Hace un año, el salario mínimo, vital y móvil era de $302.000 y hoy alcanza los $357.000. Sin embargo, ese incremento nominal esconde una fuerte pérdida de poder adquisitivo. Con los aumentos de precios, hoy se compra menos.

Un ejemplo claro es el pan francés: el kilo pasó de $3.333,96 a $4.268,70. Si en 2025 el salario mínimo permitía comprar unos 90 kilos, hoy apenas alcanza para 83, lo que implica una caída cercana al 10% en términos reales.

La pérdida se profundiza en otros productos básicos. El litro de aceite subió de $3.865,08 a $6.078,82, reduciendo la capacidad de compra de 78 a 59 litros. La carne picada común pasó de $6.325,93 a $10.324 por kilo, lo que llevó la posibilidad de compra de 47 a apenas 34 kilos.

No se trata de casos aislados. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, el salario mínimo real acumuló una caída cercana al 39% frente a la inflación.

A esto se suma el golpe de las tarifas. En el último año, aumentaron muy por encima de los precios generales. Hoy, un hogar promedio necesita más de $210.000 para cubrir servicios básicos, con un incremento interanual del 49%, casi 17 puntos por encima de la inflación, que se ubicó en 32,6%.

Según datos de la UBA, entre diciembre de 2023 y abril de 2026, la canasta de servicios públicos del AMBA subió un 667%, frente a un aumento del 223% del nivel general de precios. Es decir, las tarifas crecieron casi tres veces más rápido que la inflación.

El transporte lidera los aumentos con un 76% interanual, seguido por el gas (39%), la electricidad (34%) y el agua (19%). Hoy, las tarifas representan el 12,2% del salario promedio registrado. En términos concretos: cada vez alcanza para menos.

El drama también atraviesa la vivienda. Más del 20% de los hogares alquila, una cifra que creció un 70,4% desde 2010. Pero ese crecimiento se da en un contexto de absoluta asfixia: los alquileres aumentaron más de un 500% desde fines de 2023, muy por encima de la inflación.

Hoy alquilar demanda más del 50% del ingreso y, en muchos casos, se necesitan entre dos y tres salarios mínimos para acceder a una vivienda. Incluso sectores con empleo formal quedan afuera del mercado.

El endeudamiento completa el cuadro. Seis de cada diez hogares tienen deudas no bancarias, que ya rozan los 40 billones de pesos. No se trata de consumos de lujo: son deudas para comer, para sobrevivir.

Los datos sociales son aún más alarmantes. Según la UCA, el 53,6% de los niños y adolescentes en Argentina es pobre y el 30% sufre inseguridad alimentaria.

El relato libertario prometía libertad y prosperidad, pero en la vida real lo que crece es la deuda, el hambre y la angustia. Mientras el Gobierno celebra números macro, millones de argentinos hacen malabares para comer, pagar la luz o no perder el techo.

La imagen presidencial empieza a reflejar ese divorcio: ronda apenas el 30% positivo y supera el 60% de rechazo.

Porque cuando el ajuste entra por la billetera, no hay discurso que alcance: la calle ya empezó a pasar factura.

 

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