
Las decisiones de los gobiernos también expresan una mirada sobre la historia y sobre los símbolos que representan la identidad de un pueblo. Mientras el presidente Javier Milei retiró el sable corvo del General José de San Martín del Museo Histórico Nacional —donde podía ser apreciado por miles de argentinos— para devolverlo al ámbito militar, el presidente colombiano Gustavo Petro resolvió que la espada de Simón Bolívar abandonara el Palacio de Nariño y regresara a la Quinta de Bolívar para preservarla ante la inminente llegada al poder de un gobierno de extrema derecha.
Petro explicó la decisión a través de su cuenta en la red social X: “La espada sale hacia la Quinta de Bolívar en ostracismo. El 7 de agosto termina la independencia nacional de Colombia”. Junto al mensaje difundió un video donde se observa el traslado de la espada bajo una estricta custodia de la Guardia Presidencial por las calles de Bogotá.
El mandatario colombiano agregó: “La espada de Bolívar volverá a brillar cuando conquistemos la segunda independencia nacional”, dejando en claro su preocupación por el rumbo que, a su juicio, tomará Colombia con el próximo gobierno, al que acusa de profundizar la dependencia política y económica respecto de Estados Unidos.
La espada de Bolívar tiene un enorme valor simbólico en la historia reciente de Colombia. En 1974 fue sustraída por el movimiento guerrillero M-19, del que Petro formó parte durante su juventud, y permaneció oculta hasta que fue devuelta en 1991 como parte del proceso de paz. Ya como presidente, Petro decidió exhibirla en el Palacio de Nariño como emblema de la soberanía y de la independencia latinoamericana.
En la Argentina ocurrió un recorrido inverso. En 2015, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner dispuso que el sable corvo de San Martín volviera a exhibirse en el Museo Histórico Nacional, luego de haber permanecido durante décadas bajo custodia militar desde que la dictadura de Juan Carlos Onganía ordenara retirarlo del museo. De esa manera, el histórico sable regresó al patrimonio público para que pudiera ser contemplado por todos los argentinos.
Estos hechos remiten a una historia compartida en América Latina. En un episodio del podcast La Patria Sublevada se analizan dos acontecimientos protagonizados por jóvenes que enfrentaron regímenes de injusticia: el histórico robo del sable de San Martín por parte de la Resistencia Peronista y el de la espada de Bolívar por el M-19. Dos episodios ocurridos en países distintos, pero atravesados por un mismo significado político y simbólico, cuyo desenlace fue completado décadas más tarde por Cristina Fernández de Kirchner y Gustavo Petro.
Los símbolos nunca son neutrales. Mientras Petro protege una espada que representa la emancipación latinoamericana, Milei prefiere esconder el sable del Libertador del alcance del pueblo. Porque cuando un gobierno le da la espalda a la historia, también empieza a renunciar al proyecto de Nación que esa historia representa.
