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20 abril, 2026
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Diferencias: un Milei que agita el odio y un Kicillof que busca otro rumbo y abraza la Patria Grande

El presidente Javier Milei continúa su gira por Israel, donde se mostró junto a Benjamin Netanyahu —acusado de crímenes de guerra y genocidio por la Corte Penal Internacional, que incluso solicitó su detención— y volvió a dejar definiciones explosivas. Desde Tel Aviv, afirmó que “con determinadas culturas no se puede convivir”, un discurso que muchos consideran peligrosamente cercano a las peores experiencias del siglo XX.

Durante su exposición en la Universidad de Bar-Ilan, Milei fue aplaudido de pie cuando aseguró: “Con determinadas culturas no vamos a poder convivir, porque nosotros defendemos la vida y ellos nos van a querer matar”, en referencia a Irán y otros países. No fue lo único. También cargó contra el periodismo, al que acusó de “jugar para las fuerzas del mal”, y relató su sintonía con Netanyahu: “Charlando con el queridísimo Bibi hablamos de cómo debemos soportar calumnias e injurias del periodismo de manera violenta”.

En otro tramo, profundizó su mirada ideológica al sostener que la Torá fue el antídoto contra la izquierda, calificando al marxismo como “satánico y opuesto al programa de Dios”. Además, volvió a atacar la justicia social, a la que definió como una concepción “profundamente injusta que siempre termina en desastre”.

Sin embargo, no todo fue entusiasmo. Algunos asistentes manifestaron desconcierto ante un discurso extenso y desordenado. Un argentino presente, que prefirió no dar su apellido, comentó a la corresponsal de La Nación: “Fue un discurso demasiado largo, que nadie entendió, mezcló de todo, en el que, además, trató de vender su libro. Pero es lo que hay”.

En contraste, el gobernador Axel Kicillof cerró su gira por España participando en la cumbre progresista de Barcelona, donde compartió espacio con líderes internacionales como Lula da Silva, Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum y el anfitrión Pedro Sánchez. Allí, el mandatario bonaerense trazó un diagnóstico diametralmente opuesto al del presidente.

“Desde que uno de los líderes más extremos de la ultraderecha, como Javier Milei, gobierna la Argentina, se intentó instalar que sus políticas han generado estabilidad económica, inversiones e inserción internacional, pero la realidad demuestra todo lo contrario”, afirmó. Y fue más allá: “Las políticas de Milei no están funcionando: son un fracaso y están destruyendo nuestro aparato productivo, los salarios, la educación y la salud”.

Kicillof insistió en que existe una alternativa: “Hay otro camino que no es el de la guerra, no es el de la crueldad y no es el del abandono”. Y remarcó el impacto concreto del ajuste: “Lo de Milei es un desastre. Y ese desastre recae sobre intendentes, alcaldes y gobernadores, que nos hemos tenido que convertir en un escudo y en una red para sostener la vida cotidiana de nuestro pueblo”.

Dos visiones, dos discursos y dos formas de ejercer el poder: una que confronta y divide, y otra que intenta construir desde la política.

Mientras Milei escala en sus definiciones más extremas, en Argentina crece la sensación de que el experimento libertario empieza a mostrar su costo real: una sociedad cada vez más tensa, más desigual y más lejos de cualquier convivencia posible.

 

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