
Más del 60 por ciento de la población rechaza a Javier Milei. Está harta de una política que, mientras beneficia a los sectores más ricos, mantiene congelados salarios y jubilaciones y deja que aumenten el transporte público, las tarifas de luz, gas y agua y el precio de los alimentos. Millones de argentinos se encuentran endeudados porque no llegan a fin de mes y, frente a esa realidad, la respuesta del Presidente resulta brutal: “Nadie te puso una pistola en la cabeza para que te endeudaras”.
Frente a este panorama de hartazgo social, el peronismo debería tener una enorme posibilidad de ganar las elecciones. Sin embargo, buena parte de las encuestas sostiene que Javier Milei todavía podría imponerse en una eventual reelección.
La pregunta, entonces, es inevitable: ¿qué está pasando con el movimiento fundado por Juan Domingo Perón?
Un peronismo sin conducción clara
El primer problema es la ausencia de un liderazgo capaz de ordenar al conjunto del peronismo y, al mismo tiempo, construir una propuesta que pueda interpelar a una mayoría social.
Cristina Fernández de Kirchner, detenida injustamente, continúa teniendo un importante nivel de apoyo, pero su estrategia electoral ha acumulado errores. En los últimos años impulsó candidaturas que no lograron representar una alternativa superadora frente a los sectores conservadores y terminó enfrentando derrotas que dejaron al peronismo sin una conducción electoral clara.
Hoy, además, existe un profundo cansancio dentro del propio movimiento frente a la decisión de algunos sectores del kirchnerismo de confrontar permanentemente con Axel Kicillof, uno de los dirigentes que aparece con mayores posibilidades de disputar el poder a Milei.
El conflicto tiene una explicación política evidente: Kicillof decidió avanzar en la construcción de una propuesta propia, con una mirada hacia el futuro y sin aceptar que todas las decisiones electorales dependan de un único liderazgo.
Ese es, precisamente, uno de los grandes debates que el peronismo debería animarse a dar.
El regreso de las fórmulas conservadoras
En medio de esta disputa aparecen nuevamente dirigentes que imaginan que el peronismo puede convertirse en vehículo de una propuesta moderada o directamente conservadora.
Se mencionan distintos nombres y posibles candidaturas, pero el problema es siempre el mismo: ninguno parece estar en condiciones de representar el enorme malestar de quienes sufren las consecuencias de las políticas de Milei.
Sergio Massa aparece nuevamente como una posibilidad para algunos sectores, pero su imagen está asociada al último tramo del gobierno de Alberto Fernández y a una situación económica extremadamente difícil. Por eso, más allá de las especulaciones, resulta difícil imaginar que pueda convertirse en el dirigente capaz de encabezar una renovación política.
Mientras tanto, también aparecen figuras provenientes del mundo empresario, financiero y mediático que sueñan con que el peronismo las convierta en candidatos.
El problema es que el peronismo no necesita una versión más amable de la derecha.
Necesita volver a representar a los trabajadores, a los jubilados, a la clase media, a los pequeños empresarios, a los estudiantes y a todos aquellos que hoy sienten que el Estado dejó de protegerlos.
Kicillof y la construcción de una alternativa
Axel Kicillof parece haber entendido que la discusión no se resuelve anticipando candidaturas, sino construyendo una alternativa política.
El gobernador decidió que este año debe ser el tiempo de la construcción y que las candidaturas deberán discutirse más adelante. Mientras tanto, es uno de los dirigentes que con mayor claridad enfrenta las políticas del gobierno de Milei.
Participó de movilizaciones, acompañó reclamos sociales y políticos y puso a su equipo a recorrer distintas provincias. La tarea no es menor: construir una alternativa nacional requiere mucho más que una candidatura.
Requiere organización, programa y capacidad para volver a entusiasmar a una sociedad desencantada.
En los próximos días, Kicillof también participará del III Congreso Panamericano en Montevideo junto a dirigentes progresistas de la región. El encuentro tendrá como lema: “Solidaridad entre los pueblos. Soberanía entre las naciones”.
La discusión de fondo es precisamente esa: cómo enfrentar el avance de las políticas de derecha y construir una alternativa que vuelva a colocar en el centro la soberanía, el trabajo y la justicia social.
Perón entendió que los tiempos cambian
Perón supo adaptarse a los tiempos históricos. Durante su exilio dialogó con dirigentes de distintas corrientes del nacionalismo popular y de la izquierda, entre ellos Mao Tse Tung, Fidel Castro, Josip Broz Tito y Gamal Abdel Nasser.
En sus escritos de aquellos años sostuvo que dentro del peronismo podían convivir distintas posiciones, pero definió con claridad que se trataba de un movimiento de liberación nacional.
También planteó que el viejo dilema entre comunismo y capitalismo estaba siendo superado y que la verdadera discusión pasaba por liberación o neocolonialismo.
Esa capacidad para mirar el mundo sin dogmatismos es una de las enseñanzas que el peronismo debería recuperar.
No se trata de copiar experiencias extranjeras. Se trata de observar qué ocurre en otros lugares y comprender que, frente al avance de las derechas, también existen nuevas formas de construir una mayoría.
Mirar a Nueva York para pensar la Argentina
Por eso no está mal que el peronismo vuelva a leer a Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arregui, Jorge Abelardo Ramos y al propio Perón.
Pero tampoco está mal mirar hacia Nueva York.
El triunfo de Zohran Mamdani mostró que una propuesta progresista, con un discurso contundente y medidas concretas, puede desafiar a los sectores tradicionales del poder.
Su campaña puso sobre la mesa cuestiones que también forman parte de las preocupaciones cotidianas de millones de argentinos: el precio de los alquileres, el acceso a la vivienda, el transporte público, el cuidado infantil y el costo de los alimentos.
La lección no es copiar un programa extranjero. La lección es mucho más sencilla: cuando una fuerza política ofrece respuestas concretas a los problemas concretos de la gente, puede volver a disputar el sentido común de una sociedad.
El verdadero desafío
En momentos en que algunos sectores buscan candidatos de centro derecha, el peronismo debería hacer exactamente lo contrario: discutir qué proyecto de país quiere ofrecer después de años de un gobierno que, desde esta perspectiva, ha deteriorado el aparato productivo, reducido derechos y trasladado el costo de la crisis a los sectores populares.
El desafío no consiste solamente en ganar una elección.
Consiste en saber para qué se quiere volver a gobernar.
Si el peronismo pretende transformar esta dura realidad, deberá presentar un programa claro, contundente y comprensible para la mayoría.
Entre sus principales propuestas deberían estar:
- Derogar los decretos de necesidad y urgencia del gobierno libertario que vulneren derechos y atribuciones del Congreso.
- Recuperar salarios y jubilaciones mediante aumentos de emergencia y paritarias libres.
- Derogar la reforma laboral impulsada por el actual gobierno.
- Replantear la relación con el FMI, renegociar la deuda externa y avanzar hacia una política exterior soberana, incluyendo el fortalecimiento de los vínculos con los BRICS.
- Modificar la composición de la Corte Suprema y terminar con el poder concentrado de una justicia alejada de las necesidades de la sociedad.
- Construir un sistema tributario donde quienes tienen mayor capacidad contributiva aporten más al financiamiento del Estado.
- Consolidar el control estratégico de YPF y de los recursos energéticos, diferenciando el precio interno de los combustibles y el gas respecto de los valores de exportación cuando corresponda.
- Impulsar una empresa nacional de minería que permita que una parte sustancial de la renta de los recursos naturales quede en manos de los argentinos.
- Reactivar la obra pública como motor del empleo y del desarrollo.
- Defender la salud, la ciencia y la educación pública como pilares de la movilidad social.
El peronismo tiene por delante una enorme responsabilidad. No alcanza con señalar los errores de Milei ni con esperar que el desgaste del gobierno haga el trabajo electoral.
Hay que construir una alternativa.
Una alternativa que no tenga miedo de defender al Estado, los salarios, las jubilaciones, la industria nacional, la educación y la salud pública. Una alternativa que vuelva a hablarle a quienes trabajan y producen. Una alternativa que no mire permanentemente hacia atrás ni quede atrapada en internas interminables.
Porque si más de la mitad de la sociedad rechaza las políticas de Milei y, aun así, el peronismo no consigue convertirse en una opción de poder, entonces el problema ya no está solamente en el Gobierno.
Está en una oposición que todavía no terminó de entender que la sociedad no está esperando un nuevo administrador del ajuste: está esperando un proyecto capaz de devolverle futuro. Y si el peronismo no se anima a construirlo, otros ocuparán ese lugar.
