Mientras Donald Trump vuelve a meterse en el conflicto por las Islas Malvinas y asegura que existe un “desastre potencial” que pretende “resolver”, el gobierno de Javier Milei enfrenta una pregunta cada vez más incómoda: ¿dónde está el oro de los argentinos?
Trump, que durante su visita a Irlanda también volvió a hablar de una eventual “Irlanda unida”, provocó nuevas tensiones con el gobierno británico. En el caso de Malvinas, sus declaraciones abrieron nuevamente un escenario de especulaciones sobre los intereses de Estados Unidos y Gran Bretaña en el Atlántico Sur.
En paralelo, Milei, después de repetir durante años que “no hay plata” para los jubilados, los trabajadores, la educación o la salud pública, decidió avanzar en millonarias compras de equipamiento militar a Estados Unidos. A esto se suma el decreto que dispone una inversión inicial de US$142 millones para reactivar trabajos en la Base Naval de Ushuaia, una obra cuyo costo total rondaría los US$400 millones.
El contraste resulta difícil de ignorar: mientras buena parte de los argentinos tiene dificultades para llegar a fin de mes, el Gobierno destina recursos crecientes a cuestiones vinculadas con la defensa y mantiene bajo un fuerte hermetismo la información sobre el destino de parte de las reservas de oro del Banco Central.
¿Dónde está el oro?
El Banco Central trasladó parte de sus reservas de oro al exterior durante 2024, bajo un fuerte hermetismo. Su presidente, Santiago Bausili, fue cuestionado posteriormente en el Senado y sostuvo que el oro se encontraba en Suiza. Sin embargo, la información que trascendió posteriormente señala que parte de esas reservas podría encontrarse en Londres.
El problema no es solamente el lugar donde se encuentran los lingotes. El verdadero interrogante es por qué el Gobierno mantiene semejante nivel de secreto sobre un activo que pertenece al Estado argentino y cuál es exactamente su situación jurídica y financiera.
Bausili había afirmado que las auditorías correspondientes a los envíos de oro realizados durante 2023, 2024 y 2025 habían sido completadas sin objeciones. Pero la Auditoría General de la Nación (AGN) cuestionó esa afirmación y sostuvo que el propio Banco Central le impidió acceder a documentación clave relacionada con los traslados. Por esa razón, el organismo señaló que todavía no había concluido el análisis necesario para confirmar la trazabilidad de esas reservas.
La situación derivó además en una denuncia judicial presentada por la senadora Juliana Di Tullio y el senador Martín Soria, quienes acusaron al titular del Banco Central de haber mentido y promovieron una denuncia por presunta malversación de caudales públicos y abuso de autoridad.
Di Tullio sostuvo que, según información a la que pudo acceder, el oro estaría depositado en el Bank of England, en Londres. La senadora cuestionó especialmente que reservas pertenecientes a los argentinos pudieran estar bajo custodia del país que ocupa las Islas Malvinas.
El antecedente venezolano
La preocupación no es menor. Merece recordarse el antecedente de Venezuela, que tenía alrededor de 31 toneladas de oro depositadas en el Banco de Inglaterra, valuadas entonces en unos US$1.000 millones. Esas reservas fueron objeto de una disputa judicial y terminaron embargadas por decisión de la Justicia británica, en el marco del conflicto político entre el gobierno de Nicolás Maduro y el opositor Juan Guaidó.
Por eso, si finalmente se confirmara que parte del oro argentino se encuentra efectivamente en Londres, el escenario adquiere una dimensión especialmente delicada.
No se trata de afirmar que el oro va a ser embargado ya. Se trata de advertir sobre un riesgo que debería ser explicado públicamente por el Gobierno, mucho más en un momento en que la relación con Gran Bretaña vuelve a estar atravesada por la cuestión Malvinas.
Un gobierno que juega con fuego
Argentina tiene un reclamo histórico e irrenunciable sobre las Islas Malvinas. Que el Gobierno haya decidido trasladar reservas de oro al exterior y que ahora exista información contradictoria sobre su ubicación plantea una pregunta elemental: ¿quién tomó la decisión, bajo qué condiciones y qué garantías tiene la Argentina sobre esos activos?
El Gobierno libertario parece haber quedado atrapado en una contradicción difícil de explicar. Por un lado, Milei reivindica ahora con fuerza la cuestión Malvinas; por el otro, según la denuncia y la información conocida, parte del oro argentino podría encontrarse precisamente en territorio británico.
Y mientras Trump interviene en la disputa y habla de “resolver” el conflicto, crecen las preguntas sobre cuáles son realmente los intereses de Estados Unidos en el Atlántico Sur.
La cuestión no admite silencios ni explicaciones a medias. El oro es de los argentinos y el Gobierno tiene la obligación de decir dónde está, en qué condiciones se encuentra y qué riesgos existen.
Porque una cosa es custodiar las reservas fuera del país con garantías jurídicas y financieras claras. Otra muy distinta es que el oro argentino termine en Londres mientras Milei descubre de golpe que las Malvinas son argentinas.
Y si el Gobierno pretende presentarse como defensor de la soberanía nacional, tendrá que empezar por responder una pregunta tan simple como incómoda: ¿por qué el oro de los argentinos está, o podría estar, en manos de quienes ocupan nuestras Malvinas?
