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25 agosto, 2026
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Milei se altera mientras Kicillof crece y los jóvenes le dan la espalda

Por Alfredo Silletta

El presidente Javier Milei está alterado, casi fuera de sí. Después de permanecer 45 días sin pisar la Casa Rosada, período durante el cual prácticamente no recibió a nadie, reapareció públicamente a los gritos en el Council of the Americas y en la Bolsa de Comercio de Rosario.

Quienes conocen de cerca el funcionamiento del Gobierno aseguran que el presidente está molesto porque algunos integrantes de su propio gabinete y representantes del denominado “círculo rojo” le plantearon que debería aflojar. La realidad económica, sostienen, está golpeando con fuerza a amplios sectores de la sociedad y sería necesario adoptar algunas medidas para recuperar el consumo.

Pero Milei se niega a tocar siquiera un ápice de su programa económico.

Al denominado “círculo rojo”, en realidad, poco le preocupan los gritos desaforados del presidente. Su preocupación pasa por otra cuestión: que el Gobierno mantenga el rumbo económico y que, eventualmente, acepte algunas medidas que permitan recuperar el consumo, recomponer parcialmente los salarios y las jubilaciones o encontrar alguna línea de crédito para los millones de argentinos endeudados.

Lo que verdaderamente comienza a inquietar a los sectores de poder es otra cosa: el crecimiento sostenido de Axel Kicillof y la recuperación del peronismo como alternativa política.

Kicillof ya discute con Milei

Aunque el peronismo todavía no tiene definido un candidato nacional ni una propuesta integral capaz de conquistar a una mayoría de los argentinos, el gobernador bonaerense aparece cada vez con mayor claridad como una de las principales figuras de la oposición.

Las encuestas conocidas durante las últimas horas empiezan a mostrar un escenario que hace poco tiempo parecía difícil de imaginar.

En un reciente estudio de QSocial, Milei aparece con el 31% de intención de voto y Kicillof con el 29%. Muy por detrás se ubican Myriam Bregman, con el 11%, y Juan Schiaretti, con el 8%.

Pero el dato que seguramente más inquieta al oficialismo aparece cuando se proyecta un eventual balotaje: Kicillof alcanza el 42% y Milei queda en el 41%.

El escenario cambia cuando el rival del presidente es Sergio Massa. En ese caso, Milei conserva el 31%, mientras Massa alcanza el 22% y Bregman sube al 15%. En una segunda vuelta, el presidente se impone por 42% a 38%.

La diferencia entre ambos escenarios resulta significativa. Kicillof aparece hoy con una capacidad electoral que lo coloca en una disputa directa con Milei, mientras el peronismo todavía tiene pendiente la tarea de construir una propuesta que trascienda nombres y pueda convertirse en una alternativa concreta de gobierno.

Otro estudio, realizado por la Universidad de San Andrés, ubica a Kicillof con una imagen positiva del 36%, por encima de Milei, que alcanza el 33%. Detrás aparecen Cristina Kirchner, con el 28%; Juan Grabois, con el 27%; Juan Schiaretti, con el 24%; Máximo Kirchner, con el 20%; Natalia de la Sota, con el 16%; Miguel Ángel Pichetto, con el 10% y Sergio Uñac, con el 9%.

El problema que más preocupa a Milei: los jóvenes

Más allá de los nombres y de las futuras candidaturas, existe un dato que debería encender todas las alarmas en la Casa Rosada: la pérdida de apoyo entre los jóvenes, justamente uno de los sectores que resultaron decisivos para el triunfo de Milei en 2023.

Un trabajo del Índice de Confianza de la Universidad Torcuato Di Tella muestra que la confianza entre las personas de 18 a 29 años cayó un 23% respecto de junio y quedó en 1,68 puntos, el registro más bajo entre todos los grupos etarios relevados.

La caída adquiere todavía mayor importancia porque el Índice de Confianza del Gobierno también retrocedió: bajó un 6,5% en julio, hasta los 1,94 puntos, y acumuló una contracción interanual del 21%.

Los jóvenes, que inicialmente aparecían entre los sectores que mayor confianza depositaban en el Gobierno, terminaron julio ubicándose precisamente en el último lugar.

Otros estudios muestran un deterioro todavía más profundo.

Según el Instituto Universitario CIAS, el 75% de los jóvenes consultados considera que la economía empeoró durante los últimos doce meses. Apenas el 8% cree que la situación mejoró.

La crisis también se refleja en la vida cotidiana. El 60% aseguró que durante 2026 su hogar tuvo que reducir el consumo o los gastos en distintos rubros. Además, el 57% afirmó que en su hogar debieron pedir dinero prestado o tomar un crédito para afrontar gastos cotidianos.

El dato más preocupante es que el endeudamiento no se limita al sistema financiero: el 68% recurrió a familiares o amigos y el 39% a prestamistas del barrio.

Y cuando la pregunta deja de ser económica y pasa al terreno electoral, el panorama resulta todavía más incómodo para el oficialismo: el 67% de los jóvenes consultados afirma que votaría al peronismo, mientras apenas el 25% se inclinaría por La Libertad Avanza.

Otro estudio, de Trespuntozero, señala que Milei actualmente conserva apenas a uno de cada tres jóvenes que lo apoyaron en 2023. La principal razón del alejamiento sería, precisamente, la difícil situación económica que atraviesan.

Por su parte, CB Global Data estima que Milei perdió un 30% de los jóvenes que inicialmente lo respaldaron. El resto continúa acompañándolo, pero existe un dato todavía más importante: quienes no votaron por él en 2023 continúan rechazándolo.

Una alarma que ya no pueden apagar a los gritos

El problema para Milei no es solamente que algunas encuestas comiencen a mostrar a Kicillof disputándole el liderazgo electoral. El verdadero problema es que el desgaste empieza a atravesar a uno de los sectores sociales que había sido fundamental para construir su victoria: los jóvenes.

El Gobierno puede intentar disimular los números, cuestionar a las consultoras o responder con nuevos discursos encendidos. Pero hay una realidad que no se puede esconder detrás de los gritos: cuando una familia debe endeudarse para llegar a fin de mes, cuando se reduce el consumo y cuando los jóvenes sienten que su futuro empeoró, la política económica deja de ser una discusión de especialistas y pasa a convertirse en una experiencia cotidiana.

Milei puede seguir gritando, insultando y denunciando enemigos imaginarios. Pero mientras más levanta la voz, más evidente queda que algo está cambiando debajo de sus pies.

El problema del Presidente ya no es solamente quién puede enfrentarlo en 2027. El problema es que, mientras él se encierra y se altera, una parte cada vez mayor de la sociedad empieza a buscar una alternativa. Y en ese nuevo escenario, Kicillof ya dejó de mirar la carrera desde atrás: ahora corre a la par.

 

 

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