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2 julio, 2026
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Sin PASO y con colectoras: La jugada de Karina Milei que podría beneficiar al peronismo

La orden de Karina Milei a Diego Santilli habría sido tan clara como contundente: “Hay que terminar con las PASO”. La explicación política es sencilla. El Gobierno enfrenta un creciente desgaste producto de la crisis económica, el ajuste permanente, los escándalos que golpean a la gestión y el deterioro de la imagen presidencial. Al mismo tiempo, en la Casa Rosada observan que el peronismo atraviesa fuertes tensiones internas y consideran que, sin elecciones primarias, ese espacio podría fragmentarse en dos o tres listas competitivas.

Sin embargo, la estrategia oficial podría terminar generando un efecto exactamente inverso al buscado.

Hoy la mayoría de los gobernadores mira con creciente desconfianza al Gobierno nacional. Temen que, pese a los acuerdos circunstanciales en el Congreso, La Libertad Avanza les dispute el poder en sus propios distritos con candidatos propios. Por eso, el Ejecutivo busca ofrecer una alternativa: reinstalar las listas colectoras para las elecciones nacionales a cambio del respaldo legislativo necesario para suspender las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).

En la Casa Rosada saben que, cuanto más se acerque el calendario electoral, más difícil será conseguir los votos para eliminar las PASO. De allí que Diego Santilli impulse la negociación con un esquema que habilitaría hasta dos listas colectoras por cada candidatura presidencial.

Las colectoras son un mecanismo electoral mediante el cual distintos espacios pueden presentar listas diferentes para una categoría —como diputados nacionales o gobernadores— y confluir luego detrás de un mismo candidato presidencial. Es una herramienta ya utilizada en distintas elecciones argentinas.

Existen antecedentes claros. En 2011, durante la reelección de Cristina Fernández de Kirchner, en la provincia de Buenos Aires coexistieron dos listas para gobernador: una encabezada por Daniel Scioli y otra por Martín Sabbatella, ambas acompañando la misma fórmula presidencial. También, dentro de Juntos por el Cambio, la convivencia de distintas expresiones partidarias bajo una misma candidatura presidencial permitió ampliar la base electoral de la coalición y el triunfo posterior de Macri.

Lo que todavía no está definido es si el eventual regreso de las colectoras permitiría también múltiples candidatos presidenciales dentro de un mismo frente o si la herramienta quedaría limitada a las categorías provinciales y legislativas.

En ese escenario aparece una posibilidad que comienza a debatirse dentro del peronismo. Si finalmente no hubiera PASO, las colectoras podrían transformarse en una herramienta para canalizar las distintas expresiones internas sin romper la unidad electoral. De esa manera podrían convivir varias candidaturas dentro del Partido Justicialista, incorporar aliados provenientes del socialismo, de sectores del radicalismo y de gobernadores que hoy mantienen posiciones ambiguas frente al Gobierno nacional.

Lo que el peronismo no debería repetir es la experiencia de los llamados “neolemas” de 2003, cuando los votos justicialistas quedaron repartidos entre las candidaturas de Néstor Kirchner, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá sin acumularse entre sí, facilitando una fuerte dispersión electoral.

Con un sistema de colectoras, en cambio, podrían competir distintos referentes —por ejemplo Axel Kicillof, otro candidato impulsado por gobernadores, el banquero Jorge Brito o el dirigente que decida respaldar Cristina Fernández de Kirchner—, sumando finalmente todos los votos al espacio ganador. El mismo criterio podría aplicarse en las candidaturas a gobernador y en otros cargos ejecutivos.

La discusión apenas comienza y todavía quedan numerosas definiciones legales y políticas por delante. Pero el peronismo haría bien en no limitar el debate a la ingeniería electoral. Mucho más importante que el mecanismo para elegir candidatos será construir un programa sólido, recuperar la confianza de la sociedad y ofrecer respuestas concretas frente a una crisis que golpea todos los días el bolsillo de los argentinos.

Porque ninguna reforma electoral reemplaza a un proyecto político. Y si el Gobierno apuesta a cambiar las reglas para conservar el poder, el desafío del peronismo no debería ser solamente adaptarse al nuevo escenario, sino demostrar que tiene la capacidad de volver a representar a las mayorías. De lo contrario, la verdadera victoria de Milei no será eliminar las PASO, sino lograr que la oposición siga discutiendo candidaturas mientras millones de argentinos esperan soluciones.

 

 

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