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27 mayo, 2026
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El relato no llena la heladera: cae el consumo, se desploma la imagen de Milei y crece el malestar social

Pese a que el presidente Javier Milei insiste en que desde que llegó al Gobierno el país “está cada día mejor”, que crecen las inversiones, los salarios y el empleo, y que la inflación ya está controlada, los números de la economía real cuentan otra historia. La caída del consumo, el deterioro del poder adquisitivo y el creciente malestar social empiezan a reflejarse también en las encuestas: la imagen del Gobierno cayó fuerte y ya ronda apenas entre el 30 y el 35 por ciento, muy lejos de aquel respaldo superior al 60% que exhibía hace dos años.

Aun así, el oficialismo mantiene una base electoral importante. Y eso también expone la debilidad de una oposición que todavía no logra construir una respuesta política contundente ni una alternativa clara para los sectores golpeados por el ajuste. Si el peronismo no logra ordenarse y competir unido, Milei todavía podría pelear con chances una elección nacional.

En ese contexto, un informe de la consultora Scentia confirmó que el consumo masivo volvió a caer durante abril y profundizó una tendencia negativa que ya lleva más de un año. Las ventas en supermercados, autoservicios, mayoristas, kioscos, farmacias y comercios tradicionales registraron una baja interanual del 3,8%, mientras que el acumulado del primer cuatrimestre de 2026 mostró una retracción del 3,3%.

Ni siquiera la desaceleración de la inflación alcanzó para revertir la situación. Aunque el índice bajó al 2,6% en abril —tras el 3,4% de marzo—, el deterioro del consumo continuó tanto frente al año pasado como respecto al mes anterior.

Las grandes cadenas de supermercados fueron nuevamente uno de los sectores más castigados: las ventas cayeron 4,5% interanual y acumularon un retroceso de 5,2% en lo que va del año. Los mayoristas también sufrieron una baja del 4,5%, mientras que kioscos y comercios de cercanía registraron una caída del 4,8%.

En los autoservicios independientes, donde se refleja con crudeza el consumo cotidiano de los sectores populares y de clase media, las ventas descendieron 3% interanual y acumularon una retracción de 4% entre enero y abril.

Dentro de los supermercados, el rubro más golpeado volvió a ser el de los productos impulsivos —como golosinas y snacks—, con una caída del 14,1% respecto a abril del año pasado. También sufrieron fuertes bajas los alimentos perecederos (-10,5%) y las bebidas sin alcohol (-6,4%). Es decir: ya no se resignan solamente gustos o consumos secundarios, también empiezan a faltar productos básicos en millones de hogares.

El único sector que mostró crecimiento fue el comercio electrónico, que aumentó 40,4% interanual en abril. Sin embargo, desde el propio sector reconocen que ese avance todavía está muy lejos de compensar la caída general del consumo en supermercados y comercios físicos. Además, gran parte de las ventas online se concentra en promociones, descuentos y cuotas, señales claras de una sociedad cada vez más endeudada para llegar a fin de mes.

Las farmacias apenas registraron una mejora marginal del 0,1%, aunque siguen acumulando caídas durante el año. Un dato alarmante si se tiene en cuenta que muchas familias comenzaron a recortar incluso gastos vinculados a medicamentos y salud.

Detrás del derrumbe del consumo aparece un problema cada vez más visible: el ingreso de las familias no alcanza. Aunque la inflación desaceleró su ritmo, los aumentos en tarifas, transporte y servicios básicos se comen gran parte de los salarios y jubilaciones.

Un informe reciente del CEPA mostró que el transporte público en el AMBA aumentó muy por encima de la inflación desde la llegada de Milei al poder. El boleto de subte lidera los incrementos con una suba acumulada del 1668%; le siguen los colectivos bonaerenses con el 1545%, los de CABA con el 1250% y el transporte nacional con el 1221%.

Mientras tanto, salarios y jubilaciones siguen corriendo muy por detrás. El resultado es una economía que “ordena” planillas macroeconómicas pero vacía bolsillos, enfría comercios y multiplica la angustia cotidiana.

El Gobierno festeja la baja de la inflación como si fuera un campeonato ganado, pero en la calle la gente ya no discute porcentajes: discute cómo llenar la heladera, pagar el colectivo o comprar remedios. Milei puede repetir en cadena nacional que “todo marcha de maravilla”, pero cuando el consumo se derrumba y los salarios no alcanzan, el relato libertario empieza a chocar contra la única encuesta que nunca falla: la del changuito vacío.

 

 

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